Por: Dr. Ricardo Gil Otaiza, Individuo de Número, Sillón No.5

No tiene ningún sentido ir andando a

ningún lugar a predicar, a no ser que

nuestro modo de andar sea nuestra

predicación.

SAN FRANCISCO DE ASÍS

Conocí al Dr. José Rafael Prado Pérez en el año 2004, cuando la vida nos conjuntó en el salón de posgrado de la Facultad de Farmacia y Bioanálisis de la Universidad de Los Andes, siendo yo su decano, ya que ambos nos disponíamos, con toda la tensión del mundo, porque el lugar estaba a reventar, a la defensa de nuestras respectivas tesis doctorales. Primero presentó él, y al final de la tarde lo hice yo. A partir de entonces nos saludábamos con camaradería cuando coincidíamos en algún acto o espacio de la universidad pero, qué duda cabe, el destino tenía cifrados para nosotros caminos encontrados.

En el 2008, y por azares del destino, me enteré de que mi compañero de estrés doctoral se encargaba como Coordinador General de la Extensión Universitaria “Valle del Mocotíes”, a propuesta del entonces Vicerrector Académico, Dr. Humberto Ruiz Calderón, finalizando ya su gestión, quien fuera por cierto miembro del jurado de su tesis doctoral. Y la noticia me alegró, cuestión que le hice saber una vez que nos encontramos en el edificio del rectorado. En marzo del 2013 ingresa el Dr. Prado como alumno formal de la primera cohorte del Programa de Estudio Posdoctoral Gerencia para el Desarrollo Humano, inédito en su estilo en nuestra universidad, que creé y coordiné, con el acompañamiento de los muy respetados colegas y amigos, doctores J. Mauro Briceño y Gladys Becerra Depablos, y egresamos a treinta y cinco doctores en dos maravillosas cohortes de muy grata recordación para todos. Lamentablemente, fuerzas no tan ocultas desde el interior de la propia universidad, pugnaron para que dicho programa cesara en sus actividades, dejando por fuera a decenas de colegas de acá, de otras regiones del país y del extranjero, quienes habían manifestado su intención de tomarlo gracias al prematuro prestigio que el programa había suscitado. ¿Envidias, rivalidades, mezquindades? No lo sé. Tal vez la amalgama de todo. 

Como es lógico suponer, mi amistad con el Dr. Prado se fortaleció durante aquel año de elevadas exigencias académicas dentro del Programa, y el aprecio que ya le tenía para entonces se transformó en inmenso cariño. Dos años después, es decir, en marzo de 2015, y por iniciativa del Dr. Prado y de algunos expertos de PLANDES y DSIA (entre quienes resalta la amiga personal y de esta Academia, la Arquitecto María Eugenia Febres Cordero), la Extensión Universitaria es elevada a Núcleo Universitario Valle del Mocotíes, y su condición de Coordinador General pasó a ser la de Decano Vicerrector de Núcleo. Comenzó así para Tovar y para el Núcleo un despliegue frenético de actividades académicas y científicas, que muy pronto lo llevaron a concretar nuevas carreras y estudios de posgrado. Especialidades, maestrías y doctorados fueron muy pronto novedosas ofertas para los jóvenes de Tovar y de los pueblos cercanos (Bailadores, Santa Cruz de Mora, Zea, zona panamericana, y otros), quienes vieron espléndidos horizontes para su formación y para su ascenso social por la vía de los estudios de posgrado.

