Por: Dr. Carlos Guillermo Cárdenas D.*

Después de la figura egregia del primer obispo de Mérida Frai Juan Ramos de Lora, que creó la Escuela de Educación para niños pobres que luego se transformó en la Universidad de Los Andes, el doctor Pedro Rincón Gutiérrez resalta como uno de los hombres que más le aportó a la universidad y a la ciudad en estos años de vida republicana.

Aunque nacido en la Cañada Estado Zulia el 24 de julio de 1923, se radicó en Mérida desde temprana edad para estudiar el bachillerado en el Colegio San José de los Jesuitas, de manera que muchos lo consideraban merideño. En Mérida alcanzó la madurez y casó con la merideña Irlanda Chalbaud Zerpa de fuerte raigambre andino. La primaria la cursó en la Escuela San José de Táriba regentado por los padres Salesianos. El maestro José Luis Cárdenas Arellano, mi bisabuelo paterno, siempre lo recordó como uno de sus alumnos.

Durante el primer rectorado (1958-1972) del doctor Rincón, la obra fue tan grande y extensa que puede considerarse como el periodo en que la universidad realmente alcanzó rango nacional y latinoamericano. La creación de facultades y escuelas, institutos de diversa naturaleza, departamentos y centros de investigación, el fomento de la cultura y el arte, la música y escuela de idiomas, los núcleos de Trujillo Rafael Rangel y del Táchira que lleva su epónimo, así como las cinco extensiones de la Facultad de Medicina para los estudios médicos es parte de la obra magnánima.

Se consideró para aquella época que la modernización de la universidad contribuía al impulso de la ciudad. Al proyectarse como una ciudad eminentemente universitaria y cultural, la obra del doctor Rincón se vinculó al progreso de la ciudad.

La universidad creció numéricamente en cantidad y en calidad. Decenas de profesores de otras latitudes tanto de América Latina como de Europa central, reforzaron la planta profesoral que permitió un desarrollo académico como ninguna otra universidad del país.

La institución se hizo grande, la educación universitaria de 4º nivel recibió todo el impulso y apoyo en la primera gestión rectoral. Especialidades y maestrías no sólo en el área de la salud y las ciencias médicas, también en las ciencias exactas y sociales ocuparon un lugar privilegiado dentro de los programas académicos.

El doctor Rincón tuvo visión futurista al adquirir terrenos ubicados estratégicamente en la ciudad, que permitió la creación de tres núcleos. El núcleo de Campo de Oro de Ciencias de la Salud, el núcleo de Liria de ciencias sociales en la avenida Las Américas y las ingenierías y las ciencias en el núcleo de La Hechicera.

La adquisición de terrenos también contribuyó a la construcción de urbanizaciones para los profesores, empleados y obreros.

El doctor Rincón fue un apasionado defensor de la Autonomía Universitaria. Preocupación que compartió con el rector Jesús María Bianco de la Universidad Central de Venezuela. Encabezó multitudinarias marchas en las principales ciudades del país exhortando la defensa de la autonomía.

El impulso de la actividad académica promovió la creación del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico y el Consejo de Estudios para Graduados. La Universidad de Los Andes durante muchos años ocupó el primer lugar en producción científica, posición que compartió con la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar.

Como egresado del Colegio San José de Mérida, la formación jesuita le permitió moldear su personalidad y su desarrollo intelectual. Brillante estudiante, también lo fue en el deporte, así se testimonió con la conmemoración del segundo encuentro de egresados del Colegio San José de Mérida, celebrado en octubre de 2001.

El primer rectorado del doctor Rincón fue tan amplio y prolífero, que sería in extenso describirlo en esta reseña.

A días de la caída del General Pérez Jiménez, fue designado rector por el ministro de Educación doctor Julio De Armas. Luego el claustro universitario lo eligió rector en septiembre de 1959.

La obra universitaria del doctor Rincón, que algunos califican de polémica y controversial, nunca podrá negar los valiosos aportes que a la institución universitaria y a la ciudad.

