Por: Dr. Jesús Alfonso Osuna Ceballos

La obligada pausa que ha impuesto al mundo la pandemia Coronavirus Covid-19 está acompañada de otras calamidades, el riesgo de contraer la enfermedad de millones de personas contagiadas y las muertes que el letal virus hasta hoy ha ocasionado; relevante a su vez es la recesión económica mundial que se vislumbra como el componente nefasto que más daño la pandemia ocasionará a toda la humanidad en el corto, mediano y largo plazo. Países como el nuestro y otros del denominado “tercer mundo” serán severamente afectados por la escasez de alimentos que traerá consigo hambre, mermando la capacidad de millones de seres humanos para sobreponerse a los efectos de la desnutrición crónica que padecen, los niños en particular; factor al cual se suma el pernicioso efecto de endemias que dejaron de ser controladas por desidia de muchos gobiernos.        

            La incertidumbre generada por la pandemia Covid-19 es compensada con la alegría de poder disfrutar las maravillas que día tras día nos regala la madre naturaleza a pesar de las agresiones que por siglos los seres humanos en su contra hemos cometido, y como parte de ella somos de nuevo nos entrega su majestuosa e imponente belleza; es así como extasiados con placidez volvemos a disfrutar mientras en obligado “confinamiento” gratos sonidos e imágenes que quisiéramos fueran de todos los días: en la cercanía escuchamos el canto de conocidas aves y de otras que han retornado, la gracia y  belleza de mariposas que creíamos extinguidas, abejas de flor en flor, múltiples criaturas en terraplenes adornados con reverdecidos arbustos así como en la floreciente arboleda, y en los campos de cultivo aromas de brotes diversos llenarán el aire anunciando frutos que vendrán con el verano; es el renacer de la tierra en búsqueda de la mano amiga del hombre.

            Llegó mayo con flores, trinitarias y helechos alegrando nuestro entorno; apamates en flor visten de color lila los montes y veredas siguiendo el cortejo que semanas atrás con su inigualable belleza comenzó el araguaney, después llegarán encendidos bucares seguidos por azul jacarandá que pintará con nuevo tono cálidos atardeceres rociados por generosas lluvias, y el aire se llena con aromas infinitas. Disfrutamos inmenso placer sentirnos cobijados por la imponente bóveda azul que ahora muestra todo su esplendor. Es la primavera del trópico acompañada de noches que se adornarán con luciérnagas, fugaces estrellas que junto con la  música del viento en el follaje inspiraron fantasías a los cuenta cuentos de nuestra infancia; después la pausa y el silencio que invita a la reflexión. Nos deleita la naturaleza renovando vida con amor en el planeta tierra, nuestro hogar, hogar de todos, hogar de siempre. 

            Esa estampa ligera en líneas y tonalidades de nuestro portentoso planeta revela realidad que invita a rendirle culto y con esmerado cuidado brindarle protección, reclamando acciones que deben cumplir individuos y colectividades, pero con mayor atención naciones con economías poderosas para que reduzcan devastadoras agresiones que sin tregua ni clemencia cometen contra la biosfera destruyendo recursos naturales, alterando el equilibrio que el medio ambiente necesita para albergar y conservar toda forma de vida.

            En ese contexto es necesario remarcar que en países como el nuestro productor de materia prima, la explotación para la obtención de productos mineros debería ser llevada a cabo respetando el medio ambiente usando tecnologías no contaminantes que no ocasionen daño irreversible en formaciones geológicas y ecosistemas frágiles, como está ocurriendo en el “arco minero del Orinoco” cuya explotación minera irracional continúa causando gigantesco ecocidio en la gran sabana con grave deterioro de la amazonia venezolana, reserva forestal y pulmón vegetal que contribuye con el equilibrio del medio ambiente, además en ella nacen ríos que en su recorrido antes de entregar sus aguas al Orinoco, uno de ellos, el Caroní, forma el embalse de Guri indispensable para el funcionamiento de la central hidroeléctrica “Simón Bolívar”.

            La amenaza de voraz explotación minera ahora se cierne sobre “Valle plateado” en el páramo andino, entre los municipios Uribante, Pregonero, estado Táchira y Rivas Dávila, Bailadores, estado Mérida, explotación sin estudio previo de impacto ambiental que de llevarse a cabo contaminaría fuentes de agua para consumo humano y uso agrícola en poblaciones de la vertiente tachirense y dificultaría la activación de la represa Uribante-Caparo; similar riesgo de contaminación ocurrirá en el lado merideño pues la formación montañosa de la zona que está siendo intervenida es cabecera del río Mocotíes y fuentes de agua para riego de sembradíos de hortalizas y frutales en la zona agrícola Las Playitas, Las Tapias y Bailadores, agua que además alimenta acueductos de varios caseríos, pueblos y ciudades en la denominada Cuenca del Mocotíes.