En el ínterin, fui invitado en varias oportunidades por el Dr. Prado Pérez para el dictado de conferencias en distintos eventos (jornadas, congresos,  encuentros académicos), cuestión que me permitió conocer de cerca la intensa labor de nuestro nuevo Individuo de Número, quien no daba descanso ni reposo a su cuerpo ni a su espíritu en la consecución de tales sueños y anhelos académicos. Y si para eso tenía que reinventarse, pues lo hacía. Sé, de parte de terceros, que cuando la crisis nacional apretó (escasez de gasolina, hiperinflación, pérdida del transporte público, etc.) el colega Prado tenía que ingeniárselas para poder llegar hasta el Núcleo. Si bien muchas veces lo hacía con su propio vehículo, otras tantas tenía que echar mano de los pocos recursos de transporte con los que contaba: trole, motocicletas, aventón de parte de amigos y conocidos, y paremos de contar. Es más, en alguna oportunidad, y debido a tales peripecias, sufrió los embates del hampa apostada en la zona.

De más está decir que cada una de mis participaciones en el Núcleo, estuvieron signadas por una cordialidad extraordinaria, por la alegría y el entusiasmo contagiosos, por un despliegue de ingenio y de pasión, y tales encuentros se quedaron grabados en mi ser por representar muestras fehacientes de lo que se puede alcanzar, muy a pesar de las dificultades, cuando hay empeño y disciplina. Como anécdota puedo contar acá, que en una de mis visitas se fue la luz en el Núcleo, cuestión que no es de extrañar en nuestro contexto, y pudo el Dr. Prado tirar la toalla, presentarnos disculpas a los ponentes y declarar que el evento se suspendía porque el corte de luz sería de cinco o de seis horas (y tal decisión estaba justificada), pero en lugar de esto (y sin que nadie notara su tribulación) gestionó con uno de sus asistentes, y en menos de media hora llegó al Núcleo una planta eléctrica de mediano tamaño, transportada por uno de los profesores en su propio vehículo, lo que nos permitió la normal prosecución de las jornadas académicas y su indiscutible éxito.

Recuerdo haber compartido pódium en algunas de aquellas visitas que hice al Núcleo con los doctores Ricardo Rafael Contreras y Jonás Montilva Calderón, reconocidos miembros de esta corporación, así como con otros colegas profesores de la ULA del Núcleo Mérida, y de otras instituciones universitarias que hacen vida en el estado.  

En el 2016, consciente de la amplia hoja de vida del Dr. Prado, de sus ingentes aportes a la universidad y de su impecable y fructífera labor frente al Núcleo del Valle del Mocotíes, amén de sus múltiples publicaciones y de los numerosos reconocimientos recibidos, propuse al seno de la Academia de Mérida su incorporación como Miembro Correspondiente Estadal en el Área de las Artes, las Letras, las Humanidades y las Ciencias Sociales, cuestión que se hizo realidad la tarde del miércoles 27 de julio 2016, siendo recibido por el Dr. Alfonso Osuna Ceballos, y estando yo a la cabeza de la institución, así como el Dr. Eleazar Ontiveros en la Secretaría.

En las elecciones del año siguiente (2017), su nombre fue incluido para ir como candidato a la Secretaría de la Academia, obteniendo el apoyo de la mayoría, por lo que a partir de entonces ejerció el cargo en mi segunda presidencia con disciplina e idoneidad. En las elecciones del 2019 su nombre fue propuesto para continuar en el cargo, pero en esta oportunidad siendo presidente el colega Dr. Ontiveros Paolini, y así hasta el día de hoy.  

Cinco años después, es decir esta tarde, acompañamos al Dr. Prado en su incorporación como Individuo de Número Sillón 21, puesto que quedara vacante al fallecer el recordado colega y amigo Dr. Darío Antonio Novoa Montero. Créanme, es sincretismo y complejidad, no es casualidad: asume el Dr. Prado el sillón dejado por el querido Dr. Novoa, quien tanto amara a Tovar, y cuya inmensa obra sobre el periodismo de la Sultana del Mocotíes le hacía tanta ilusión publicar, y que aguarda por mejores tiempos para una digna edición en varios tomos. Y lo digo muy a propósito del título del discurso leído esta tarde por el nuevo numerario: Pasado, presente y futuro del Núcleo Universitario “Valle del Mocotíes” de la Universidad de Los Andes, en el que expone con metódica precisión, las diversas etapas que se cumplieron desde 1969, cuando se dio inicio a los trámites legales, hasta casi cuarenta años después, cuando se hizo realidad la anhelada Extensión Universitaria, y luego el Núcleo.

