Por : Dr. Eleazar Ontiveros Paolini
CAPÍTULO XI
LOS PRIMEROS ENFRENTAMIENTOS

Pasaron por Delicias, el último pueblo cercano al río. Subieron hasta la capital del municipio, Rubio, y de ahí, llenos de excitación, consumieron los veinte kilómetros que los separaban de la capital del estado, San Cristóbal. Al llegar a la parte más alta de la carreta, a unos dos kilómetros de la ciudad, Leonardo se asombró. No era para menos, por primera vez  veía una ciudad llena de edificios, de avenidas y un cordón de casas marginales que parecían atosigarla, al rodearla con un abrazo de pobreza. Nunca había visitado una ciudad más grande que Delicias. Llegaron hasta el centro. En la quinta avenida, arteria principal de la ciudad, vivía la hermana de Fernando, casada con un italiano de apellido Serio, dedicado a la construcción. Abordaron el ascensor. El apartamento estaba en el sexto piso. Leonardo, después de dudarlo, ni siquiera conocía los ascensores, y esperando que Fernando entrara, se atrevió a hacerlo con nerviosismo. Mientras subía no dejaba de pensar en lo que pasaría si se fuera la luz. Se dio cuenta de que tendría que adaptarse a muchas cosas nuevas, maravillas tecnológicas, que ni siquiera vislumbraba. Pero nada lo amilanaría. Si la gente común vivía cotidianamente con tantos adelantos, no había razón para pensar que él no pudiera hacerlo.

Fernando pulsó el timbre del apartamento 6-1. Abrió una bella mujer de unos 30 años, de nombre Mariela, que resultó ser la hermana de Fernando. Se abrazaron con emotividad. Leonardo fue presentado y ella, con amabilidad, le dio un beso en la mejilla. El muchacho se ruborizó. Le resultó extraño tal tipo de recibimiento, en especial por ser la primera vez que veía a la señora. Pero le gustó. Se dijo que a lo mejor las costumbres citadinas propiciaban un mayor acercamiento entre seres que por el trabajo y el agite de la ciudad, sólo se encontraban de vez en cuando.

▬ Bienvenidos a su casa ▬ dijo a la vez que les deparaba una amplia sonrisa, mostrando una dentadura perfecta ▬ Quiero Leonardo, que te sientas bien. Ya mi hermano me ha hablado de tus capacidades y del programa que piensan cumplir en la ciudad. Pasen a la habitación y pónganse cómodos ▬ insinuó ▬. Mi marido vendrá para el almuerzo, a eso de las doce del mediodía.

▬ Qué te ha parecido el recibimiento, Leonardo ▬ preguntó Fernando sentado en la cama y sabedor de que aquella primera impresión sería importante en cuanto a la adaptación de Leonardo a una nueva vida, muy distante de la quietud bucólica en la que había braceado hasta el momento.

▬ Estoy impresionado ▬ contestó con entusiasmo ▬ si todos los que vamos a encontrar son como tu hermana, creo que me adaptaré a la nueva vida sin muchos problemas. Percibí su sinceridad y el haberme recibido con mucha amabilidad, a pesar de verme por primera vez y sin saber quién soy.

▬ Me alegro ▬ dijo Fernando mostrando satisfacción, al entender que la magnífica impresión que había sentido el muchacho era una especie de aceptación de seguir adelante ▬. Ella siempre ha sido amable. Y te explico, es mi apreciación, que en ciudades con mucha población, las relaciones entre las personas, me refiero a las relaciones de amistad, se pueden establecer al nomás conocerse. No son muchas las posibilidades de tratarse a menudo para profundizar lazos de amistad. Claro, y en eso quiero ser sincero, a veces, por el desconocimiento del otro, esa relación inmediata puede conducir a confianzas que pueden resultar inconvenientes, pues se corre el riesgo de establecerla con personas indeseables. Entiéndalo de una vez. En las ciudades los hombres aguzan sus sentidos para obtener dinero de la manera que sea y cómo sea, lo que hace que los trucos y manejos irregulares, sean frecuentes, pan de cada día, a lo que se suma la violencia, el robo, los asaltos y hasta los asesinatos. El que se descuide, puede ser objeto de alguna estafa. Ya irás aprendiendo. Pero todo eso se compensa con las maravillas que irás viendo en nuestro peregrinar. Por otra parte, yo creo conocer mucho de este mundo y puedo con propiedad eludir esas indeseables posibilidades.

