Por: Prof. Freddy Antonio Torres G.

Existen dos perfiles de directores autoproductores. Uno sería aquellos que forman un grupo teatral para montar un trabajo teatral con claros objetivos de hacer un espectáculo y aquel otro autoproductor sería el que en contra de su voluntad y ante los múltiples problemas que cuesta para producir su obra decide erigirse como tal. Este es un trabajo autoral que pretende presentar una investigación escénica innovadora, que define su personalidad y su técnica, no un simple encargo de reteatralizar un texto literario cualquiera.

El director- autor, ante la impotencia de ver su trabajo en pie y como única alternativa posible, decide olvidar su oficio de enseñar o dirigir con tal de ver su creación en pie y se ocupa en la producción y en la gestión que no tienen nada que ver con la creación y la investigación en escena. Para comprender esta incomoda situación decido llevar a escena el texto “Carae- Lindio” como una propuesta de un texto posdramático que ensayo actualmente en la Escuela de Artes Escénicas de la Universidad de los Andes. Es una obra con 42 cuadros que toma como referencia la génesis mítica de este perfil de la montaña merideña que ha sido testigo por miles de años de los sucesos de la vida anterior a la Conquista española, de la Colonia, el siglo XIX y la época actual.

Para aclarar la problemática del director-autoproductor que nos agobia hay que hacer referencia a la vida anterior desde el año 1910 hasta 1950 aproximadamente; la situación del director de escena en nuestro país no existía como oficio reconocido. El autor y director trabajaban sus obras con escaso conocimiento de la leyes de la escena y lo hacía únicamente con las personas que ellos querían. Lo demás no existía aunque nos parezca cruel, casi imposible, pero era así. El director de escena Cesar Rengifo, que osaba presentar sus piezas teatrales con el “Grupo Máscaras” autoproduciéndosela incluso al margen de los dictados estéticos y políticos, se le consideraba un elemento incómodo. Las autoridades lo dejaban sobrevivir según los intereses del momento, y bajo una estricta vigilancia. El director que intentaba expresar sus puntos de vista innovadores se veía obligado a gestionar económicamente su compañía, su escuela y sus publicaciones. Es ésta una etapa difícil a pesar de existir muy buenos dramaturgos pero escasos actores con técnica y ningún aporte a la producción.

A principios del siglo XX se produce una etapa de atraso inverosímil y sufrían, como dicen los teatreros españoles “yo me lo guiso y yo me lo como”. Hablar de esa etapa de modernización apresurada no tiene sentido ahora. Sirvió de guía y ejemplo a otros directores que más adelante siguieron sus pasos. Un país como Venezuela, de tantas desmemorias, debería de recuperar y publicar una documentación de estos directores pioneros de la figura del director- autoproductor.

A partir de 1960, un ayer que podríamos ubicar entre 1960 y 1990, resurge un director de escena más informado en sintonía con los profesionales del exterior y conocedor de nuevas estéticas. Ese milagro lo produjo el Ministerio de Educación Pública que dirigía el doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa quien hizo posible el primer curso de capacitación teatral en 1949 bajo el director mexicano Luis Gómez Obregón, donde se dio a conocer el método de creación del actor de Constantin Stanislavsky; más tarde arribaron al país maestros de la talla de Alberto de Paz y Mateos, Juana Sujo, Petrone, Romeo Costea,  Carlos Giménez y el grupo Rajatabla. Es una etapa de crecimiento que junto al Ateneo de Caracas permitió que los directores pudieran comunicar sus ideas de forma limitada, pero insistieron. De ahí nacen los grupos independientes como alternativa a los grupos oficiales: Teatro Experimental, Teatro de Cámara y Ensayo, Teatro de Laboratorio, Teatro de Ensayo, Teatro Universitario.

Los problemas artísticos con los que se enfrentaban los directores eran, la falta de infraestructura técnica y de preparación de los actores para asumir nuevos retos estilísticos. Pero la ilusionada imaginación del director y su forma de reconversión en pedagogo solucionaba los problemas. Le presentación de los trabajos delante del público se hacían a través de la gestión y aprovechamiento de nuevos espacios. Muchos proyectos que quedaron en el camino, se perdieron en el olvido y sin embargo esta etapa fructífera marca el nacimiento de buenos grupos protagonistas de esta aventura. Grupos como El Nuevo Grupo de Caracas, Rajatabla, El Taller de Experimentación Teatral, El Grupo Compás, Contrafuego, Thalía Teatro y en el interior del país La Sociedad Dramática de Maracaibo, El Pequeño Grupo de Mérida, El Teatro Estable de Maracay, Teatro La Huella, El Teatro de Kidio España, dieron brillo a los Festivales Nacionales de Teatro.

Pero, ¿qué pasa hoy? Es verdad que los directores, actores y la gestión oficial hicieron posible una evolución lógica que nos permite pensar que después de un anteayer de sobrevivencia donde de forma oculta se sembró una semilla y un ayer revolucionario y atrevido, hoy se tendrían que recoger buenos frutos de toda una generación de directores autoproductores. Y ese fenómeno se hizo posible por  la labor brillante del Festival Internacional de Teatro de Caracas y el Ateneo de Caracas.

Después de esta etapa fértil de irradiación teatral vino de nuevo el vacío y la escasa cartelera de trabajos de calidad. Los directores inquietos se han refugiado en los centros de enseñanza teatral, oficial y privada, con la esperanza de seguir investigando. Pero la mayoría se ven obligados a seguir unos planes de estudio que olvidan ese pasado creativo. En la actualidad si un director desea realizar un montaje propio, debe entrar en contacto con un productor o con una institución para la subvención. Otro camino sería acudir a un centro de investigación pero sin remuneración económica necesaria para una eficaz puesta en escena con dignidad.

Pienso que es urgente normalizar la situación caótica del teatro y obligar al estado a subvencionar los espectáculos autoproducidos por los directores. ¿Qué pasaría si se creara una línea de subvenciones exclusiva para estas producciones en el país?¿Qué ocurriría si crearan teatros y circuitos exclusivamente para estos espectáculos que ya existen en una cierta cantidad y  calidad  en Venezuela en este tiempo de crisis? Es urgente normalizar la situación del director autoproductor para evitar las migraciones a otras latitudes.

Freddy Antonio Torres. G.

Dramaturgo- Profesor de la Escuela de Artes Escénicas de la Facultad de Arte de la Universidad de Los Andes-Venezuela. Individuo de Número, Sillón 1 de la Academia de Mérida, Venezuela.

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