Razones y pasiones

¡Son los otros!

Por. Dr. Eleazar Ontiveros Paolini

Hay que buscar enemigos a quienes cargarles en sus espaldas las culpas de los problemas, decía  Gobbel, miembro de la cabecilla nazi. Heredero del  desvarío  de tan importante miembro de la dirigencia del nazismo, el régimen ha avenido culpando del deterioro del país al saboteo de los EEUU, a la burguesía colombina, a los miembros del grupo de lima, a lo cual agregan los supuestos destrozos que como terroristas, causan sus enemigos en Venezuela, pretendiendo llevar el país a la desestabilización.

Es inconcebible, dicen con desfachatez, que se pueda atentar contra el gobierno “pulcro”  y “revolucionario” de un país, encaminado como nunca antes había sucedido, a la indetenible búsqueda de un hombre nuevo, al cual no debe importarle la satisfacción de los bienes materiales, sino poseer los criterios políticos que le permitan vislumbrar, sin saber cuándo se dará tan milagrosa “concreción”, un mundo en que la igualdad y por ende el egoísmo y las pretensiones individuales serán dejadas de lado, para que todo sea resuelto por el Estado, que como padre fraternal omnímodamente poderoso, posee las formas, aunque no se lo hayan permitido los burgueses y derechistas, para organizar, sin excluidos, los procesos sociales, en los cuales no habrá ningún tipo de injusticia, y no se volverán a ver enriquecimientos como esos de los que gozan los explotadores, los exprimidores de la sangre del pueblo. Tal radical obcecación ideológica, es lo que le permite a muchos analistas considerar que por la vía civilizada, sustentada en tener conciencia del inocultable deterioro del país, es deseable, pero difícil de lograr concreciones deseadas por efecto del diálogo.

Son hermosas declaraciones que podrían llevar por lo menos a la beatificación a quienes “las pronuncian”, hasta que nos damos cuenta de que actúan de manera tal que no viven de acuerdo a lo que ofrecen, pues se enriquecen por efecto de la corrupción, en forma similar a como engordan las garrapatas al succionar la sangre de humanos y animales. Esa “acomodación” masificadora, solo puede hacer del hombre un objeto. Los empeñados en tan ilusoria idea,  se han visto en la necesidad de imponerse con base al terror, la prebenda, la enajenación, la guerra verbal, las descalificaciones y el uso truculento de las elecciones. Pero no hay que desesperarse -eso psicológicamente no es conveniente-. No hay fuerza capaz de impedirle al hombre poner en juego los procesos reflexivos  y creativos con los cuales desarrollamos las actividades mentales superiores: análisis, comparación, generalización y evaluación, que de por si nos hace contestatarios.

Esto último no es nada nuevo, Pico de la Mirandola aseguraba que “La grandeza del hombre del renacimiento consistió en “…llegar a entender que debía tener el derecho a la discrepancia, a la libertad religiosa y cultural y al crecimiento personal a partir de las diferencias” ¿No es acaso el respeto a esos principios lo que ha permitido a muchas naciones alcanzar un sustancial desarrollo, basándose en que positivamente las diferencias estimulan la competencia? ¿Y no lleva esta, a su vez, a la producción, el trabajo, la industrialización, el intercambio justo a las invenciones y descubrimientos, sustentados en el discernimiento autónomo que determina la conformación de un conjunto de normas que orientan las formas de pensar, sentir y actuar?

Pero los obcecados dueños del régimen son incapaces  de entender que la política es el arte de conocer las realidades y actuar sobre estas para lograr modificaciones que resuelvan los problemas que se objetivan. Y por supuesto, en el problema se incluye el hecho de que inexorablemente la satisfacción de necesidades genera ascendente mente nuevas necesidades, por lo que la apreciación de la realidad es un continuum, que implica nuevos procedimiento, nuevas decisiones y nuevas actitudes. ¡Lo estático no es posible!

Las dictaduras tratan de poner un velo a esas verdades., utilizando artificios, en especial las dádivas, la limosna que humilla, delegaciones aparentes del poder, conformación de seguidores con “gríngolas”, sirvientes, pero no colaboradores  Se da la actitud sostenida de que las cosas deben hacerse como la patota gubernamental lo dice, llegando  incluso a extrañar de sus filas, aun cuando sean incondicionales, a quienes tengan el atrevimiento de sugerir alternativas para lograr algo mejor que lo que existe o pretende hacerse sin sustento.

Nuestro “presidente” como cabeza, a lo mejor no, del régimen, es el que manifiesta más obcecación. Navega en nubes de delirio, inventa atentados,  guerras, enemigos traídos de los cabellos, estigmatiza a gobiernos legítimos que no están de acuerdo con el régimen. Todo por mantener como principio ideológico completamente válido, en absurdo del llamado “Materialismo Histórico” en cual asegura que la historia tiene leyes inmutables y que después de superar algunos aspectos intermedios, la sociedad evolucionará hacia la dictadura del proletariado. Pero a veces esconden que uno de los aspectos intermediarios incluidos, es la necesidad previa de alcanzar “un capitalismo maduro”.

Se trata de privilegiar las fuerzas  impersonales de la historia, con la traba de que no pueden hacer desaparecer el valor de las fuerzas personales, la posibilidad del individuo de incidir en la historia y acelerarla y la inmutabilidad de los procesos con la libertad y voluntad de los individuos.

Creemos que lo dicho demuestra la inviabilidad de un gobierno amarrado a tales concepciones, causa por la cual es débil y derrotable, siempre y cuando comprenderlo incite a la acción, a la oposición militante.

Dr. Eleazar Ontiveros Paolini

Vicepresidente de la Academia de Mérida

Nota: La Academia de Mérida no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor o autores de este artículo.


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