Se bañaron, se vistieron y salieron de su cuarto en dirección a la sala. Allí estaba el señor Serio, sin duda italiano, un hombre alto, de contextura fuerte, de ojos vivaces, quemado por el sol, pelo ya un tanto canoso y de manos grandes. Se paró al verlos y los saludó también con cariño. Ya sabía algo de las capacidades del muchacho y cuál era el programa que había diseñado su cuñado.

▬ ¡A almorzar! ▬ llamó la señora desde la cocina- comedor. He preparado unos espaguetis especiales para ustedes. A lo mejor nunca los han comido. La salsa es de ajo porro. Una amiga mía, llamada María, que vive en el primer piso, me los enseñó a hacer ayer. Pero a pesar de ser la primera vez que los preparo, ya los probé y están de rechupete.

Almorzaron y mientras comían entablaron un diálogo que se basó en conocer por parte de la pareja la vida de Leonardo y la forma en que emprenderían su programa de presentaciones en la ciudad.

Fernando explicó que ya había concertado una presentación en el auditorio de la universidad, una en el liceo y una en la televisión regional. Por otra parte, a un periodista amigo, le solicitó, al explicare sus planes, que cubriera con profusión los eventos a nivel local y nacional, de manera tal que al conocerse nacionalmente lo logrado por Leonardo, pudieran, como de seguro sucedería, recibir invitaciones de la capital, Caracas, y de otras ciudades importantes. Y si al concretarlas se obtenía el éxito esperado, las noticias, entonces, se harían internacionales. Después lloverían invitaciones de otros países. La presentación en la Universidad del Táchira sería al otro día, a las diez de la mañana, la del liceo a las 4 de la tarde y en la televisión estarían en un programa especial a las 7 de la noche. A todos los contactos Fernando les sugirió que debían insistir en dar a conocer y resaltar la condición de tachirense del muchacho, pues también era necesario que se pusiera emocionalmente en marcha lo del gentilicio. Por otra parte, explicó que como el liceo y la universidad no tenían recursos, se llegó a acuerdos por cantidades muy pequeñas, pero en compensación, la televisión ya que como el programa sería auspiciado por una importante industria regional, pagaría una cantidad satisfactoria.

Terminado el almuerzo, se despidieron. Irían a hacer los contactos correspondientes, y lo que era de mucha importancia, entrevistas en los periódicos locales, dando a conocer la vida de Leonardo y los pormenores de lo que había logrado con las palabras del diccionario.

Los periodistas se mostraron incrédulos, escépticos, pero como les resultaba natural en su trabajo, difundirían con propiedad los actos que se realizarían al otro día, en el auditórium de la universidad, en el liceo y en la televisión. En ellos se comprobaría lo que Fernando y Leonardo aseguraban respecto al dominio por parte de este último de las palabras del diccionario.

Todo resultó como lo habían pensado. Habría una información profusa y las invitaciones correspondientes. Los periodistas prometieron reseñar los eventos a nivel regional y nacional, lo que, a su vez, con seguridad, llegaría como noticia importante a otros muchos países.

Regresaron un poco cansados al apartamento. Estaban satisfechos. Cenarían y luego descansarían para salir en la mañana a enfrentar el primer reto, el de la Universidad, a las diez de la mañana.