Cuando el doctor Rincón recibió la Universidad de Los Andes, era una institución, es verdad bicentenaria, de dimensiones pequeñas. Al concluir el primer rectorado de 14 años, era la segunda universidad del país.

La ciudad tomó un impulso vertiginoso. La universidad fue dotada de un patrimonio propio, que abarcó gran parte de la ciudad. 

Luchador de primera línea y comprensivo maestro y compañero en el camino del quehacer universitario constituyeron un sello de su personalidad. Dotado de una especial lucidez, la supo conjugar con su sencillez y humildad.

A mentes muy lúcidas del mundo universitario se le escuchaba señalarlo como un pionero de la modernidad de las universidades de aquellos tiempos.

Bajo su rectorado se creo el primer departamento de Medicina Social de universidad alguna venezolana. El doctor Carlos Esteban Chalbaud Zerpa señaló que comenzando su primera gestión rectoral se realizó en Mérida el primer Seminario Nacional de Educación Médicas, justo cinco años después de haberse realizado el primero a nivel mundial en la ciudad de Londres.

De esta manera la Universidad de Los Andes fue abanderada en la realización de las pasantías rurales de los estudiantes del último bienio de la carrera de medicina. La creación de la Asociación de Facultades de Medicina se impulsó en su gestión rectoral.

Las estrechas relaciones de la Universidad con la ciudad motivaron al gran ensayista merideño Don Mariano Picón Salas afirmar que Mérida era una universidad con una ciudad por dentro.

Esa proyección de la universidad hacia el entorno se hace tangible con la iniciativa de la creación de la Fundación del Liceo Nocturno Florencio Ramírez. Igual podría afirmarse de la fundación de la Escuela de Enfermería y del apoyo de la universidad en la construcción del Teleférico de Mérida, obra turística única en la Venezuela actual.

La creación de la Corporación de Los Andes también recibió el estímulo el doctor Rincón.

Volviendo a los hechos más resaltantes de la gestión, mencionaremos el Centro de Investigaciones Jurídicas, Instituto de Investigaciones Cardiovasculares, Centro de Investigaciones Literarias, Centro de Investigaciones de la Altura e Instituto de Microscopía Electrónica.

Preocupación del rector Rincón Gutiérrez estuvo en la dotación a la Universidad de Los Andes de un patrimonio propio además de gestionar los recursos necesarios para la construcción del Hospital Universitario de Los Andes (HULA).

Una observación que el doctor Rincón Gutiérrez siempre nos comentó. Para la construcción del HULA, la Universidad donó el terreno en la antigua hacienda Campo de Oro a cambio que el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social para la época, donara la manzana completa asiento del antiguo Hospital Los Andes. Esto nunca se cumplió. Y a pesar de las gestiones realizadas en distintos periodos rectorales, el terreno del antiguo hospital no se cedió a la Universidad.

La creación de la Escuela de Arte, Ballet, Música y Pintura. Los talleres gráficos de la Universidad de Los Andes. El programa de becas para el personal docente fue tan provechoso, que cerca del 70% de los profesores de escalafón tuvieron la oportunidad de salir en condición de becarios o años sabáticos. Se construyó las residencias estudiantiles, se organizó el comedor universitario y el transporte para los estudiantes y empleados de la institución.

La creación del Laboratorio Nacional de Productos Forestales, el Astro Físico de Llano Alto dotado de excelentes telescopios, la estación de ganadería de altura en el Joque y el Centro para el Desarrollo Integral de Aguas y Tierras fueron otros logros bajo la gestión rectoral del doctor Rincón.

Se publicó el opúsculo titulado Desarrollo de la ciudad Universitaria, que vislumbraba el desarrollo conjunto de la ciudad y la universidad. La concepción de la ciudad universitaria contemplaba el núcleo Médico-biológico en los terrenos de Campo de Oro, el núcleo de Forestal en las adyacencias del río Milla de los Chorros de Milla, el núcleo Técnico Científico Humanístico, el núcleo Cultural Educativo y el núcleo Santa María. Posteriormente, con la asesoría de PLANDES, la concepción anterior cambió a tres núcleos, Campo de Oro, Liria y La Hechicera. En nuestra gestión como vicerrector académico 1988-92 y 96-2000, se le dio toda la promoción para iniciar el desarrollo del núcleo médico. Lamentablemente el apoyo de entes públicos nacionales se vio mermada.

