Por: Dr. Jesús Alfonso Osuna Ceballos, Miembro Correspondiente Estadal de la Academia de Mérida

Doctor Carlos Guillermo Cárdenas Dávila: En respuesta a la especial distinción recibida por parte del Presidente e integrantes de la Junta Directiva de la Academia de Mérida, procederé a su presentación, y para tal finalidad recurro a su hoja de vida, en particular a su trayectoria profesional, que lo califica con base en sus méritos para su incorporación como Miembro Correspondiente Estadal de esta ilustre Institución.  

         Distinguida audiencia, me place presentar la familia del Doctor Carlos Guillermo Cárdenas Dávila. Sus padres: Guillermo Cárdenas Niño, tachirense nativo de la ciudad de Táriba. Realizó sus estudios de abogacía en la Escuela de Derecho de la Universidad de Los Andes. En el último año de su carrera universitaria Guillermo Cárdenas Niño casó con la merideña Albertina Dávila Picón. De dicha unión nació Carlos Guillermo en Mérida el 28 de junio de 1947 en la vieja casona ubicada en la Avenida 3 Independencia, a escasos metros del Edificio Central de la Universidad de Los Andes. Para aquella fecha, como lo informa el Doctor Cárdenas en su curriculum vitae, aún no se había inaugurado la Maternidad de Mérida.

            Así mismo, al igual que su padre, Carlos Guillermo sucumbió a los encantos, también de una merideña, Gladys Guillermina Avendaño Angola, con quien él casó en 1977, unión de la cual nacieron dos hijos: Carlos Luís, Abogado (ULA) y TSU en Administración, casado con Jéssica Digiammarco, licenciada en Diseño Gráfico (ULA); y María Gabriela, Licenciada en Administración y Contaduría (ULA), casada con Elís David Hernández, Odontólogo (ULA). Creció la familia de Carlos Guillermo Cárdenas Dávila y Gladys Avendaño Angola. Arropados de alegría y felicidad recibieron a sus cuatro nietas: Fabiana Lucía (14), Gabriela Andrea (5), Danna Lucía (4) y Elianna Andrea una bebé de un año de nacida (1).

            El Doctor Carlos Guillermo Cárdenas estudió las primeras letras y estudios sucesivos de la primaria en instituciones educativas de nuestra ciudad. Completó la Educación Primaria en el Colegio Jesuita “San José” de Mérida en 1959. Entre 1959 y 1960 estudió en el Liceo Militar Jáuregui de la Grita, estado Táchira, y Culminó el bachillerato en el Liceo Libertador de esta ciudad en 1963.

            Ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de los Andes en 1964 obteniendo el grado de Médico-Cirujano en 1969. A los pocos meses de su grado profesional tomó la decisión de concursar en la Universidad de Los Andes para optar al cargo como Instructor en la Cátedra de Clínica Propedéutica del Departamento de Medicina. 

            Doctor Carlos Guillermo Cárdenas, ocurren en nuestras vidas felices coincidencias como la que esta tarde  nos une, pues hace 49 años, en 1970, junto con los Profesores Doctores Eloy Dávila Celis, Abdel Mario Fuenmayor Peley, Hugo Dávila Lamus, e Isabel Delgado de Benassai, integré el Jurado designado que conduciría  las pruebas exigidas en el Concurso de Oposición para el cargo como Instructor en la Cátedra de Clínica Propedéutica, adscrita al Departamento de Medicina; en el mencionado concurso me correspondió ejercer como Jefe de dicha Cátedra. ¡Cuánta coincidencia! Mi apreciado y buen amigo.

            En nuestra amena conversación en mi casa, el pasado 20 de septiembre, usted evocó aquél momento y trajo el recuerdo de los otros dos colegas concursantes a quienes Ud., sobrepasó en las diferentes pruebas.  Particularmente, en la Prueba Docente con el tema: Accidente Cerebrovascular, demostrando ampliamente sus aptitudes como docente. Resulta curioso, pues dicho tema como es usual se elige al azar, casualmente, el mismo usted había tenido la oportunidad de revisarlo en el 4° y 5° año de la carrera de medicina mientras trabajaba como Preparador en la asignatura Clínica Propedéutica. Usted resultó ganador de ese concurso siendo acreditado como Instructor del Departamento de Medicina de nuestra Escuela de Medicina. Comienza así, en 1970 su vida académica en la Universidad de Los Andes.

