Por: Dr. Néstor López Rodríguez, Orador de Orden

Agradezco, al Sr Presidente de la Academia de Mérida y a todos sus integrantes así como a los hijos del Dr. Hugo Dávila, el honor que me conceden al permitirme pronunciar estas palabras, en el homenaje que se le rinde a nuestro mas distinguido Profesor. Me unen al homenajeado lazos de amistad que se remontan a mi niñez en Ejido, además fuimos vecinos en Mérida durante mis estudios universitarios, fue padrino de mi promoción de Médicos, colega Profesor en la Facultad de Medicina y compañero en el partido político que militamos; razón por la cual conozco a profundidad la labor desarrollada por el Dr. Dávila en beneficio de Mérida, de la Universidad de Los Andes, de sus alumnos y fundamentalmente de la salud de sus pacientes en todos los lugares que le correspondió actuar como médico, como gerente, como político o como ciudadano.

Dr. Hugo Dávila Lamus
(1924-1999)

Hugo de la Trinidad Dávila nació en La Azulita, Municipio Andrés Bello del Estado Mérida y su primera formación la recibió de los jesuitas, en el Colegio San José de Mérida, en una época cuando esa institución, la de mayor jerarquía académica en la educación primaria y secundaria de nuestro estado, se dedicaba a formar como líderes a los jóvenes que de todo el país enviaban las familias a Mérida, para cursar como estudiantes residentes en el colegio a quienes llamaban internos y los ya residentes en la ciudad, estudiantes externos. Allí recibieron de los jesuitas, en su gran mayoría extranjeros, ideas de avanzada que los preparaban para enfrentar la dictadura de Juan Vicente Gómez y las que posteriormente asolaron nuestro país.

Cursó sus estudios de Bachillerato en el Liceo Libertador para continuar sus estudios de medicina en la Universidad de Los Andes, y al igual que sus compañeros, se trasladó en los dos últimos años de su carrera a Caracas, para recibir su titulo de Médico en la Universidad Central de Venezuela, que tenia mayor prestigio y reconocimiento nacional que nuestra institución. Eso constituyó para él  un estimulo que lo llevó luego a trabajar con ahínco para que nuestra Facultad y nuestra Universidad alcanzaran un nivel similar o superior a las otras universidades del país.

Recién graduado en 1947, inicia su ejercicio profesional en la Costa Oriental del Lago, donde ocupa el cargo de Jefe del Departamento Médico de la empresa petrolera V.O.C. y en 1.950 para fortuna de nuestro pueblo, es designado Médico de Ejido, donde desde su trabajo en la Medicatura y en la visita a los pacientes en sus domicilios, demuestra sus conocimientos médicos y su calidad humana, que lo transforman en el líder de los jóvenes del lugar que todos queríamos emular.

Complementa el joven médico su actividad en el pueblo ejidense, asistiendo a las reuniones políticas que se realizaban en la casa de mi tío, el líder urredista, Francisco Melgarejo, Don Pancho, donde participaban dirigentes adecos, urredistas y del partido comunista, junto con invitados que llegaban de Mérida o de otras partes del país. Allí nació nuestra amistad que se consolidó cuando recibí sus cuidados médicos, después de haber sufrido un accidente al patinar por las empinadas aceras de la calle Fernández Peña, este traumatismo  se complicó con una osteomielitis, que fue tratada por el Dr. Dávila con las primeras dosis de antibiótico que llegaron a nuestro estado.

Su salida de Ejido y su traslado a Mérida en 1.953 fue traumática para el pueblo, pues no era solo el médico el que se iba, era el líder y  el amigo de todos. Fue necesario apelar a los consejos de los sacerdotes de las parroquias Montalbán y  Matriz, para convencerlos que era lo mejor para el joven médico, quien se convertiría en un Profesor Universitario con gran futuro, pero seguiría pendiente de los ejidenses desde Mérida y  solo con la oferta de que en muchas ocasiones se trasladaría a Ejido para garantizar la salud de sus habitantes, concluyeron las protestas generadas.   

Al llegar a Mérida, se residencia en una casa ubicada en la avenida 3 Independencia, cuadra y media arriba del viejo Hospital Los Andes y justo al lado de la casa de mis padres. Allí vimos crecer, graduarse y triunfar a sus hijos y fuimos testigos de su actividad como médico, como profesor y como político en su lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Incluso la pared del fondo de nuestras casas y la de los vecinos, José Plaza y Hugo Paredes, fueron derribadas hasta niveles convenientes para permitir una rápida salida cuando aparecía la visita de la temible Seguridad Nacional. Los niños y jóvenes cumplíamos la misión de alertar cuando había movimientos policiales sospechosos en nuestras zonas.