Supo soportar las mayores agresiones contra él y contra la institución. Su condición de hombre amplio y tolerante, con sentido holístico del quehacer humano, le permitió sortear con creces la intolerancia al desarrollo de una obra que se elevó a los más altos niveles académicos.

Su rectorado no estuvo exento de momentos tumultuosos. Secuestrado en el recinto del Consejo Universitario, en una oportunidad casi queman la silla rectoral. La intervención oportuna impidió este agravio a la institución.

En el año de 1968, cuando el grupo estudiantil socialcristiano tomó las instalaciones del rectorado en represalia al secuestro de dos profesores de la misma tendencia en la Facultad de Farmacia, la prudencia y la ponderación del doctor Rincón evitó que la crítica situación adquiriera mayores dimensiones.

En 1969, la Universidad de Los Andes se vio envuelta en graves actos de violencia que dieron con la muerte del bachiller Domingo Salazar un medio día del 18 de noviembre. Tres días más tarde mi promoción de médicos cirujanos tenía previsto el acto de graduación el 21 de noviembre. Nuestra promoción hizo solicitud que se cumpliera el acto de graduación como estaba provisto. El rector Rincón se negó mientras la fuerza pública estuviese en el recinto universitario. Al final, en una solución salomónica, el rector nos graduó el sábado 22 de noviembre, a partir de las 700 am, sin toga ni birrete, sin fotografía a la entrega del título e imposición de la medalla. La primera vez que hice uso de la vestimenta académica fue cuando me juramenté como vicerrector académico en septiembre de 1988.

La toga que utilicé me la concedió el doctor Rincón en el acto de entrega de su última gestión rectoral. Esa toga y birrete la conservo cuidadosamente en mi casa, pues fue la que usó el rector durante su rectorado. Cuatro personas, aparte de mi persona la han llevado, el doctor Robert Leachman, jefe de cardiología del Texas Heart Institute, Houston Texas, el doctor Miguel Ángel Burelli Rivas ex candidato presidencial, el doctor Juan Carlos Avendaño Angola con motivo de su grado como especialista en cirugía y la doctora María Eugenia Noguera.

Muchas remembranzas y anécdotas se han vinculado al doctor Rincón a lo largo de su fructífera vida como profesional de la medicina y rector. Desde la vez que fue secuestrado en el propio automóvil del rectorado con su fiel chofer Ramón Puccini hasta cuando se quedó dormido en mi casa después de un cumpleaños celebrado en casa del señor Ciro Uzcátegui, que celebraba junto con los doctores Carlos Febres Pobeda y Joaquín Mármol Luzardo, el cumpleaños el 31 de diciembre de 2002.

Un mes antes de su fallecimiento, el doctor Rincón acudió al Servicio de Cardiología del Hospital Universitario para consultar sobre la dolencia que le producía opresión precordial y cierta fatiga. Después de la valoración clínica y electrocardiográfica, se le recomendó la realización de la prueba ergonométrica o prueba de esfuerzo, tan pronto fuese posible. La prueba de esfuerzo nunca se le realizó. Un mes más tarde, aproximadamente a las 9:00 am, el doctor George Inglessis Varela, cardiólogo y amigo personal del doctor Rincón me llamó: “Perucho falleció hace unos minutos”.

Creo no pecar en exceso al afirmar que la figura del rector Pedro Rincón Gutiérrez ha sido de las más relevantes de la ciudad y un universitario reconocido nacional y latinoamericanamente.

Hombre de una gran visión, siempre conjugó el talento con la proyección a mediano y largo plazo. La misión y la visión de la institución la entendió en el sentido más profundo y amplio. Fue un hombre de proyectos que miraban por encima del macizo de la Sierra Nevada.