Despertaron a eso de las ocho. La hermana de Fernando, atenta, les trajo café a la cama y los invitó a desayunar. Dijo que sería bueno para matar los nervios un buen bocado, preparado con carotas, queso asado, huevos y arepas, acompañadas de café con leche. Se bañaron, vistieron y salieron al comedor. No hubo comentarios, el ambiente era un tanto tenso. El nerviosismo en Fernando, más que en Leonardo, era  notorio.

Una vez que terminaron de desayunar, salieron a buscar los periódicos. Regresaron y se sentaron a leer las noticias relacionadas con ellos. En primera plana se leía: ¡Un Tachirense Extraordinario, fuera de lo común”, Según se nos ha asegurado, un muchacho de Betania, en los límites con Colombia, ha logrado como ningún hombre hasta ahora, memorizar las acepciones de las palabras contenidas en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, lo que sin duda resulta, de ser cierto, asombroso, único, excepcional. Quienes tengan dudas al respecto, pueden asistir hoy a una presentación a las 10 de la mañana en el auditorio de la Universidad, a otra en el Liceo a las 4 de la tarde o, lo que le resultará más cómodo, sintonizando  la televisora regional a las 7 de la noche, en donde profesores especialistas, en un programa extraordinario de una hora, preguntarán al joven, de nombre Leonardo Prado, las acepciones de varias palabras, escogidas al azar. Es fácil dimensionar que de ser cierta la noticia, un paisano nuestro habrá de estremecer al mundo, en especial al de habla castellana.

El Rector de la Universidad del Táchira sentado en la silla dispuesta para él, mostraba cierto nerviosismo, pues calculaba el ridículo en que quedaría si el muchacho fracasaba, los esperó a la entrada al auditorio. Mucha gente se agolpaba en las afueras de éste, pues ya su interior estaba abarrotado desde tempranas horas. En medio de fuertes aplausos, recorrieron el pasillo entre las dos filas de asientos que los llevaba al escenario. Al llegar a la escalera por la que se accedía a éste, Leonardo miró inquieto a la concurrencia. Sintió un cosquilleo que le recorrió todo el cuerpo al apreciar cómo los asistentes, en su mayoría intelectuales, profesores y estudiantes, se mostraban entusiasmados por lo que suponían era comprobar directamente un don especial, inigualable.

Todo estaba dispuesto. En diez sillas colocadas en el fondo del escenario estaban sentados los 10 profesores que escogerían las palabras; dos sillas a la derecha para él y Fernando; un micrófono de pie, en el centro; y cuatro sillas a la a izquierda, para el rector y las otras tres autoridades universitarias, que ya las ocupaban. El Rector los acompañó hasta sus puestos y de inmediato regresó al centro, ubicándose frente al micrófono. Con voz emocionada dijo:

Estimados colegas profesores, estimados estudiantes, amigos todos que nos visitan, hoy es un día de extraordinaria importancia para nuestra Casa de Estudios Superiores, porque superior es lo que ha logrado el joven tachirense Leonardo Prado, campesino de nuestro estado,  dispuesto a demostramos que todo lo que se ha dicho de su capacidad memorística, única en el mundo, es cierto. Tenemos la convicción de que el mundo hablará de él con profusión y admiración y que todas las instituciones educativas de América y Europa, se interesaran por invitarle. Terminada la presentación,  explicó de inmediato el procedimiento que se seguiría: En el fondo están sentados diez especialistas, cada uno de los cuales seleccionará la palabra que crea conveniente. Vendrá hasta el micrófono y la dará a conocer. Una vez dada a conocer, el señor Leonardo dirá la acepción o acepciones que conoce. Luego, el profesor leerá lo que dice textualmente el diccionario, para de esa forma hacer la comparación o cotejo correspondiente. Si nuestro invitado tiene dificultad en recordar la acepción de alguna palabra, ésta se pospondrá para el final, repitiéndose el procedimiento acordado después de la décima. Para conducir el programa, dejo con ustedes al profesor de literatura venezolana, Alejandro Padrón, quien ya se acerca al escenario. De nuevo, bienvenidos a este momento inigualable, inédito en la historia de nuestra Institución.