Si bien la concreción del viejo sueño de los tovareños de tener una rama de la ilustre Universidad de Los Andes en su seno, fue una labor de conjunto, orquestada por eximios hombres y mujeres que anhelaban un destino mejor para tan bendecida tierra, no me cabe la menor duda de que la impronta del Dr. Prado en todo este largo proceso fue determinante. Es él quien propicia el pase de la Extensión al Núcleo, es él (y su equipo de trabajo) el que conquista nuevas carreras universitarias y los postgrados, que fueron fundamentales para su consolidación. El amplio abanico de posibilidades gestionadas por nuestro nuevo Individuo de Número fue decisivo a la hora de la creación de las extensiones en Zea, Bailadores, los Pueblos del Sur y la zona panamericana, lo que compendia a su vez atávicos anhelos de sus pobladores al tener en su propio suelo espacios de excelencia para la anhelada formación universitaria de sus hijos.

La impronta dejada por el Dr. Prado en su gestión frente al Núcleo Universitario del Valle del Mocotíes, es profunda y de honda huella. El discurso que nos ha leído esta tarde no deja espacio para la duda, ni escollos para la interpretación. El Núcleo se erigió en corto tiempo en punto de encuentro de las fuerzas vivas de Tovar y de las zonas circunvecinas; en impacto traducido, no solo en profesionales o en posgraduados al más alto nivel, ya de por sí significativo y trascendente desde lo académico y lo social, sino en la pertinencia que desde diversos programas se tradujo en progreso y en desarrollo de las comunidades. Si bien desde sus inicios la Extensión trajo consigo gran expectativa en la comunidad, con el paso del tiempo se erigió en punto focal, en faro, en centro neurálgico de la vida en la zona. Empero, fue la creación del Núcleo el punto de quiebre con el pasado, al articularse desde lo educativo, lo científico y lo cultural un tríptico que ha representado impacto y profundos cambios en el Valle del Mocotíes, y en las poblaciones aledañas.

Felicito al Dr. José Rafael Prado Pérez por esta nueva meta que hoy alcanza. Sé de su alegría e ilusión por esta etapa que hoy comienza, al cerrar otra. Estoy seguro que desde su posición de miembro numerario seguirá contribuyendo con la proyección de la Academia de Mérida, que él tanto ama como a su universidad.

Enhorabuena al Dr. Prado por este merecido ascenso, y quiero expresar que es para mí muy significativo ser quien lo reciba como Individuo de Número Sillón 21, y por muchas razones, que repetiré a modo de colofón: por nuestra amistad nacida aquella lejana tarde cuando compartimos espacios en las defensas de nuestras tesis doctorales, por el cariño y por el respeto que le profeso desde entonces, porque fui yo quien lo propuso a esta corporación (y cada día me convenzo más de que fue acertada su inclusión), porque toma el sillón dejado por el Dr. Novoa, a quien tanto cariño y afecto le tuve, y quien además fue uno de los que propuso mi nombre, años ha, para que ingresara a esta honorable Academia.

Como se puede observar, todo en este caso ha sido una suerte de eterno retorno, como el que planteara Nietzsche. Idas y regresos, experiencias vividas y revisitadas a la vez. Hilos sutiles que se han tejido en los últimos años, trayendo consigo remembranzas y afectos idos. La vida en esencia concertada en disímiles tiempos y espacios. Ergo, un verdadero portento.

Con el poeta, dramaturgo y novelista francés Alfred Víctor de Vigny (1797-1863), nuestro nuevo numerario podrá hoy afirmar con contundencia: “Una vida lograda es un sueño de adolescente, realizado a la edad madura.”

Mil gracias señores.

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