Estas letras quieren testimoniar el eterno agradecimiento de la comunidad universitaria ulandina a una vida ejemplar y a una obra que con el tiempo se agiganta como un aporte inconmensurable a la consolidación de nuestra institución.

El doctor Rincón, lector incansable y pensador de alto vuelo entendió en amplio sentido el concepto de Universidad. La universidad cuyas raíces se remontan a la época de Sócrates, siglo IV ac, luego Platón, su discípulo y más tarde Aristóteles. Estas instituciones que en la edad media funcionaron como claustros, con un componente profundamente religioso y profesional.

El doctor Rincón Gutiérrez vocacionalmente se inclinó por la medicina cuando aún adolescente llegó a las aulas de la Universidad de Los Andes. Descolló como un estudiante sobresaliente y aventajado.

Con criterio clínico acertivo, dedicó su vida a la obstetricia e ginecología con su maestro el doctor Antonio José Uzcátegui. Aquilató sus conocimientos y su destreza con sabiduría. La atención esmerada a la paciente parturienta fue un signo de su labor médica. Mi madre fue atendida por el doctor Rincón conjuntamente con el doctor Uzcátegui Burguera cuando con mi nacimiento.

Como profesor, fue un maestro dotado de excepcionales virtudes. Sus clases las caracterizó con capacidad para enseñar y trasmitir el conocimiento. Su verbo diáfano cautivaba al estudiante. Enseñó lo útil para la buena práctica clínica, desechando aquello que no aportaba al mejor diagnóstico y tratamiento. El doctor Rincón Gutiérrez se apoyó en el concepto humanístico aplicado al ejercicio médico como la expresión más sublime en la práctica clínica.

Nunca dejó de ser médico, pues en el largo ejercicio rectoral, aplicó criterios de diagnosticar primero para luego indagar la solución.

En la infinidad de oportunidades que caminó por el patio central del Edificio Rectoral, recordó que la estatua del Fraile fundador y peregrino, con sus manos de infatigable caminante sustenta la casita que evoca la Casa de Estudio que fundó Ramos de Lora.

La Universidad lo recordará como el rector de rectores, el rector magnífico, el rector amigo, el rector del afecto. La sencillez fue el signo de su vida que lo acompañó hasta en los momentos más encumbrados de su quehacer universitario y político. “Importante no soy yo, importante es la gente”, acostumbraba a expresar como invocación a su señora madre doña Vitalia.

Su deceso fue sentido en todos los sectores de la vida merideña, desde el profesor de mayores credenciales, el investigador más dotado y el merideño mas conspicuo, hasta el estudiante, el obrero, el ama de casa y el común. Una muchedumbre que desbordó las calles de la ciudad se volcó a despedirlo. Al lado de las autoridades universitarias presididas por el rector Genry Vargas Contreras, el claustro universitario, los consejos de facultad y escuela, numerosos estudiantes y profesores y el pueblo merideño, acudió a su última morada.

Escribir sobre la figura egregia del rector Rincón en nada es tarea fácil, pues son tantos los recuerdos que se evocan, que mi pluma se desboca en un torbellino de ideas que intenta evitar el olvido de acontecimientos relevantes. Los encuentros con el rector de rectores fue siempre un gratificante acontecimiento. 

La imagen del rector y la institución a la que dedicó lo mejor de su vida, estarán indisolublemente unidas, atraídas por la fuerza que se sobrepone a todo humano desafío. El rector Rincón vivirá en el corazón de todos los universitarios y emeritenses. En vano no será su trajinar de tan largos años por los caminos ulandinos. La huella perenne sobrevivirá los tiempos por venir. Esa Universidad que le dio perfil de magnanimidad y grandeza. Que la proyectó en lo más alto y sublime de todo acontecer humano.

Al cumplirse el primer centenario de su nacimiento, recordaremos que Perucho estará atado a la Universidad y la Universidad a su memoria.

CGCD.

* Miembro Correspondiente Estadal de la Academia de Mérida.

21 de abril de 2023

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