La Academia de Mérida, como institución representativa de la cultura, obligada como está a desarrollar sus fines en el ámbito de una sociedad organizada conforme a la Constitución y que se ajuste a los valores superiores del ordenamiento jurídico, como son la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia y la responsabilidad social, bajo la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político, debe cumplir la obligación legal y moral de manifestar su preocupación ante la grave crisis que afecta al sistema democrático, al régimen económico y a las relaciones sociales. La Academia tiene entre sus fines la promoción del arte y de la ciencia, el estímulo de las actividades del espíritu, la defensa del medio ambiente y del patrimonio cultural de Mérida. Tiene la obligación de apoyar a sus miembros para la creación, investigación, publicación y difusión de trabajos en sus respectivas disciplinas, la publicación de la Revista de la Academia de Mérida y la creación de un fondo editorial. Estas finalidades solo pueden ser alcanzadas en un clima de convivencia y tolerancia que asegure el ejercicio del derecho al trabajo bien remunerado, a la educación, a la salud, a la justicia social y a la cultura. Tal clima hoy no existe.

La Academia de Mérida reafirma su propósito de cumplir sus fines y objetivos aún en las graves circunstancias que afectan su normal desempeño. Está en el deber de señalar que el deterioro de la situación política, económica y social afecta gravemente los presupuestos e impide la reposición y la reparación de los equipos, las remuneraciones se hacen insuficientes, la inseguridad es cada día mayor; los servicios públicos nacionales y locales, en particular la electricidad, Internet, transporte público, alumbrado público y aseo urbano muestran fallas permanentes. A la Academia se le hace imposible la edición de su  revista,  mucho menos mantener un fondo editorial. Como toda la población, se ve afectada por el incumplimiento de las normas, procedimientos y lapsos sobre la elección y nombramiento de los funcionarios públicos que desnaturaliza el Estado Democrático, Social de Derecho y de Justicia, Federal y Descentralizado. También preocupa el deterioro de la atención de la salud, la mala calidad de la educación, la escasa producción agrícola y de la pequeña y mediana empresa, la caída del turismo y la decadencia de la ciudad.

 La  Academia de Mérida comparte las angustias de los merideños que sufren el menoscabo de sus condiciones de vida y ven a su ciudad culta, universitaria, estudiantil  y turística deteriorarse por efecto de políticas públicas equivocadas. Sus miembros sienten  el profundo dolor de las familias desgarradas a causa de la emigración, que amenaza el buen desenvolvimiento de sus más importantes instituciones, en especial a la Universidad de Los Andes, como comunidad espiritual de profesores, estudiantes y egresados que buscan el conocimiento.

Ante esta crisis total, la Academia de Mérida llama a la unidad de los merideños sin exclusiones, a aportar su esfuerzo personal, comunitario e institucional para restablecer la efectiva vigencia de la Constitución, del Estado de Derecho y de la institucionalidad democrática, y con el esfuerzo de todos se pueda construir una sociedad justa que valore las virtudes cívicas, de la familia, de la cultura y del trabajo honrado. Exhortamos a los gobernantes y políticos a asumir plenamente sus responsabilidades para que el Estado recupere su fin fundamental de asegurar el bienestar y la prosperidad.

La Academia de Mérida reitera su disposición de contribuir con todas las intuiciones y con las organizaciones de la sociedad civil para alcanzar  estos propósitos.


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