Por: Dr. Fernando Delgado Espinoza, CIDIAT-ULA
Introducción

Los pueblos originarios del continente americano lograron desarrollar y acumular, desde tiempos remotos, conocimientos, saberes y formas organizativas complejas que permitieron el florecimiento de civilizaciones sofisticadas, llevando a expresiones elevadas las artes plásticas, la expresión oral, la arquitectura, las matemáticas, la astronomía y el conocimiento integral de la naturaleza. También desarrollaron, de manera sorprendente, significativas obras de ingeniería agrícola, utilizando tecnologías altamente eficientes para el aprovechamiento sustentable de tierras con limitaciones climáticas, topográficas, hídricas o edáficas. Desde los inicios del poblamiento americano, entre 40.000 a 35.000 años atrás, los primitivos habitantes del continente hubieron de adaptarse a condiciones naturales muy diversas y frecuentemente adversas, para asentarse progresivamente en tierras con distintos tipos y grados de limitación. Partiendo del conocimiento acumulado durante centurias, lograron desarrollar sistemas altamente sustentables de usos de las tierras, con técnicas ingeniosas para el manejo de los recursos suelo, agua y clima. Esto les permitió, entre otras cosas, desarrollar la agricultura y domesticar gran variedad de cultivos que hoy representan parte fundamental de la dieta de la humanidad, por ejemplo: el maíz, los frijoles, la papa, el tomate, la calabaza, el amaranto, la quinua y diversas especies de granos, frutas, textiles, raíces, tubérculos y otros rubros hoy ampliamente difundidos en los cinco continentes. Esta domesticación se logró en paralelo con el uso de sistemas y técnicas de manejo de cultivos altamente eficientes y ecológicamente ajustadas a las condiciones tropicales, así como al desarrollo de obras avanzadas de infraestructura agrícola que permitieron el aprovechamiento de áreas extensas inicialmente con condiciones limitantes para su aprovechamiento. Se muestran a continuación ejemplos de diversas tecnologías desarrolladas por pueblos ancestrales de América tropical para la utilización exitosa de tierras marginales, en algunos casos con severas limitaciones físicas, haciendo énfasis en: 1. sistemas de manejo de cultivos y 2. obras de ingeniería agrícola. Dada la importancia que tiene la tecnología indígena como fuente clave de información sobre la capacidad adaptativa y resiliente que exhiben algunos agricultores, los ejemplos que se muestran representan lecciones y alternativas válidas para el aprovechamiento sostenible de las tierras, en el contexto del cambio climático actual.

Sistemas de manejo de cultivos

El agricultor primitivo del trópico americano, por simple observación de la naturaleza, pudo advertir la importancia de la biodiversidad como factor determinante en la productividad global y en la estabilidad de los ecosistemas locales. La alta variabilidad de especies vegetales y el poco número de individuos de cada especie son características de los ecosistemas del trópico, y esto marcó gran diferencia entre los métodos sostenibles de cultivar en el trópico con respecto a la forma de establecer cultivos en regiones con clima templado donde la escasa variabilidad de especies dio origen al monocultivo, sistema por demás impactante en ambientes tropicales y contrario a las prácticas agrícolas sostenibles para enfrentar el cambio climático.

Algunos sistemas ancestrales de cultivo que resultan promisorios para extraer lecciones de adaptación al cambio climático en la agricultura son:

Asociaciones de cultivos de ciclo corto: técnica que consiste en combinar cultivos de ciclo corto fundamentales en la dieta de culturas originarias americanas (como por ejemplo la calabaza, el maíz y los frijoles) en espacios reducidos de áreas previamente sometidas a corte y quema, utilizando sistemas eficientes de agricultura migratoria. En el ejemplo mencionado, el maíz (Zea mays) sirve de soporte al frijol (Phaseolus spp), cultivo que aporta nitrógeno al suelo. La calabaza (Cucurbita spp) reduce el crecimiento de malezas. El sistema puede incluir otros cultivos de ciclo corto (chiles o ajíes, amaranto, algodón, raíces y tubérculos) cada uno con sus propios requerimientos agroecológicos, y ofreciendo diversidad de productos para la dieta y el consumo. La agrobiodiversidad es un elemento importante para enfrentar y adaptarse al cambio climático. El sistema es ampliamente utilizado en Mesoamérica desde tiempos remotos, comúnmente conocido con el nombre de “milpa” (Matos, 2013; Rojas 2013; Mariaca, 2015).