Nutridos aplausos.

El profesor Padrón, luego de saludar, llamó al primer miembro del panel de especialistas:

Profesor Roberto Chacón, por favor, denos a conocer la palabra seleccionada por usted. Por favor, señor Leonardo Prado, acérquese al micrófono.

El profesor Chacón, afectando solemnidad y después de dar la  mano a Leonardo, se acercó al micrófono y dijo: la palabra que he seleccionado es Malfetría.

Leonardo lo pensó un momento y luego con seguridad, dijo: Malfetría es mala acción, maldad.

El profesor, después de mirar al público, abrió el diccionario y leyó: mala acción, maldad.

Los aplausos fueron estruendosos. El Muchacho empezaba la prueba con muy buen pie.

Siguiendo el procedimiento, los otros nueve profesores, uno a uno fueron dando a conocer la palabra seleccionada y después de la respuesta de Leonardo, la acepción o acepciones que figuraban en el diccionario.

Profesor: Inviscación.

Leonardo: Mezcla de la saliva con el alimento durante la masticación.

Profesor: Exacto. Mezcla de la saliva con el alimento durante la masticación.

Nutridos aplausos.

Profesor: Hoste.

Leonardo: Enemigo.

Profesor: Enemigo.

Aplausos.

Profesor: Gallipuente.

Leonardo: Especie de puentes sin baranda en las acequias.

Profesor: Especie de puente sin baranda en las acequias.

Profesor: Egología.

Leonardo: Tratado del egoísmo.

Profesor: Tratado del egoísmo.

Aplausos cada vez más fuertes.

Profesor: Deterior.

Leonardo: De calidad inferior a la de otra cosa de la misma especie.

Profesor: De calidad inferior a la de otra cosa de la misma especie.

El público, en el que se iba cumulando el entusiasmo, aplaudió de pie.

Profesor: Desavisado.

Leonardo: Inadvertido, ignorante.

Profesor: Inadvertido, ignorante.

Nuevos aplausos, acompañados de algunos gritos juveniles.

Profesor: Cosmogonía.

Leonardo: Ciencia o sistema de la formación del universo.

Profesor: Ciencia o sistema de la formación del universo.

Perfecto ▬ exclamó el animador levantando la voz emocionado ▬ todas han sido contestadas correctamente, es un verdadero prodigio la memoria de este paisano.

El aplauso fue ensordecedor.

Se iba a clausurar el acto, cuando una bella muchacha, ubicada en la primera fila, elevando la voz, dijo:

Estoy emocionada. Nunca pensé que esto fuera posible. Pero, yo quiero, si el señor Leonardo accede, escoger una palabra del diccionario y así llevarme un recuerdo imperecedero de este momento.

¡Qué suba! ¡Qué suba! Gritó el público entusiasmado

Leonardo miró con detenimiento a la muchacha y sin dudarlo, le solicitó que subiera.

Los aplausos acompañaron a la muchacha hasta que subió al escenario.

La bachiller, de nombre María Jimena, estudiante de física, baja y muy flaca, pidió el diccionario, pero era tal su peso que no pudo sostenerlo adecuadamente. Entonces, optó por acercarse a una silla, lo colocó en esta y busco la palabra.

Se acercó al micrófono y leyó:

Zanguayo.

Sonriendo, Fernando la miró detenidamente a la vez que riéndose daba la acepción: Hombre alto, desvaído y ocioso y que se hace el simple.

La muchacha, mostrando admiración, con avidez leyó a viva voz: Hombre alto, desvaído y ocioso y que se hace el simple.

El público aplaudió de nuevo de pie. La muchacha se acercó y besó a Leonardo en la mejilla. Este sonrió agradecido. El animador dio por terminado el acto.

