Discurso de Respuesta pronunciado por el Dr. Rosendo Camargo Mora, Individuo de Número de la Academia de Mérida, durante el acto de incorporación como individuo numerario del Dr. Roberto Úcar Navarro, realizado el 21 de abril de 2021.

He aceptado gustosamente la designación para dar respuesta al discurso del Doctor Roberto Ucar Navarro,  en su ascenso a Numerario de esta Academia, al Sillón Número 17, con el orgullo que siente un  amigo al publicar los méritos del presentado, máxime cuando al evaluar su producción de conocimientos, nos nutrimos con sus  enseñanzas por ser afines a nuestra disciplina.

Quizás debía iniciar mi disertación, leyendo  su historial de estudios, publicitando sus pre-mios y reconocimientos, inventariando sus obras, pero eso, en forma resumida, ya ha sido estampado en el pergamino donde constan los considerandos de esta Academia para otorgar su promoción al sillón 17.

También, sería muy apropiado, pregonar la calidad de sus conocimientos, su utilidad y compromiso con el País, pero más que la elocuencia de mis palabras, dice el hecho de haber sido postulado y aceptado como miembro de la Academia de Ingeniería y Habit de Vene-zuela en el año 2011, donde ocupa el sillón número uno.  Allí fue recibido por el  Dr Franco Urbano, quien inició su discurso de aceptación, rememorando sus tiempos de estudiante en la Universidad Central de Venezuela:

Cito “Conozco al Ing. Úcar Navarro desde nuestros tiempos de estudiantes de la Escuela de Geología, Minas y Metalurgia de la Facultad de Ingeniería de la Ilustre Universidad Central de Venezuela, él en la carrera de Ingeniería de Minas y yo en Geología. Se graduó en 1971 de Ingeniero de Minas. Luego se incorpora al Ministerio de Minas e Hidrocarburos, entonces una verdadera escuela para iniciarse en el ejercicio de la profesión. En 1973 obtiene una beca para cursar estudios de postgrado en la especialidad de mecánica de rocas y voladuras en la Universidad de Missouri en Rolla, Estados Unidos de Norteamérica, culminando con el grado de Master of Science en 1975. A su regreso a la patria, es contratado como profesor de mecánica de rocas y diseño de voladuras de rocas en la Escuela de Geología y Minas de la Facultad de Ingeniería de la U.C.V., desempeñándose también como Jefe del Departamento de Minas en forma muy acertada y diligente.”

Me enlazo a esa presentación y me ubico en 1976: imagino un joven ingeniero de treinta años, con pocos de casado, preparado para leer en el paisaje, la historia del suelo que lo enmarca y decirnos con certeza, cuando fue fondo del mar lo que ahora es pico nevado. Nos podría hablar de sus heridas, ubicadas por las cicatrices de sus fallas. Nos contará de lagos con placidas aguas, que un día no reseñado por la historia, rompieron sus represas y araña-ron su piel con surcos profundos para dejar constancia de su acontecer. Podrá alertarnos sobre la inestabilidad de los flancos de sus montañas  y ponderar la dureza del granito que protege la inviolabilidad de sus entrañas.

También conoce la ciencia de los hombres, del cartucho de dinamita, de los disparos programados que se suceden uno tras otro, como golpes de ariete que destruye las corazas y abren camino hacia las entrañas de la tierra, en búsqueda de tesoros o de salidas para acor-tar las distancias.

Este año cumple medio siglo de vida profesional, concordantes con su ascenso al sillón 17 de esta Academia Emeritense. Coincidencia en la cadena de sucesos de su vida, merecidos pero no programados. Estos logros se deben a su inteligencia, a su constancia y quizás a su intuición, que son atributos necesarios pero no suficientes, como posiblemente lo diría por su afición a las matemáticas aplicadas, que las utiliza profusamente en sus publicaciones para explicar y modelar sus hallazgos en el campo de la geotecnia, pero que no significarían nada sin las oportunidades que le brindó la vida y la manera como las aceptó su razón y su  subconsciente… y en ese campo hay algo de predestinación, de misteriosa causa, tan oculta que frecuentemente la denominamos casualidad.