Policultivos con múltiples estratos: el sistema combina plantas de ciclo corto con cultivos perennes, incluyendo plantas forestales nativas, para mejorar la productividad de la tierra y la cobertura del suelo durante todo el año, aprovechando los diferentes estratos, tanto aéreos como del suelo, de distintas especies de plantas arborescentes y arbóreas con diferentes alturas y distintas profundidades de raíces. Los policultivos multiestratos exhiben una mayor estabilidad y menores declinaciones en productividad durante una sequía que en el caso de monocultivos. Comunidades más diversas de plantas son más resistentes al disturbio y más resilientes a las perturbaciones ambientales. La combinación espacial de plantas de ciclo corto con cultivos perennes que ocupan diferentes estratos aéreos modifica significativamente el microclima de los agroecosistemas e incide sobre variables como la temperatura, humedad, insolación y vientos. Otros factores, como el aporte de materia orgánica al suelo y la extracción de nutrientes a diferentes profundidades radicales son favorecidas con el uso de los policultivos multiestrato y la agrofoerestería. El cacao, un cultivo perenne domesticado por los mayas, de cobertura densa y elevada producción de hojarasca, jugó un papel clave en la conservación de los suelos bajo sistema de policultivos desde tiempos remotos al reducir las pérdidas de humedad por evaporación y mantener la humedad disponible, así como reduciendo las pérdidas de suelo por erosión (Altieri, 2008, Matos 2013).

Barbechos mejorados: consiste básicamente en la rotación o alternancia temporal de cultivos de ciclo corto de importancia en la dieta, incluyendo siempre en la rotación un cultivo principal como el maíz alternando con especies de leguminosas nativas. Fue y sigue siendo una práctica ampliamente utilizada por la agricultura mesoamericana desde tiempos remotos para la protección permanente del suelo contra los agentes de la erosión hídrica, así como también para promover una recuperación más rápida de la fertilidad del suelo por efecto de la incorporación de nitrógeno aportado por las leguminosas y de materia orgánica proveniente de la biomasa aérea y radicular de los cultivos utilizados. La práctica continúa realizándose hoy día en muchas regiones de América Central, conocida como el sistema de “aboneras” (Rojas, 2013).

Sistemas de corte y cobertura: El uso de este sistema se remonta a tiempos prehispánicos, principalmente en el aprovechamiento de tierras en laderas, utilizando residuos de vegetación o coberturas muertas para la protección del suelo contra la erosión, así como el mantenimiento de la humedad del suelo. Consiste básicamente en esparcir la semilla de un cultivo de ciclo corto (generalmente frijol) sobre la vegetación herbácea nativa procediendo posteriormente a cortar dicha vegetación a manera de cobertura muerta sobre la semilla previamente esparcida. El frijol logra germinar y emerger entre los residuos de vegetación, dejando entre suelo y cultivo una cobertura densa de residuos para proporcionar una protección elevada contra la erosión, además de reducir el crecimiento de malezas y las pérdidas de agua por evaporación. El sistema continúa realizándose actualmente en agricultura de laderas de América tropical, conocido comúnmente como “frijol tapado” (Rojas, 2013).

Obras de ingeniería para el manejo del complejo clima-agua-suelo                               

Estas obras se agrupan en función de las principales limitaciones a subsanar, mostrándose ejemplos de algunos de ellas, en distintas regiones del trópico latinoamericano. El establecimiento de muchos de los sistemas de manejo de cultivos descritos anteriormente, fue posible gracias a la recuperación y al saneamiento de tierras por medio del uso de algunas de las siguientes obras de ingeniería agrícola:

1. En tierras con exceso de agua:

Incluye obras de ingeniería hidráulica para el aprovechamiento de tierras afectadas por excesos de agua superficial, estacionales o permanentes, tanto en condiciones de clima frío como en regiones cálidas y húmedas.