Nadie se movió de sus asientos y cuando Leonardo descendió, de pie lo acompañaron los aplausos hasta que salió del auditorio.

Afuera los ávidos periodistas, todavía sin asimilar con propiedad lo que habían visto y oído, se apuraron en tomar las consabidas fotos y después de algunas entrevistas, corrieron a buscar sus carros para ir a las emisoras y periódicos a redactar la noticia.

Entre saludos, abrazos y otras manifestaciones de admiración, Leonardo y Fernando lograron, poco a poco, caminando entre los cientos de personas que se interponían en su camino, llegar al automóvil del Rector, en el cual emprendieron el regreso al apartamento. Se aflojaron las corbatas. Estaban sudorosos, pero todo lo compensaba la satisfacción que los embargaba.

▬ Bueno, Leonardo ▬ dijo emocionado Fernando ▬ Esto no lo detiene nadie. El éxito ha sido total y con seguridad la noticia llegará a todos los rincones del país y de este, a otros países que sin dudarlo se interesarán por lograr una presentación. Por otra parte, el Rector nos obsequió un bono de 20.000 Bs. con lo cual podemos arreglarnos durante algunos días. Lo del liceo será gratis, pero la televisión nos pagará 50.000 Bs.

Leonardo no dijo nada. Seguía dudando si lo que hacía tenía razón de ser; con terquedad se preguntaba si no se trataba de un mero espectáculo. Pero de pronto, como un ramalazo de estímulo, recordó a Dolores y de nuevo consideró que la única posibilidad de poder ofrecerle una vida atractiva junto a él era logrando los recursos necesarios mediante su presentaciones.

Llegaron al apartamento, almorzaron y luego decidieron descansar un poco para ir a eso de las dos al liceo y luego, en la noche, a la televisión, a cumplir los compromisos contraídos. Fernando calculó que si bien lo del liceo no aportaría nada, sino la propaganda que del acto emanaría, lo de la televisión si les daría 50.000 Bs. contratados con una compañía de refrescos que patrocinaba el programa. Con esos 50.000 y los 20.000 de la universidad ▬ calculó ▬ sería suficiente para emprender viaje a la capital de la república. Tenía la convicción de que al conocerse en Caracas lo sucedido en el Táchira, las invitaciones no se harían esperar.

Lo del liceo fue fabuloso. Se decidió que sólo estudiantes seleccionaran las palabras. Fueron 15 y para cada una de ellas dio acertadamente la o las acepciones asentadas en el diccionario. Fue tanto el éxito y el entusiasmo de los estudiantes al ver a alguien de su edad con tales dotes, que decidieron unánimemente darle el título de “Presidente Honorario del Centro de Estudiantes”. Las palabras que se escogieron, como era de esperarse por la malicia estudiantil, fueron todas adventicias: Autolabe (Pinzas que se cierran automáticamente); Azumagarse (Enmohecerse); Comalido (Enfermizo); Discocimasio (Que tiene membrana prolífica); Forcina (Tenedor grande de tres puntas); Litopedio (Feto muerto en el útero); Gambarón (Aparejo para pescar camarones); Onfacino (Dícese del aceite que se extrae de las aceitunas no maduras); Teurgia (Especie de magia de los antiguos gentiles); Yacija ( Lecho o cama o cosa en que se está echado); Xiloma (Tumor duro o leñoso); Sobina (Clavo de madera); Acratomeli (Vino combinado con miel); Asmadamente (Atenta o consideradamente); Santofoxia (Fosa amarilla o amarillenta). Todas las acepciones fueron dadas con exactitud por Leonardo y sin pensarlo mucho, como si emergieran de una espita introducida en su cerebro que se abriera en su boca.

