Por: Dr. Ricardo Gil Otaiza, Presidente de la Academia de Mérida

El conocimiento del pasado hace ver cómo la mayoría de las verdades científicas, sostenidas en un momento dado, son verdades relativas, explicaciones dadas a un fenómeno o problema que, momentáneamente, han ayudado a comprenderlo mejor, o a hallar una solución satisfactoria pero no definitiva, que nuevas ideas o estudios han demostrado que no se correspondían totalmente a la realidad o que estaban faltos de otros puntos básicos que era preciso investigar para llegar a su total comprensión. Ejerce pues la historia una acción liberadora del espíritu.

Guillermo Folch Jou

Historia General de la Farmacia. El medicamento a través del tiempo (1)

LA HISTORIA DE LA FARMACIA Y DE LA MEDICINA, es la historia de la humanidad. Desde que el hombre y la mujer hacen vida sobre el planeta han tenido una estrecha relación con el entorno natural, no en vano todos los vestigios que arrojan las indagaciones arqueológicas así lo demuestran. Cuando leemos acerca de la prehistoria de la humanidad no deja de sorprendernos que el instinto de supervivencia, azuzado  por la necesidad, haya jugado un papel primordial en la utilización de todos aquellos recursos que la Tierra ha puesto desde siempre a nuestra disposición. El Jardín del Edén, entregado a nuestros ancestros, en algún momento fue escenario de duras realidades, cuando el hombre y la mujer, atenazados por el hambre y las inclemencias del tiempo, ensayaron con éxito (de hecho, hoy estamos aquí para certificarlo) la utilización de la flora y de la fauna.

Todo nos conduce a pensar que por su propia naturaleza haya sido el hombre quien se adentrara en los peligrosos territorios de la caza, mientras que la mujer se diera a la tarea de ir a los campos para recolectar plantas, o tal vez sus flores, brotes, bejucos, ramas, raíces, sumidades floridas, y los inestimables frutos. Suponemos, que el echar mano de los recursos de la naturaleza no se quedó sólo en el terreno del alimento y del abrigo, sino que tuvo que extenderse (todos los indicadores apuntan a esto) a resolver los ingentes problemas de salud, que muy temprano hicieron su aparición, para decirnos a los hombres y a la mujeres que nuestro tiempo es finito.

Es en este preciso momento en el que hacen su debut los precursores del farmacéutico y del médico, es decir, en la misma humanidad de la mujer, cuando impelida por la enfermedad de los suyos (o de su propio cuerpo) sale al campo en busca de plantas medicinales, que mezcladas con otros elementos (agua, por supuesto, y quizás vísceras de animales), se dé a la tarea de confeccionar mediante técnicas rudimentarias como el macerado y el machacado, los primeros medicamentos, que llevará hasta la cueva, es decir su hogar, y se los aplicará  con sus propias manos al caído en desgracia.

Si analizamos con atención lo relatado, vemos cómo en una misma persona convergen entonces los oficios del farmacéutico y del médico, y así permanecen durante muchos siglos, hasta que en la civilización árabe se separen para siempre y se conviertan lentamente (no sin reveses ni traumas) en las prácticas que hoy conocemos. Aquellas hierbas, arbustos y ramas de los árboles utilizadas por nuestros padres milenarios, son ni más ni menos que los denominados fármacos, cuyos principios activos, y a través de complejos mecanismos, hacen su recorrido por el interior de nuestro organismo para traernos un beneficio terapéutico, pero potencialmente también una toxicidad, y quizás la muerte. No en vano Nietzsche, en su obra titulada Así habló Zarathustra (2), nos dice: “Un poco de veneno de vez  en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para un morir agradable.”

No yerra el celebérrimo y agudo filósofo alemán, ya que pharmacon significa veneno y también medicamento. Para decirlo con palabras de Theophrastus (llamado también Paracelso por la historia), quien fue alquimista, médico y astrólogo suizo: “Todas las sustancias son venenos, no existe ninguna que no lo sea. La dosis diferencia un veneno de un remedio” (3).

***

Esta tarde se incorpora en la Academia de Mérida como Miembro Correspondiente Estadal en el Área de las Ciencias Físicas, Matemáticas, Naturales, Químicas, de la Salud y la Tecnología, la colega farmacéutica, Dra. Janne del Carmen Rojas Vera, y para cumplir con lo establecido en la norma ha presentado a la consideración de la institución el trabajo titulado Los productos naturales y sus beneficios para el ser humano. Como profesor del área durante 30 años, la Junta Directiva ha delegado en mi persona, y por unanimidad, dar respuesta a su discurso.   

Conozco personalmente a la doctora Janne Rojas desde hace muchos años; quizás desde el inicio de nuestras carreras académicas. Y desde entonces nuestra amistad se consolidó al extremo de hacerse extensiva también a parte de su familia y de la mía. Si bien no pertenecemos a la misma cátedra, nuestras áreas de docencia e investigación se hermanan precisamente en el fármaco de origen natural. Es decir, ella está en Productos Naturales, y yo en Farmacognosia, que etimológicamente quiere decir, según Jean Bruneton, especialista francés de elevado prestigio, en su obra capital Farmacognosia. Fitoquímica. Plantas Medicinales (4): “el conocimiento (gnosis) de los venenos (pharmacon).” Por extensión, el conocimiento de los fármacos de origen natural, que son la base para la confección de buena parte de los medicamentos presentes en el mercado internacional. Aquí cabe aquí la acotación que la industria químico-farmacéutica echa mano de las drogas biosintetizadas, o las reelabora o imita. También están las drogas sintetizadas en los laboratorios, que ya son capítulo aparte y no entran en la denominación de “productos naturales”, como podría ser el caso del Ibuprofeno: analgésico, antiinflamatorio y antipirético de origen sintético.