            Las primeras experiencias del Doctor Cárdenas, primero como estudiante y después como médico transcurrieron en las Salas de Clínica Médica del viejo, recordado y querido Hospital Los Andes de Mérida. En años siguientes continuó Carlos Guillermo su carrera docente en el recién inaugurado Instituto Autónomo Hospital Universitario de los Andes; en aquél momento usted trabajaba como docente en la Cátedra de Semiología en su condición de Monitor de Clínica Médica del Departamento de Medicina.

            En el año 1975 ingresó a la primera cohorte del recién creado Postgrado para formar Especialistas en Cardiología, con sede en el IAHULA, posgrado acreditado por la Universidad de Los Andes, obteniendo en 1977 el grado de Especialista en Cardiología. Como era usual en aquél momento que vivía Venezuela y nuestra universidad, la institución llevaba a cabo un programa para formar a docentes e investigadores en centros de reconocido prestigio académico de la medicina. Con objetivos establecidos por la unidad docente-asistencial a la cual pertenecía el personal en formación, se otorgaba beca al Profesor en formación. Disfrutando usted la condición de becario de la ULA, viajó para realizar Maestría (Fellowship program) en Hemodinamia en el Texas Heart Institute, Hospital St. Luke Episcopal, Baylor College of Medicine, Houston USA (1977-79).

            De su muy grato recuerdo de aquellos años es la amistad que surgió y ganó para siempre con el Doctor George Inglessis Varela, primero como estudiante del Postgrado de Cardiología y posteriormente como docente e investigador del Instituto de Investigaciones Cardiovasculares. De esta amistad que perdura a lo largo de más de cuarenta años, el Doctor Carlos Guillermo, en nuestra conversación, trajo a la memoria más de veinte Congresos Internacionales a los cuales ha asistido en compañía del Doctor George Inglessis Varela, su apreciado Profesor y amigo. Presente en este acto solemne.

            El Doctor Carlos Guillermo ha ejercido diversos cargos como docente, administrativos y asistenciales  en el Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes, como Coordinador del Postgrado de Cardiología en dos periodos (15 años), Coordinador General del Consejo de Estudios de Postgrado ULA (1984-88), Vicerrector académico de la Universidad de Los Andes en dos periodos 1988-92 y 1996-2000. Presidente del Núcleo de Vicerrectores Académicos de las Universidades Nacionales y Experimentales del Consejo Nacional de Universidades -CNU- (1998-2000). Presidente de la Fundación Vicerrectores Académicos de la Universidad de Los Andes (2014-hasta el presente). Representante profesoral al Consejo de la Facultad de Medicina (dos periodos) y representante profesoral ante el Consejo Universitario de la ULA (dos periodos). Profesor titular y director del Instituto de Investigaciones Cardiovasculares, (2000-2016). Jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Los Andes (2000-2017). Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Cardiología en tres periodos (1987-89, 1995-97 y 1997-99).

            Ha publicado trabajos científicos en revistas acreditadas de su especialidad como el Journal Texas Heart Institute. Ha asistido a más de cincuenta eventos científicos regionales, nacionales e internacionales, del American College of Cardiology, la American Heart Association, de la Sociedad Venezolana de Cardiología, en el Capítulo Mérida de la Sociedad Venezolana de Cardiología y en la Sociedad Venezolana de Medicina Interna. Es Miembro titular del American College of Cardiology. Miembro titular de las Sociedades Venezolana de Cardiología, Sociedad Española de Cardiología y de la Sociedad Europea de Cardiología. Como articulista de la Columna “La Universidad Siempre” en la prensa regional (1999-2018) ha publicado más de 600 artículos de opinión sobre temas universitarios, académicos, hospitalarios, regionales y nacionales. Padrino de 17 promociones de distintas carreras universitarias (entre ellas 6 promociones médicas) en los Núcleos de Mérida, Trujillo y Táchira. Es autor de capítulos en Libros de Medicina Interna y de Cardiología.

            Una de las aficiones del Doctor Carlo Guillermo Cárdenas es la Historia y como expresión de la misma ha escrito Biografías del doctor Eloy Dávila Celis y del Doctor George Inglessis Varela, presentadas en esta Academia, en el año 2011 y 2014 respectivamente. Pendientes para publicar biografías de los Doctores Abdel Mario Fuenmayor Peley, del Doctor José de Jesús Avendaño, de Antonio Ignacio Rodríguez Picón y de Juan de Dios Picón González, así como de otras importantes personalidades de nuestra ciudad.