En el programa de televisión seleccionaron las palabras seis periodistas que estaban presentes en el estudio y seis lo fueron por el público, dadas a conocer por teléfono, en forma directa. Periodistas: Galligastro (Gallina de río); Lechugar (Podar); Morrocotudo (Dificultoso, de mucha importancia o dificultad); Otonizo (Otoñal); Petatear (Morir, fallecer); Socostabil (Que no se altera o destruye por la sequedad). Por teléfono: Siero (Aire, brisa matinal húmeda y fría); Traspared (Escondite, lugar oculto y secreto); Trastulo (Pasatiempo, juguete); Umbroso (Que tiene sombra o la causa); Valetudinario (Enfermizo, delicado, de salud quebrada); Vetazo (Latigazo).

Regresaron al apartamento. Fernando estaba eufórico. Habían empezado de maravilla, mejor de lo esperado, con triunfos contundentes, demostrativos de que podía aceptar cualquier invitación de cualquier parte del mundo. En adelante nada los podía detener ▬ se dijo ▬ aunque lo seguía preocupando que en determinado momento, Leonardo se perdiera en las cavilaciones acostumbradas y que cuando le pidiera alguna explicación, se saliera por las ramas. Deducía, conociendo al muchacho, que a pesar de los triunfos iníciales, de los que estaban gozando, éste dudaba de la idoneidad de lo que estaba haciendo.

La prensa local, nacional, latinoamericana y española utilizó las primeras páginas para resaltar la excepcional capacidad de Leonardo, a la vez que cientos de especialistas, psicólogos, literatos, astrólogos, médicos, neurólogos, fisiólogos, aventuraban vagas y confusas explicaciones, pretendiendo haber desentrañado las razones de memoria tan prodigiosa. Pero ninguna hipótesis resultaba convincente. La televisión regional hizo el negocio de su vida vendiendo a quien quisiera adquirirlo, y fueron muchos, el video grabado en el programa con Leonardo.

▬ ¿Te das cuenta de lo que está sucediendo, Leonardo ▬ preguntó Fernando tratando de oír la opinión de su pupilo ▬ ¿Ponderas lo que ha pasado hoy? ¿Te das cuenta de que ya, así, como un soplido, eres una notoriedad pública, con dimensión universal?

▬ Sí profe ▬ contestó Leonardo con desgana ▬ pero ante el bullicio, la gritería, el ir y venir desaforado de las gentes, los interminables saludos, el aparecer tan repetido en la prensa, me ponen incómodo y sin poder evitarlo añoro mi feliz aislamiento en la casucha del profesor Florencio. Sé que todo está asegurado. Que lo planificado por usted ha sido perfecto, pero tenga la plena seguridad de que si en un momento dado renuncio a seguir, lo haré para siempre.

▬ Yo te entiendo ▬ afirmó Fernando con manifiesta preocupación ▬. Te entiendo, y estás en tu derecho, pero ten la seguridad de que esa incomodidad será pasajera. Recuerda que el hombre tiene una capacidad enorme de adaptación y con seguridad tú lo harás, así como Florencio se adaptó a su vida de ermitaño…Pero bueno, dejemos de lado eso y vamos a invitar a mi hermana y mi cuñado al mejor restaurante de la ciudad: La Viña.

Subieron al apartamento y recibieron la felicitación del Matrimonio, a la vez que les agradecieron la invitación a cenar. Ellos habían visto el programa en la televisión

Con manifiesta incomodidad y preocupación, Leonardo entró al magnífico restaurante. Le costaba mucho comer a gusto con decenas de personas alrededor suyo, haciendo lo mismo. Al entrar, todos los clientes se quedaron mirándolo, y algunos, para mayor perturbación del muchacho, se acercaron a saludarlo, felicitarlo y pedirle un autógrafo.

Comió a regañadientes. No le era posible tener apetito en tales circunstancias. Ya vería ▬ pensó ▬ si terminaba por adaptarse o por sucumbir. Si no fuera por lo que vislumbraba para sus padres y para su Dolores, a lo mejor ya hubiera regresado a Betania.

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