De más está afirmar que el conocimiento de los fármacos naturales es columna vertebral de la carrera de Farmacia, por sus aplicaciones en la terapéutica, en la cosmética y en la industria alimentaria, todas ellas de su competencia. Debo aclarar que la Farmacognosia ha derivado en esencia al estudio de los fármacos procedentes de las plantas, quedando los de origen animal un tanto a la deriva.

En su trabajo de incorporación la doctora Janne Rojas se pasea con lenguaje diáfano, no exento de rigurosidad científica, en la historia y la evolución de los productos naturales (definición, clasificación, rutas biosintéticas de las que echan mano las plantas para la elaboración de los denominados metabolitos primarios y secundarios), y hace énfasis en sus usos para el control y la curación de las enfermedades.

Como ha de suponerse, cuando hablamos de metabolitos primarios y secundarios nos estamos refiriendo a las sustancias biosintetizadas por las plantas, y que son producto del metabolismo celular. Si bien algunos autores ponen en entredicho la importancia de dichas sustancias para la planta que las produce, resaltando sólo sus fines utilitarios para el ser humano, nuestra nueva académica hace énfasis en la importancia de los mismos en el interior del vegetal, al señalar que: “en el caso de los metabolitos primarios, ayudan al crecimiento y desarrollo de la misma, mientras que los metabolitos secundarios sirven como defensa frente a los organismos patógenos y posibles predadores, además de atraer a los polinizadores a través del aroma y el pigmento de las flores.”

Como valor agregado, incorpora la autora diversos estudios realizados a extractos vegetales en los últimos 10 años, en los que se reportan resultados de los productos naturales en cuanto a su actividad antimicrobiana, antioxidante, antiviral y antitumoral, lo que supone un interesante espectro que trae consigo una visión científica y certera en el campo de la salud. Es decir, lo que se contrapone a esa noción chamánica (por denominarla de alguna manera), que tanto desprestigio ha traído a los fármacos naturales, al asociárseles con prácticas, que si bien enriquecen el ámbito de lo cultural y hasta de lo antropológico (válidos, por demás desde esas ópticas y desde esos otros contextos y realidades), desdibujan ante el mundo su impronta e importancia en la terapéutica científica.  

En lo particular me entusiasma que la doctora Janne Rojas, reconocida investigadora de los productos naturales, dé el salto cualitativo desde un área que podría ser vista por muchos como árida (los fármacos y sus complicadas técnicas y equipos), hacia una visión más humana de una ciencia, que suele encerrarse en sí misma (el estudio del fármaco per se), olvidándose, a veces, que el fin último de la investigación es el Ser con todos sus claroscuros. En otras palabras, ausculta la colega en el vértice de lo ontológico y, sin proponérselo quizás, se adentra en el terreno de la epistemología, que busca indagar en donde yace el conocimiento. Ergo, la verdad hallada de las cosas.

Mientras la búsqueda de referentes en las plantas medicinales (y en sus productos en concreto) continúa (y continuará quizá para siempre), la humanidad tendrá en su entorno natural respuestas a muchas de sus inquietudes en cuanto a salud, alimentación, belleza y, por qué no, trascendencia y espiritualidad. Sin querer, los estudiosos de estas áreas del conocimiento no nos desprendemos de nuestros ancestros alquimistas, quienes desde la práctica de la denominada protociencia buscaron con afán la piedra filosofal y, con ella, la transmutación de los metales en oro y plata, la cura de todas las enfermedades, así como alcanzar la eterna juventud.

El afán de inmortalidad es nuestro todavía, qué duda cabe, todos la anhelamos, solo que la búsqueda ha cambiado de formas, así como también de fines. Y en el ínterin nos hemos topado con una ciencia y una tecnología que han elevado las expectativas de vida a niveles insospechados. Hoy Pedanius Dioscórides, Theophrastus, Claudius Galenus, y hasta el mismo Hipócrates, si pudieran vernos, recelarían de envidia ante lo alcanzado en los últimos 200 años. Empero,  la construcción de las ciencias en general ha sido posible gracias a logros como los alcanzados por ellos. Sin duda, son copartícipes de tantos portentos.       

¿Es posible alcanzar la inmortalidad? Tal vez, pero no me adentraré en esos sutiles territorios lindantes con otras ciencias, pseudociencias, y hasta con lo mágico-religioso. Pero lo que sí tengo como una portentosa verdad, es que en la naturaleza está la clave de la vida. Y aquí no caben interpretaciones ni mayores discusiones. La ciencia deberá todavía hacer un largo recorrido para desentrañar las respuestas.

Gracias

Dr. Ricardo Gil Otaiza

Presidente de la Academia de Mérida

Profesor Titular (J) de la Cátedra de la Farmacognosia de la Facultad de Farmacia y Bioanálisis de la ULA, Ex decano .

Notas:

1.- Folch Jou, G. 1986. Historia General de la Farmacia. El medicamento a través del tiempo. Ediciones Sol, C.A. Madrid, España.

2.-Nietzsche, F. 1992. Así habló Zarathustra. RBA Editores. Barcelona, España.

3.-https://es.wikiquote.org/wiki/Paracelso

4.- Bruneton, J. 2001. Farmacognosia. Fitoquímica. Plantas Medicinales. Editorial Acribia, S.A. Zaragoza, España. 


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