            El Doctor Carlos Guillermo Cárdenas Dávila ha recibido reconocimiento de varias instituciones: Medalla “Servicios Distinguidos” otorgada por la Cruz Roja Venezolana, Seccional Distrito Federal. Orden “Dr. Tulio Febres Cordero”; medalla dorada otorgada por la Asamblea Legislativa del Estado Mérida, 1991. Orden “Ciudad de Mérida”, primera clase, otorgada por la Alcaldía del Municipio Libertador el 12 de octubre de 1992. Condecoración “Bicentenaria” de la Universidad de Los Andes” (1999). Condecoración “Dr. Rafael Chuecos Poggioli” otorgada por la Universidad de Los Andes. Condecoración “16 de septiembre” primera clase, otorgada por la Gobernación del Estado Mérida.

            En la actualidad el doctor Cárdenas continúa como especialista nivel III en el Servicio de Cardiología del IAHULA; es profesor titular del Instituto de Investigaciones Cardiovasculares de la ULA y médico cardiólogo Hemodinamista en el Centro Clínico Marcial Ríos M., de la ciudad de Mérida. Hoja de vida que nos presenta a un académico integral dedicado al estudio, la ciencia y al trabajo por nuestra universidad, nuestra ciudad y por nuestro país.

            ElDoctor Carlos Guillermo Cárdenas Dávila considera como un momento trascendente en su vida, este acto de hoy 13 de noviembre de 2019 cuando será incorporado en su condición de Miembro Correspondiente Estadal a esta insigne Institución.

            Doctor Cárdenas, cuando por su título y contenido tuve conocimiento del tema sobre el cual usted presentaría su discurso en esta solemne sesión, me sentí afortunado, porque me permitiría disertar sobre otros temas relacionados con la medicina desde el punto de vista social, tomando en consideración que usted nos ha presentado la fascinante historia de la Cardiología en Mérida, sus Realizaciones y Retos. Historia en el sentido lato de la palabra, porque es el producto de quienes entendieron a cabalidad su responsabilidad para construir y dejar obra que las generaciones de relevo, por lo menos dos de ellas esta tarde están aquí presentes, tienen la responsabilidad de protegerla y preservarla de persona alguna que pretendiera envilecerla o destruirla.

            Apreciada audiencia, en la dilatada y compleja historia de la diversidad biológica de nuestro planeta, cuando millones de años atrás los homínidos evolucionaron para que de su estirpe ocurriese el despertar del hombre, punto de partida para la humanidad de la cual somos parte; desde aquél remoto acontecer, nuestros antepasados dejaron señales de sus vidas, sus costumbres y hasta de sus dolencias mayores, tal como pueden apreciarse en las representaciones que dejaron en Las Cuevas de Altamira en España. Ideogramas que en el transcurso de siglos, primero como símbolos, luego como caracteres, evolucionaron para revelar su presencia. Después, diferentes civilizaciones, en nuestra América y en otros continentes, se han identificado con sello propio y las reconocemos por sus diversas manifestaciones culturales. De aquellos seres de nuestro temprano amanecer y de siguientes generaciones, hemos recibimos no solo el legado de sus genes que nos distinguen en el crisol de las razas, sino además su cultura y obras que han perdurado en el transcurrir de los siglos.

            Lo dicho en el párrafo anterior es para enfatizar que en el afán de trascender, a pesar de conflictos de naturaleza diversa que presentan a los humanos como seres destructores, su característica resaltante ha sido construir. Es con ese preciado rasgo socio-cultural como han hecho historia. Podemos decir que los seres humanos hacen historia cuando construyen, cuando dejan obra tangible de utilidad para las siguientes generaciones. Destruir es negar la historia; quienes esta verdad nunca han podido ni querido comprender y mucho menos aceptar, dejan tras de ellos solo absurdos mensajes colgados entre las ruinas de lo que otros con sacrificio y tesón habían construido. Eso forma parte de la tragedia que vive nuestro país en las dos últimas décadas.

            Doctor Carlos Guillermo Cárdenas, en su discurso usted recuerda a quienes iniciaron la trascendente obra cuya historia hoy nos ha presentado, la cual se inició en el año 1949 cuando el médico de nacionalidad búlgara Vladimir Yvanoff Buikliski, vino a esta ciudad invitado para dictar Curso de Clínica Cardiológica en el Servicio de Cardiología y Cátedra de Clínica Cardiológica del Hospital Los Andes. Semilla que encontró terreno fértil junto con talento, voluntad y decisión del joven Residente de dicho centro asistencial, el Doctor Abdel Mario Fuenmayor Peley, quien en años siguientes se formó como cardiólogo en el Instituto Nacional de Cardiología de México. Comienza así una fascinante historia, que desde sus inicios tuvo el valioso aporte de mujeres y hombres dedicados al estudio de las enfermedades del sistema cardiovascular, entre ellos su persona Doctor Cárdenas.

