Por: Dr. Eleazar Ontiveros Paolini

¿La señora, mostrando preocupación me pregunta ¿Será que los que mandan no se dan cuenta de lo que está pasando? ¿Será que no tienen la formación necesaria para manejar la economía? ¿Será que no entienden la importancia de la universidad y permiten que se deteriore? Le dije que las respuestas eran obvias: si se dan cuenta de lo que pasa y aúpan su profundización; si tienen gente formada para administrar pero pondrán sus conocimientos para seguir un camino diferente al que conocemos y que les parece apropiado; si saben lo de la universidad, pero quieren una plegada a sus designios, que no propicie disidencias.

Esa breve conversación nos ha inducido a hacer de nuevo algunas consideraciones determinantes, muchas de las cuales se han discutido en otras oportunidades, pero que siguen vigentes.

Lo primero es que la oposición ha esgrimido y sigue esgrimiendo como premisa ideológica, el hecho de que ni el régimen sabe de qué se trata el socialismo del siglo XXI. Lo cierto es que si hay una orientación socialista en todo lo que está sucediendo, para lo cual se han trazado un camino con el cual pretenden lograr que el Estado ejerza un férreo poder, siéndole indispensable para ello poseer la propiedad, la administración de los medios de producción y aplicar leyes que le permitan orientar las actividades económicas y sociales, incluyendo el monopolio de la distribución. Claro que todo viene siendo acompañado de una cacofonía declarativa con la que se justifica lo que se hace, ▬aunque haya en la actualidad deficiencias escandalosas▬ vendiendo la idea de que su quehacer les  permitirá construir una sociedad superior, basada en la abundancia, la igualdad social y el pleno desarrollo, dándole al país el carácter de potencia.

Entienden que en el logro de su quimera, la educación tiene mucha importancia, causa por la cual debe ser conducida rígidamente, teniendo como fin la formación de adeptos incondicionales, que caen en la trampa de pensar que están pensando y decidiendo por si mimos, cuando son otros los que piensan y deciden por ellos. Por eso procuran a como dé lugar la minimización y posterior desaparición de la universidad autónoma tal como la conocemos, ya que  es imperioso que esta no siga actuando en función de negar que entre la sociedad y la educación hay un determinismo mecánico. Es decir, evitar que se tenga claro que la universidad influye en la sociedad y esta, recíprocamente, influye en su quehacer académico. Ese determinismo que pretenden es antidemocrático. Procura una instrucción, que no educación, orientada, de manera tal que los recursos humanos que se formen sean piezas útiles al sistema, para lo cual deben aprehender un esquema de normas y valores, apriorísticamente definido, con lo cual se lograría una permanente relegitimación del sistema y su consecuente estabilización.

Si se profundiza, digamos que en la intención marxista predomina el criterio de que “no es la conciencia del hombre la que determina el ser, sino que es el ser social el que determina la conciencia”. En otras palabras, que la conciencia, incluida la moral y las ideas, son un subproducto de las condiciones materiales. Se quiere que lleguemos a olvidar que la conciencia es el conocimiento propio de la existencia psíquica y de los estados en que en un momento dado esta se encuentra. Pero, ya la historia lo ha dicho, es vana la pretensión, imposible, y más con una educación autónoma, de que el hombre y su capacidad de razonamiento puedan ser metidos en un redil, incluso si se lograran procesos formativos preceptúales con ese fin, pues siempre tendrá una conciencia propia. No quiere decir lo anterior que la sociedad no influya en la conciencia, pero siempre esa influencia, sea cual sea, será constantemente sometida al discernimiento del libre albedrio.

Entonces, y esta es la importancia de la autonomía universitaria, es determinante entender que la conciencia se conforma mediante una actitud crítica capaz de investigar y determinar las razones o no que le permiten a cada individuo adherirse a doctrinas, fórmulas, ideologías y creencias. Y es aquí donde está el problema. La universidad, sea la que sea, es inevitablemente una cuba en que esa capacidad crítica se estimula, aunque no haya la intención, pues como parte de la formación es inevitable contraponer conceptos, doctrinas, teorías y conductas, aunque algunas se vendan como ciertas y otras como falsas. Es decir que se dan contradicciones en el proceso educativo y en la búsqueda de nuevos conocimientos, lo que determina inexorablemente escogencias y no imposiciones.

Eleazar Ontiveros Paolini


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