Hace tres años, presenté en esta tribuna mi investigación sobre la existencia de la iglesia de la Virgen del Pilar de Mérida que se inició a raíz del asesinato del Dr. José Modesto Meler, primer Oidor aragonés en América, nacido en Tamarite de Litera del reino de Aragón, en 1610 y muerto en Timotes en 1656, posiblemente envenenado por uno de los encomenderos. Ya moribundo, dispuso un aporte monetario para la construcción de ese templo y una petición para que sus restos los depositaran allí, cuando se terminara su construcción. Al terminar el acto, el Dr. Roberto Ucar, sorprendido, me contó que su abuelo fue Alcalde de Tamarite de Litera y arriesgó varias veces su vida para salvar gente que huía de la persecución de las tropas franquistas. Por ese camino de los Pirineos, se salvaron muchos aragoneses, entre ellos su padre, que pasó a Francia y con el tiempo casó con otra migrante española, por lo que nace en suelo francés.
Ahora, cuando diariamente recibimos noticias de los migrantes venezolanos, nos es fácil imaginar la situación de una joven pareja con una hija y el próximo advenimiento del varón y adivinar sus sentimientos hacia un lejano país suramericano que les ofrece un futuro. Creo, sin haberlos conocido, que el nombre de Venezuela debió estrujarles el alma, cuando su bebé, por su corta edad, fue registrado en la Guaira como venezolano por nacimiento. Hijo de españoles, nacido en Francia y con primera nacionalidad venezolana, inusual gesto del destino que seguramente, infiltró en su subconsciente el agradecimiento de sus padres.

La Escuela, el Liceo y el Beisbol, y luego los traslados diarios en buseta por la Autopista Caracas la Guaira para asistir a clases en la Escuela de Ingeniería de Minas de la UCV,  con  paradas mañaneras y pacientes colas en las tardes, reafirmaron ese sentido de pertenencia a esta tierra.

En las aulas ucevistas conoce una joven caraqueña, de raigambre merideña, bautizada con el nombre Venezuela, por recomendación de su tío merideño.  Nuevo guiño del destino. Se casan y parten hacia el Norte para realizar sus estudios de maestría en la especialidad de mecánica de rocas y voladuras y luego regresa como docente a la Universidad  Central. Por su especialidad, es requerido para planificar y ejecutar las voladuras del primer tramo de la vía de la Autopista Caracas-Guarenas. Por lo inusual de las obras y el asombroso espectáculo del desencadenamiento de energía que representaba tal acción, acudieron numerosos ingenieros y entre ellos, el Director de la Oficina para la carretera Mérida-El Vigía que ocasionalmente se encontraba en Caracas. Después de las merecidas felicitaciones, posiblemente lo sondearon para trabajos similares a realizarse en la lejana Mérida, encerrada entre la abrupta topografía de los Andes. Ciudad de paisajes, con un clima envidiable y una vida tranquila, que contrastaba con el agite caraqueño, pero ya existían vínculos laborables con la Universidad Central y su vocación de docente  le impidió desprenderse de ella.

Pero Mérida lo necesitaba y las gestiones del Ingeniero Director de la Oficina, encontraron el camino para que mediara un acuerdo entre las Universidades que permitiera el traslado temporal por un año, del Ingeniero Roberto Ucar como docente de Mecánica de los Suelos en la Escuela de Ingeniería Civil de la ULA y allí aplicar sus conocimientos en campos conexos de la Geotecnia, como sería las fundaciones para edificios, los terraplenes de carreteras y el estudio de la roca artificial que llamamos concreto. En ese asesorar en la construcción de la carretera Mérida El Vigía, ayudó a vencer el poderoso Rio Chama, que en épocas de crecida desestabilizaba los puentes y aislaba la ciudad, cuando facilitó la colocación de pilotes profundos, excavados a través del pedregoso y duro lecho del  río, que se resistía a ser removido, agujereando su fondo con explosiones controladas. Con esta técnica, se  estabilizaron los puentes y desaparecieron de la memoria de cuentas de gobierno, el ritornelo de las quejas por el agotamiento presupuestario, causado por la reparación de los puentes, que se producía desde la época del Gral. Esteban Chalbaud Cardona, bisabuelo de la esposa de Ucar y padre de Eloy Chalbaud Cardona, autor de la Historia de la Universidad de los Andes, quien fue el tío que sugirió el nombre Venezuela para ella.

