Por: Dr. Jesús Alfonso Osuna Ceballos

Quienes nos gobiernan en las últimas dos décadas, han conducido el país y condenado nuestras existencias a precarias condiciones para el diario vivir. Nos agobian y obligan a convivir con aquello que una vez resultaba impensable no solo para nosotros como sociedad, sino también para quienes en su momento ejercieron y ejercen legítimas funciones de gobierno, pues la colonización y entrega de nuestro territorio que en el pasado resultaba utópica, he aquí esa utopía hecha realidad. Son estos y no otros, los tiempos borrascosos de la Venezuela de nuestros días. Este escenario considerado por muchos a punto de implosión, reiteradamente diferida quizás hasta probar nuevo ensayo social, mientras que otros, sin ocultar desencanto miran como la chispa iniciadora de una gran explosión social se apaga antes de cumplir su cometido, sumiendo a unos y otros en las más enrevesadas teorías, consuelo para atenuar la dura caída que significa retornar al pasado inmediato. Truncadas ilusiones que lastiman, muchas de ellas fabricadas desde afuera, sin que falten autóctonos animadores, haciendo crecer interminable aflicción que en muchos provoca entrega sin la menor resistencia. Terreno propicio para quienes mal entienden la política promoviendo el odio y acentuando la represión mediante el terror como instrumento de absoluto sometimiento. Pero también, malos signos para quienes con el instrumento político intentan conducir resistencia opositora al régimen, con estrategias en muchas ocasiones mal definidas cuando no instrumentadas sin crear el ambiente propicio que garantice el éxito de las mismas. Es así como crece la incertidumbre y se tejen dudas en una sociedad civil que no aprendió lecciones esenciales de comportamiento ciudadano, porque de ellas siempre fuimos aprendices de segunda.

            En tan oscuro momento de nuestra historia, bueno es pensar que para el recuerdo deben quedar canciones de un país convertido en nostalgia pura. El nuestro debe ser canto de alegría y optimismo, para olvidar borrascosas tardes de temprano anochecer, un adiós a la frustrada esperanza, porque creemos posible el triunfo de las ideas y acciones libertarias contra el despotismo. Necesitamos un comportamiento en concordancia con ese nuevo modo de pensar nuestro país, es deber ciudadano, porque otros mensajes nos llegan desde afuera, la de venezolanos obligados al exilio, aquellos que han hecho suya la entera dimensión del compromiso y el deber, quienes además de mostrar la realidad del país que a sus espaldas dejaron hacen acopio de nuevos saberes diciéndonos que retornarán para continuar la obra que dejaron a medio hacer. Para esos venezolanos se deberían pensar programas de protección, manteniéndolos cerca afectivamente con la filiación que nunca deben perder y ayudarlos para que tengan siempre presente la querencia mayor, su país; acercamiento con mensaje y acciones que eviten el desarraigo que el tiempo y la distancia ocasionan al erosionar en lo afectivo su piso de sustentación. Crear programas de protección de talentos para que tales contingencias no ocurran, manteniéndolos cerca de instituciones educativas y de investigación a las que pudieron haber pertenecido, o aquellas con infraestructura en reposo temporal a la espera de cerebro y mano que las reactiven. Misión que requerirá mensajes y mensajeros con oferta y palabra creíbles.

            La lucha de las ideas en torno al futuro de nuestro país debe ser un accionar permanente, pulsando opinión de individualidades y grupos de venezolanos que en repetidas oportunidades han elaborado valiosos documentos y propuestas sobre los más variados temas: desarrollo social, salud, educación, desarrollo agroindustrial, política petrolera y nuevas fuentes de energía, apropiación y uso de modernas tecnologías, ciencia y desarrollo científico tecnológico entre otros. A ellos debe acudir el liderazgo político nacional para buscar las vías adecuadas que faciliten a las nuevas generaciones transitar la nada fácil ruta que nos espera, contando con tan valioso soporte para estudiar las ideas de esa procedencia y analizar las que surgirán de diferentes sectores de la sociedad civil venezolana. Es tarea de muchos y para muchos, para lo cual es necesario el concurso de las mejores mentes con las que cuenta nuestro país. De allí la importancia de un programa de rescate de talentos como el sugerido en el párrafo anterior. No dudo que surgirán planteamientos mejor elaborados para estudiar y tratar adecuadamente el manejo de tan delicada materia. En todo caso que no nos llegue la noche para emprender esta ingente tarea.

            Lo que en nuestro futuro se avizora no es para entrar en un ciclo de interminables cavilaciones ni convertirlo en dilema con alternativas distintas a las que exhiben quienes sustentan el poder como instrumento de vasallaje perenne. Debemos tener muy claro lo que está en juego para nuestro país y para la sociedad venezolana: que a todos nos vistan de verde o color gris para ser parte de las fuerzas armadas nacionales o de una milicia hambreada, enarbolando banderas de falso nacionalismo y con la historia de convertirnos en heroínas y héroes en defensa de nuestra soberanía, a diario mancillada por un gobierno que carece de legitimidad de origen, fabricando escenarios propicios contra enemigos creados por las circunstancias, obedeciendo a caprichos de mentes enfermas que juegan a la guerra, para lo cual exhiben armas de altísimo costo las cuales solo han servido para crear terror e infundir temor en la ciudadanía, con otra no menos grave consecuencia: la justificación de un presupuesto para la defensa y el fortalecimiento del militarismo y el armamentismo, desviando recursos que deberían ser invertidos en áreas críticas como la carencia de medicamentos y productos alimenticios, en programas del sector salud, de la educación en sus diferentes niveles y de los servicios públicos. La ecuación es muy clara: o continuamos siendo comparsa de quienes a diario nos ultrajan e intentan extinguir toda forma de cultura y valores ciudadanos,  o de una vez por todas avanzamos al tiempo que apagamos un oscuro pasado retornando jubilosamente a nuestra vida civilizada.

Profesor Jesús Alfonso Osuna Ceballos.

ExVicerrector Académico de la Universidad de Los Andes (1980-1984).

Correo electrónico: jesusosuna.oc@gmail.com

Mérida, 12 de octubre de 2019.


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