1.1 Tierras con exceso de agua estacional:

Se mencionan algunas obras de infraestructura, en función del clima predominante, para el aprovechamiento agrícola de tierras con drenaje restringido y saturación hídrica del suelo durante parte del año:

1.1.1 En clima frío: campos elevados o waru-waru (El Altiplano: Perú y Bolivia)

Estas obras hidráulicas consisten en excavaciones de múltiples formas y dimensiones, generalmente alargadas y siguiendo en lo posible los patrones naturales de escurrimiento en el paisaje, conformando una intrincada red de campos elevados y canales que se alternan en el terreno. Permiten la siembra de cultivos en zonas anegadizas, mejorando el drenaje en la época lluviosa o la captación de agua para sub-irrigación de los campos elevados en la época seca, así como también controlar los efectos de las heladas sobre los cultivos en la época de temperaturas muy bajas, al aprovechar las propiedades térmicas del agua (Morlon, 1996; Almeida, 2004; Erickson, 2006)

1.1.2 En clima cálido: camellones elevados (región de El Beni en la Amazonía Boliviana; depresión Momposina en Colombia; y llanos bajos de Venezuela).

Los camellones elevados son montículos alargados o terraplenes que se construyen para permitir el aprovechamiento agrícola de áreas extensas de terrenos anegados estacionalmente, además de facilitar el drenaje de los excesos de agua en la época de máximas precipitaciones. Se combinan con el uso de sistemas de manejo sustentable de suelos y aguas, de cultivos y de la fauna silvestre acuática para conformar sistemas integrales de manejo hidráulico de planicies inundables (Herrera et al, 2004; Balée y Erickson, 2006; Vargas, 2012).

1.2. Tierras con exceso de agua permanente, en clima frío: chinampas (México):

Constituyen los “huertos flotantes” que fueron extendiéndose paulatinamente y ganando espacio dentro del Lago de Texcoco, en lo que hoy día es la Ciudad de México. Consisten en pequeñas áreas para el cultivo de granos, hortalizas y flores sobre la superficie del lago. La construcción de estas pequeñas islas se realiza mediante una armazón de tallos y troncos grandes atados con cuerdas de fibras autóctonas que luego son completadas con un entramado rectangular de ramas, cañas y troncos más delgados. Posteriormente son rellenadas totalmente con material fangoso extraído del fondo del lago. Finalmente, se realiza una siembra perimetral con árboles de sauce, para dar estabilidad a la obra. Estas estructuras tienen por finalidad ampliar el área agrícola en humedales o zonas bajo inundación permanente, proveer drenaje o irrigación sub-superficial en función de la época del año, así como contribuir a combatir las heladas gracias a la energía calórica acumulada durante el día en el agua de los canales e irradiada al entorno cercano durante la noche (Coe, 1964).

2. En tierras con escasez de agua:

Obras diseñadas y construidas para captar, almacenar y utilizar el agua proveniente de lluvias o de escurrimientos, con fines de producción de cultivos:

2.1 Cosecha de agua en clima frío: qochas (El Altiplano: Perú y Bolivia)

Son sistemas de campos deprimidos o lagunas temporales interconectadas en forma de red, con el propósito de almacenar y suministrar agua a los cultivos en zonas secas y frías, aprovechando adicionalmente las propiedades térmicas del agua para controlar los efectos de las heladas sobre los cultivos que se siembran en el borde circular de las lagunas, realizando tales siembras en secuencias temporales a medida que el frente húmedo se reduce concéntricamente por la disminución progresiva del volumen de agua almacenada (Morlon, 1996).

2.2 Cosecha de agua en climas diversos: amunas, puquios y mahamaes (sierra y litoral de Perú)

Estas estructuras incluyen una variedad de técnicas para captar agua tanto superficial como subterránea. Las amunas son zanjas abiertas considerablemente largas y siguiendo el contorno del terreno en las partes superiores de laderas con presencia de roca fracturada, lo cual permite la infiltración del agua captada en las zanjas para su aprovechamiento agrícola en manantiales localizados en la parte media o inferior de las laderas. Los puquios y mahamaes incluyen galerías filtrantes, campos hundidos o manantiales construidos, para la captación de agua sub-superficial, en zonas secas y cálidas, aprovechando los flujos subterráneos de agua desde terrenos elevados contiguos (Morlon, 1996)