Vivimos sobre una gran meseta, elevada cientos de metros sobre el Chama, medida topográficamente y plasmada en un mapa, por primera vez en 1856 por el médico-ingeniero Gregorio Méndez y si confiamos en su exactitud, el borde del talud Sur de la Meseta se habría derrumbado, desde esa fecha hasta nuestros días, retrocediendo más de cien  metros,  por estar conformada por un suelo granular y no rocoso, que se ha ablandado por los drenajes  improvisados de nuestro urbanismo. Por eso, en algunos sitios se han requerido pantallas atirantadas, que consisten en colocar un peto sobre la cara del talud, anclado profundamente en el mismo, que fueron  proyectadas por el Dr. Ucar.

Esta ciudad, desde su fundación ha anhelado ser costa de lago y puerta de llano para vincularse con el País, pero se ha frustrado en sus intentos por el formidable obstáculos del cerco de sus montañas, las cuales habría que horadar, concienzudamente, para llegar al Sur del Lago de Maracaibo y a las dehesas del Llano de Barinas, sin que ello representara riesgo alguno para los futuros usuarios. Para eso, hoy el Dr. Roberto Ucar nos presenta nuevos avances en su libro “LA RESISTENCIA AL CORTE EN MACIZOS ROCOSOS Y EN EL HORMIGÓN.UNA METODOLOGÍA RECIENTE DE CÁLCULO” que es el fruto de veinticinco años de dedicación, que conocimos parcialmente cuando se incorporó a esta Academia. Es un libro denso de 433 páginas que resume el progreso de sus investigaciones y la formulación correspondiente para calibrar la resistencia de los macizos rocosos.

A lo ancho del mundo hay numerosos investigadores interesados en el tema que hasta ahora se había tratado con la aproximación Mohr Coulomb, que supone recta la envolvente de los círculos de Mohr de los esfuerzos de falla, a pesar que los especialistas están conscientes de que tal aseveración, se desvía de los valores medidos en los laboratorios, pero que por simplicidad, la han aceptado como un criterio de falla aproximado para las rocas. Sin embargo dicha aproximación ha sido mejorada con recientes formulaciones de Hoek y Brown, desarrollada a lo largo treinta años, con modificaciones que tratan de adaptarla a casos estudia-dos que difirieron de las predicciones del método. Ahora, el Dr. Ucar ha batallado por largo tiempo, con constancia infinita, en búsqueda de la expresión matemática que se aproxime mejor a la imagen obtenida en los laboratorios, hasta que logró compaginar estos resultados con una fórmula cuadrática, en la cual el foco de la parábola, se determina a partir de los esfuerzos de rotura, a compresión y tracción en el laboratorio, afectándolos por los factores de agrietamiento de la roca y establecer así, un sencillo proceso de cálculo que ha denominado “Procedimiento del Foco” que al ser valorado por el especialista en Geodinámica Interna , Dr. Andrés Pocoví Juan, profesor titular emérito  de  la Universidad de Zaragoza y actual Académico numerario de la Real Academia de Ciencias de Zaragoza desde el 2019, con más de 140 publicaciones especializadas, concluyó que: “ El desarrollo del nuevo criterio de rotura permite predicciones más ajustadas que las basadas en el criterio de Hoek y Brown.”

Dr. Roberto Ucar Navarro, hoy me ha correspondido responder su discurso, cuando asciende a Numerario de esta Academia. Casualmente, tuve el mismo privilegio al recibirlo como miembro Correspondiente Estadal de la misma, y aún más, cuando Ud. inició sus ascensos en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, fui uno de sus jurados. Casualidades, adicionales a las que a Ud. lo trajeron a Venezuela y a Mérida,  que me han llevado a conocer mejor su personalidad, su disposición para servir, su dedicación y persistencia y su acendrado amor por esta tierra donde el destino quiso que desarrollara sus conocimientos y enraizara su familia.

Dr Roberto Ucar Navarro, en el existir de la humanidad, cada uno de nosotros representa un eslabón de la larga cadena del tiempo. Nuestro ciclo es corto pero su concatenación representa el progreso. Ud. ha alargado su eslabón a una dimensión mayor al crear nuevo conocimiento, por eso quiero felicitarlo en nombre propio y en el de los colegas académicos por su brillante vida profesional y por su merecido ascenso a Numerario de esta Institución, a la que seguramente, seguirá dando lustre con sus futuros aportes.

Señores

Acad. Dr, Rosendo Camargo Mora, Individuo de Número, Sillón 14.

Mérida, 21 de abril 2021.

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