            No fue tarea fácil para que el Doctor Abdel Mario Fuenmayor Peley en los albores de la década de 1950, en una ciudad aún con su encanto rural, distante de los centros de poder, iniciar los pasos de tan magna obra: una Cátedra de Cardiología en un hospital de los Andes venezolanos; sin embargo, él, con voluntad y mente de visionario, logró hacerlo, y a partir de aquella modesta cátedra creó el Centro de Investigaciones Cardiovasculares del cual fue director por más de 25 años. Impulsó con amplitud de espíritu y perseverancia el desarrollo de la cardiología en Mérida, formando escuela con transcendencia nacional y de más allá de nuestras fronteras. Conocedor de la importancia de la investigación como instrumento esencial no solo para solucionar problemas de la salud sino también para indagar en profundidad sobre causas de la enfermedad cardiovascular, tuvo la firme convicción de que era necesario hacer cardiología de alto nivel con soporte científico; con ese pensamiento estimuló la formación de especialistas con alto nivel competitivo en prestigiosas instituciones médicas del mundo. Reto que cumplió para contribuir con la salud de los merideños y de otras comunidades de nuestro estado, así como de pueblos y ciudades de estados vecinos.

            Son muchos los aportes realizados por el Centro de Investigaciones Cardiovasculares y del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Los Andes, destinados para la prevención y tratamiento de las enfermedades del sistema cardiovascular. Cumpliendo todos ellos con el compromiso que desde el punto de vista social asumieron quienes integran tan preciada obra. Por lo tanto son acreedores de nuestra agradecida palabra y el reconocimiento de esta institución así como de la ciudanía merideña y de nuestro país.

            Lo expresado en párrafo anterior es sobre la obra del Doctor Abdel Mario Fuemayor Peley, así la han reconocido la Universidad de Los Andes, el Hospital Universitario de Los Andes, la ciudadanía merideña, instituciones civiles de la ciudad, nuestra gente de Los Andes, del Piedemonte Andino y estados vecinos, así lo ha reconocido nuestro país. Doctor Cárdenas, me permito pensar que estamos con usted rindiendo homenaje y tributando honores al Profesor Doctor Abdel Mario Fuenmayor Peley, y a quienes junto con él sumaron esfuerzo y voluntad para hace crecer el germen sembrado hace seis décadas. Creo con ello interpretar el sentimiento de quienes estamos en este digno recinto.

            Distinguida audiencia, quienes con su talento y voluntad se empeñan en construir dejan obra y ejemplo a seguir. Es así como han logrado hacer historia. Mientras quienes destruyen están condenados al perenne atardecer de noches oscuras sin aurora, porque la estrechez de su saber no les ha permitido reconocer y mucho menos respetar el espíritu ni la esencia del momento que comenzaba a vivir nuestro país. Por eso quedarán condenados en tarde oscura a la orfandad del olvido, pues no han construido, todo lo contrario, continúan en su interminable afán de destruir y sembrar de ruinas a Venezuela. Ellos, no dejarán historia ni ejemplo para las nuevas generaciones puesto que no dejan obra alguna.

            Doctor Carlos Guillermo Cárdenas, al final de su discurso usted nos entrega esta pregunta “¿Cuál fue la causa de ese fracaso que no permitió el desarrollo de un país moderno que resolviera los inmensos problemas de la población venezolana?” Pregunta que a todos concierne y día tras día, cuando nos miramos, cuando contemplamos a nuestros hijos, a nuestros nietos, a nuestras familias, cuando recordamos a los que por alguna razón su amanecer no podemos compartirlo, como consecuencia de que quienes gobiernan nuestro país les negaron toda posibilidad de crecer, de realizarse y de continuar siendo parte de nuestro destino. Cuando en silencio con todos ellos crece en nuestro ser la angustia de vivir en un entorno en el que solo la esperanza crece. En esos momentos, lejos de la entrega sin condiciones, debe  crece en nosotros y ayudar a que otros lo compartan el sentido y la esencia que la historia nos reclama, el deber de continuar luchando y construyendo para proteger y fortalecer nuestro acervo cultural que otros se empeñan en destruir.

            Doctor Cárdenas, amigos, tengamos presente que nuestra historia ha sido maliciosamente desfigurada, intentando sustituirla por otra de caudillescas, con la cual buscan destruir la sociedad civil y sus más preciadas instituciones; historia mediante la cual el genuino significado y ser de nuestro pueblo ha sido enajenado haciéndole perder su condición de ser sociopolítico, para convertirlo en personaje anónimo, maleable, fácil de convencer por mensajes carentes de la lección que debiera enaltecer aquella su preciada condición. Además, ellos tampoco han recibido el auxilio de programas y acciones útiles y necesarias para fortalecer su dignidad, valor esencial para la convivencia; y porque al ser malsanamente entrenados en la pasividad, sus derechos son reiteradamente conculcados.

