Por: Dr. Jesús Alfonso Osuna Ceballos

Vivir y envejecer es uno a la vez,… desde el momento en que tenemos vida envejecemos,…vivimos y envejecemos,…siempre será un después seguro para todo ser viviente,…envejecen los árboles, los animales,…temprano las flores envejecen, también las aves,…todo envejece mientras en ese todo exista vida, y tal vez por saber que en nosotros todo acabará, no queda alternativa que enfrentar esa otra realidad: morir. Realidad de lo esperado. No tendrán valor jugadas al azar para eludir la señal que desde temprano nos acompaña. Lejos está de ser juego para elegir al siguiente. Sin embargo, hay quienes queriendo escapar del mandato biológico intentan construir un nuevo ser con fundamentos que olvidan lo esencial, el yo existo, negando toda posibilidad del encuentro con el otro,  criatura creada para vivir en perenne soledad, despojada de lo esencial, lo humano-humanitario, nuevo ser cuya presencia es simplemente estar,….y como desde muy temprano sabemos que todo en nosotros acabará, por eso surge, tal vez por inconformes el temor a morir… vino a mi mente Jorge Luis Borges en el Inmortal, uno de sus maravillosos relatos…“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte” …   

            Como de la vida estoy hablando, sobre la vejez he de hablar, sobre  los seres que los años nos van otorgando nuevas categorías hasta llegar a la ancianidad. Muchas veces hemos pensado que alcanzar esa condición por seguro nos conferiría el status del ser mirado y atendido con actitud de respeto y manos generosas. He tenido ese privilegio y así disfruto mi condición porque en mi andar encontré el ser que me reconoció como al otro, no solo con existencia, sino con valores para compartir, acompañante para el largo camino de la vida. No dudo, como yo son muchos los que vivir no ha sido condena segura para el silencio y la soledad. Pero en otros espacios y en otras condiciones de convivencia, la realidad es dolorosamente distinta: la indiferencia y el desprecio se sientes en cada paso entre nuestros semejantes. Así es la vejez. Es el punto que marca nuestra desvalorización, es el irrespeto a las normas que prescribe el contrato social que debiera ampararnos, falta que a todos atañe, es la realidad de una sociedad huérfana de dirigentes sociales honestos y carente de acciones de gobierno para protegernos en todo momento de nuestras vidas,  unos y otros indiferentes ante una realidad que a todos en su momento habrá de llegar.

            Simone de Beauvoir dice en su libro “La Vejez”, …”Hoy más que nunca debemos acordarnos de nuestros mayores, los que lucharon, trabajaron, educaron y que ahora están abandonados y  marginados”… y agrega  “Estudiar la condición de los viejos a través de las diversas épocas no es una empresa fácil y es imposible escribir una historia de la vejez”…   “Todo el mundo lo sabe: la condición de hay que tratar de comprender a los viejos es hoy escandalosa. Antes de examinarla en detalle  hay que tratar de entender por qué razón la sociedad se desentiende tan fácilmente de ella”. …”Pero en este caso la indiferencia resulta aún más asombrosa; cada miembro de la colectividad debería saber que su porvenir está comprometido. La clase dominante es la que impone a las personas de edad su estatuto, pero el conjunto de la población activa es su cómplice. Una sociedad de una totalidad destotalizada”.

            Venezuela finalizó el año 2020 con 28.235.943 habitantes con los mayores de 64 años representando el 7,97 por ciento de la población. En el año 2005 la población mayor de 64 años representaba el 4,97% mientras que en el año 2020, fue  casi el doble de la cifra anterior. Se observa una tendencia al envejecimiento. En la medida que crece la población de nuestro país aumentará el número de personas mayores de 64 años. Surge entonces la pregunta: ¿estamos preparados Estado y sociedad para atender semejante compromiso? En  una posible respuesta, no se debe olvidar a los venezolanos que se encuentran viviendo fuera del país, huyendo de la violencia, de la inseguridad y de las amenazas permanentes. Así lo reconoce el Alto Comisionado de las NU (ACNUR) Cinco millones de personas refugiadas y migrantes de Venezuela en todo el mundo. “Una de las principales crisis de desplazamiento en el mundo”. Muchos retornarán, otros permanecerán en el exilio y envejecerán lejos de nosotros. Pero son nuestros viejos.

            La vejez es vivir y mostrarnos en una dimensión que a todos abarca, dimensión de lo acontecido, dimensión de lo que con otros hemos vivido, no es solo nuestra historia, es la historia del grupo social en el que echamos raíces. Si en esa dimensión entendemos la ancianidad no estará presente la orfandad en nuestros hijos y siempre tendrán presente en su temporalidad que mamá y papá existieron. En el tiempo serán los hijos de los viejos, y no son otros que los viejos de ahora. De ser así la vejez no puede ser dimensión del olvido. Por el contrario es el encuentro permanente con el otro, es la dimensión que ontogénicamente nos distingue y nos protege. 

            No celebremos día de la vejez, celebremos día del encuentro permanente con nosotros mismos. De ser así, debemos estar preparados para recibir y cuidar a quienes nos han permitido continuar viviendo en armonía permanente con los otros. No olvidar que todos somos viejos desde el comienzo de nuestras vidas. Cada segundo, cada minuto, cada día marca esa condición… Feliz  día vida …

            Profesor Jesús Alfonso Osuna Ceballos.

            ExVicerrector Académico de la Universidad de Los Andes, Período 1980-1984. Mérida, Venezuela.

            gmail: jesusosuna,oc@gmail.com

            Mérida, Venezuela 8 de diciembre del año 2021.

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