3. En tierras con limitaciones por topografía: terrazas (Andes centrales: Ecuador, Perú y Bolivia)

Se incluyen ejemplos de terrazas o andenes que modifican la pendiente original del terreno para el aprovechamiento sustentable de tierras con pendientes pronunciadas y, generalmente, clima frío. Además de transformar terrenos inclinados en superficies horizontales para facilitar su aprovechamiento agrícola, incluyendo el riego, los andenes o terrazas cumplen también propósitos de acondicionamiento micro-climático al mejorar la captación de energía radiante durante el día y reducir las pérdidas radiativas durante la noche, e igualmente facilitar la mezcla de corrientes de aire a lo largo de las laderas terraceadas, todo lo cual contribuye también a reducir los efectos adversos de las heladas sobre los cultivos (Morlon, 1996; Delgado, 2004).

Conclusiones

Se destaca que, en América tropical, persisten ejemplos de sistemas prehispánicos de manejo exitoso del complejo suelo-agua-clima, que forman parte del patrimonio agrícola mundial. Estos microcosmos de agricultura ancestral son modelos promisorios que promueven la estabilidad ecológica y la auto-dependencia en un contexto de productividad sostenida, ofreciendo alternativas válidas que merecen ser estudiadas, revaloradas y promovidas para contribuir a enfrentar los retos de la agricultura contemporánea en un contexto inminente de cambio climático global.

Referencias citadas

  • Almeida, J. 2004. Sistemas de campos elevados (ridged fields) en la Sierra Norte del Ecuador. En: Saberes de vida: por el bienestar de las nuevas generaciones. R. Restrepo (Ed). Siglo del Hombre Editores. UNESCO. Bogotá, Colombia.
  • Altieri, M. y Nicholls, C. 2008. Los impactos del cambio climático sobre las comunidades campesinas y de agricultores tradicionales y sus respuestas adaptativas. Agroecología 3: 7-28.
  • Balée, W.L. y Erickson, C.L. 2006. Time and Complexity in Historical Ecology. Studies in the Neotropical Lowlands. Columbia University Press. New York.
  • Coe, M.D. 1964. The Chinampas of Mexico. Scientific American. 211: 90-98.
  • Delgado, F. 2004. Terrazas para la conservación de suelos y aguas en terrenos inclinados. Centro Interamericano de Desarrollo e Investigación Ambiental y Territorial (CIDIAT). Serie: Suelos y Clima, SC-71. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
  • Erickson, C.L. 2006. El valor actual de los camellones de cultivo precolombinos: experiencias del Perú y Bolivia. En: Agricultura ancestral, camellones y albarradas. Contexto social, usos y retos del pasado y del presente. Francisco Valdéz (Ed). Institut de Recherche pour le Développement (IRD). Ediciones Banco Central de Ecuador. Quito, Ecuador.
  • Herrera, L.F., Rojas, S. y Montejo, F. 2004. Poblamiento prehispánico de la Depresión Momposina: un sistema integrado de manejo sostenible de los ecosistemas inundables. En: Saberes de vida: por el bienestar de las nuevas generaciones. R. Restrepo (Ed). Siglo del Hombre Editores. UNESCO. Bogotá, Colombia.
  • Mariaca, R. 2015. La milpa yucateca en el siglo XVI: evidencias etnohistóricas y conjeturas. Etnobiología 13 (1): 2-43.
  • Matos, E. 2013. La agricultura en Mesoamérica. La Agricultura en Mesoamérica: la gran invención. Arqueología Mexicana. 120: 28-35.
  • Morlon, P. 1996. Comprender la agricultura campesina en los Andes Centrales: Perú y Bolivia. Institut Francais d`Études Andines (IFEA). Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas (CBC). Lima, Perú.
  • Rojas, T. 2013. Técnicas, métodos y estrategias agrícolas. La Agricultura en Mesoamérica: la gran invención. Arqueología Mexicana. 120: 48-53.
  • Vargas, J.C. 2012. Patrones de asentamiento y distribución de recursos agrícolas en dos unidades políticas prehispánicas en los Llanos Occidentales de Venezuela. Maguaré 26(1): 196-228.

Ver aquí presentación que acompaña a este artículo

Dr. Fernando Delgado Espinoza, Centro Interamericano de Desarrollo e Investigación Ambiental y Territorial (CIDIAT), Universidad de Los Andes (ULA), Mérida, Venezuela delgado.cidiat@gmail.com

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