            Ese es nuestro pueblo, en minusvalía, porque destruyeron la pureza de su condición primaria, impidiéndole ser protagonista de la historia verdadera. Pueblo que ha estado ausente en estas dos últimas décadas. Para ellos debemos tener siempre la mano tendida y presto nuestro abrazo, porque necesitan que juntemos sabiduría y esfuerzo para su oportuno rescate del pesado lastre de la dominación ejercida mediante el engaño y la mentira. Es así como interpreto la pregunta que usted Doctor Cárdenas nos ha entregado en su mensaje.

            Dolorosa realidad de un país en el que lo trascendente intenta ser sustituido por la banalidad, en donde ocurre la terrible paradoja que la figura y presencia del Maestro intentan sustituirla por aprendices sin calificación alguna para cumplir la importante misión del magisterio. País donde la Universidad Venezolana es rechazada y vilipendiada en lugar de ser aceptada como luz señera para contribuir con la construcción del país distinto, del país necesario. Por el contrario, por todos medios perversos el gobierno intenta destruirla porque conocen la indomable fortaleza de sus principios. País donde una generación ha crecido con más incertidumbres que esperanza, sufriendo el desgarro de nuestras familias y la perdida de quienes con calificaciones académicas y profesionales las circunstancias los obligaron a migraron a otras latitudes, dejando tras sí una brecha generacional que reclama  ingente tarea para logar su retorno.

            No dudo que otros expresarán preguntas como la suya Doctor Cárdenas o en silencio tal vez las guarden en lo más íntimo de su ser… Pienso y digo: ¿acaso sabrán los que con fuerza bruta intentan imponer una pervertida ideología que la Venezuela de las mayorías lucha por deslastrase de tan pesada y maligna carga?… Y a la vez pregunto… ¿acaso todos nosotros hemos interiorizado y comprendido a cabalidad la brutal lección que estamos recibiendo?…

            Mientras tanto aquí estamos, cautivos, cuidando la celda en que estamos recluidos. Frente al drama del cual somos parte son muchas las personas con actitudes y respuestas con los más variados matices. No faltan quienes, más con resignación que con el espíritu de lucha y resistencia activa que reclama el momento, piensan que esa celda a la cual me he referido líneas atrás, sería cuestión de ampliarla como para que no falte espacio para hijos y nietos, y vaya a saber cuántas generaciones más…ojalá nos sea así el destino que nos aguarda…ojalá no sean así los días y las noches que esperan a nuestras familias, más allá de nosotros…ojalá no sea así…teniendo la certeza que con ese tipo de respuestas y actitudes, no se logra construir y mucho menos librarnos de quienes nos han robado el país e intentan condenarnos a la servidumbre como sus esclavos. 

            Afortunadamente ejemplos a seguir los hemos tenido y seguimos teniendo: por ejemplo, la fortaleza y la obra de quienes con denodado esfuerzo y voluntad forjaron el Instituto de Investigaciones Cardiovasculares y el Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Los Andes, y los que como usted Doctor Cárdenas continúan fortaleciendo sus cimientos, para que sea realidad perdurable, como creación pensada para una comunidad que siempre estará agradecida por tan preciada obra. Sueños que ustedes personal del Hospital Universitario de Los Andes y de los servicios mencionados, junto con toda la ciudadanía merideña tenemos el compromiso ineludible de cuidar y proteger todos los días, para que la esencia de la medicina y de ser médicos siempre tengan el aprecio ganado desde que el hombre sintió la necesidad de otro que le proporcione ayuda para recuperar su salud y poder continuar disfrutando bienestar y felicidad.

            Oportuno es recordar el mensaje que meses antes de su muerte nos entregó el Maestro Carlos Cruz Díez: “Venezuela es País en el cual hay que inventarlo todo, para lo cual tenemos el recurso fundamental, talento…”

            Doctor Carlo Guillermo Cárdenas Dávila, siendo usted un académico, con obra que así lo califica, me tomo la libertad de adelantarle mi saludo de bienvenida a la Academia de Mérida, honorable institución que lo recibe con entusiasmo y la esperanza de tenerlo como invalorable soporte de los principios que inspiran la existencia de la misma.

            Señores Académicos. Distinguida audiencia.

            Muchas gracias.

            Buenas tardes.

Doctor Jesús Alfonso Osuna Ceballos.

Mérida, 13 de Noviembre de 2019.

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