            La crisis generada por la pandemia Covid-19 ha estimulado a gobernantes, economistas, sociólogos, líderes políticos, organizaciones ambientalistas y científicos en diferentes países a discutir ideas sobre un UN NUEVO ORDEN MUNDIAL, una nueva forma de conducir las relaciones de la sociedad organizada que debería tener como norte lograr igualdad y equidad de los seres humanos y cuyos cimientos se deberían fortalecer con el pensamiento y filosofía de Jean Jacques Rousseau contenido en su obra “Del contrato social”; ideas a las cuales se sumarían nuevos haberes sociales y culturales que la humanidad ha conquistado en los dos últimos siglos. Distantes estaremos de lograr el anhelado y justo bienestar social que reclaman inmensas mayorías que viven en condiciones de total indefensión, si los fundamentos de un nuevo orden mundial están construidos únicamente sobre variables que dicta la economía-ciencia, peor aún si la evolución y comportamiento de los grandes capitales financieros son los moduladores de dicho proceso, olvidando otra vez la realidad que duele y ofende todo sentimiento de mantenerse los actuales niveles de pobreza y miseria de numerosos grupos humanos.

            No es posible pensar un nuevo orden mundial si no se toma en cuenta la salud del medio ambiente factor estrechamente relacionado con la salubridad y sistemas sanitarios de los centros poblados que a su vez dependen del saneamiento ambiental. Para que esta cadena de factores se cumpla es necesario que toda comunidad disponga de servicios básicos comenzando con el agua, de no ser así es imposible asegurar limpieza e higiene adecuada tanto de las personas como de su hábitat.

            El estudio sobre la pandemia Covid-19 realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins* señala que al mismo tiempo que la mortalidad aumente por el virus, es posible que por efecto indirecto aumenten las muertes de madres y niños menores de 5 años, muertes relacionadas con la posible alteración del sistema de salud y disminución del acceso a los alimentos; la acción indirecta del virus guarda relación con la reducción de la cobertura sanitaria que ocasiona la pandemia covid-19 al quedar de lado la atención de problemas de salud de grupos de población vulnerables, relegando programas esenciales como vacunación, atención médica en el nivel primario y reducción de cobertura de los servicios médicos rutinarios con la consecuente activación del efecto indirecto del virus.

            Dicho estudio fue realizado mediante un modelo con tres escenarios; en el menos riguroso, con baja reducción de cobertura de servicios básicos de salud de madres y niños (9,8-18,5% de 51,9%) y aumento de prevalencia de deterioro progresivo (10% de 50%) en un lapso de 6 meses tendría como resultado la muerte de 253.500 recién nacidos y niños menores de 5 años, que se sumarían a las miles que por hambre y desnutrición ocurren todos días, y 12.200 muertes maternas. Aun cuando los escenarios son hipotéticos buscan reflejar posibilidades reales para el mundo, con base en informes sobre efectos de exigencias y provisiones de la pandemia; son proyecciones para 118 países con bajos y medianos ingresos, sobre tentativos supuestos con amplio rango de resultados.

            Los resultados obtenidos demuestran que de interrumpirse los servicios rutinarios para la salud y disminuyendo la provisión de alimentos, como consecuencia de restricción del trasporte y movilización de las personas el resultado en muertes de niños y de madres será devastador. Al aumentar la pobreza y la alteración del sistema agricultura-alimentos aumentará la dependencia de productos de la región con acceso restringido para una dieta variada en nutrientes. Los investigadores advierten que estas estimaciones no intentan predecir la trayectoria de la pandemia Covid.19 pero podrían ser útiles como punto de referencia para quienes trabajan con políticas de salud y en particular sobre la pandemia Covid-19. * Roberton Timoty et al., Early stimates of the indirect effects of the COVID-19 pandemic on maternal and child mortality in low-income and middle-income countries: a modelling study. The Lancet Global Health . Available online 12 may 2020.

            El deseado triunfo en la lucha contra la pandemia COVID-19 y otros padecimientos de los seres humanos será posible obtenerlo en el menor tiempo con el auxilio de un medio ambiente sano en armonía con políticas para el desarrollo que tengan como sustento lograr pleno bienestar de la humanidad, para lo cual se requieren acciones honestas y justas para proteger la naturaleza y atesorarla como bien insustituible para nuestra subsistencia y la de futuras generaciones. Por lo tanto es necesario construir un nuevo orden mundial posterior a la  crisis generada por la pandemia Covid-19 que debería ser un nuevo orden mundial de paz, para la paz, con una economía de paz, para la paz.  

Profesor Jesús Alfonso Osuna Ceballos

ExVicerrector Académico de la Universidad de Los Andes (1980-1984).

Correo electrónico jesusosuna.oc@gmail.com

Mérida, 27 de mayo del año 2020.

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