El Dr. Dávila ya en Mérida ingresa como Profesor de la Facultad de Medicina, donde ya  tenía una muy buena relación, por cuanto desde 1.951, cumplía la función de Representante de los Egresados en el Consejo de la Facultad. Desde sus inicios cumple una excelente labor como Profesor de las Cátedras de Patología Médica, Patología General, Clínica Semiológica, Clínica Propedéutica General y Clínica Médica.

Durante los años 1.961 y 1.962 realiza sus estudios de postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología en la ciudad de México, especializándose en el área de  Nefrología, donde junto con sus profesores y compañeros de postgrado fue autor y coautor de cuatro trabajos de investigación, aceptados y presentados en el IV Congreso Mundial de Cardiología realizado en México.  Al regresar a Mérida, quienes habíamos sido sus alumnos nos reunimos y acordamos por unanimidad proponerlo y designar con su nombre a nuestra Promoción de Médicos Cirujanos, que recibió sus títulos el 13 de julio de 1.963 en el Aula Magna de nuestra institución. Ese fue nuestro reconocimiento a quien considerábamos uno de los mejores profesores en las asignaturas que le correspondió dictar.

El Dr. Hugo Dávila fundó el servicio de Nefrología en el Hospital Los Andes y en Noviembre de  1964 creó la cátedra de Nefrología de la Facultad de Medicina de la Ilustre Universidad de Los Andes e igualmente fundó el Laboratorio Clínico de Nefrología, indispensable para el futuro desarrollo de la Nefrología en la Facultad de Medicina y en el Hospital Universitario de Los Andes. Se convierte así en el Pionero de la Nefrología en Venezuela.

Al Dr. Dávila se le debe la creación de la Sociedad Venezolana de Nefrología y sus trabajos científicos y académicos fueron presentados en el Congreso Mundial de Cardiología en México y en las reuniones de la Sociedad Latinoamericana de Nefrología realizados en Bogotá, en Buenos Aires y en Caracas. En 1.980 su tesis sobre la Nefropatía Diabética constituyó un aporte científico importante para la solución de los problemas de salud de los pacientes diabéticos.

El éxito en su labor académica y gerencial no solo se debió a sus profundos conocimientos científicos, sino también a su generosidad, que interpretando la realidad que se vivía, permitiese que los pacientes fuesen atendidos por profesionales bien formados. Su amplitud política aplicada en su área de trabajo médico, le permitió organizar un equipo multidisciplinario integrado por Médicos y Licenciados en Bioanálisis, eligiendo este personal entre los mejores profesionales, sin distinción de su pensamiento o ideología política, para así formar un  numeroso grupo de Nefrólogos, quienes luego completaron su formación, mediante becas de la Universidad y de Sanidad, en Instituciones de máximo nivel, en países desarrollados del mundo. Hoy día, se encuentran cumpliendo su labor, en diferentes hospitales del país y del exterior. Podemos afirmar que creó una verdadera Escuela en el área de la Nefrología y sus postulados se mantienen hasta la fecha.

Entre sus colaboradores mas cercanos al inicio del proyecto es preciso mencionar a los Doctores Virgilio Paz Martínez, Jorge Molina Bourgoin, Jorge Alvarado y Miguel Rondón Nucete y a los Bioanalistas José Tomas Montilla, Danilo Molina y Cándida Colmenares. Los médicos se formaron en Clínica Nefrológica, Hemodiálisis, Histopatología Renal, Técnicas de Inmunofluorescencia y los Bioanalistas en el trabajo de Laboratorio de Electrolitos, Técnicas Nefrológicas y Hemodinamia Renal, para juntos constituir un equipo ejemplar, que logró resultados palpables en la asistencia a los pacientes, e igualmente en la docencia y en la investigación.

En 1.967 el Dr. Dávila junto con el Dr. José Rafael González quien regresaba de sus estudios de postgrado en Francia, inician un proyecto para realizar Hemodiálisis en el viejo Hospital Los Andes y después de innumerables gestiones logran convertirlo  en realidad en 1.972 cuando el Instituto Nacional de Hipódromos, en cuya presidencia se encontraba un distinguido Merideño el Ingeniero Mario Mauriello, donó los valiosos equipos, necesarios para garantizar su eficiente funcionamiento en el Hospital Universitario de Los Andes.  Esto sirvió de base fundamental para que años mas tarde, en 1.977, se llegara a consolidar el Programa de Trasplante Renal en Mérida, en el Hospital Universitario de Los Andes, con la participación de los Urólogos David Arana y Nerio Calderón,  del Cirujano José Luis Guzmán y del Servicio de Nefrología bajo la dirección del Dr. Jorge Molina Bourgoin.

En 1.970, el Dr. Dávila integra la Comisión designada para planificar y ejecutar la apertura del Hospital Universitario de Los Andes. Esta Institución recibía en su seno las actividades que se desarrollaban en el viejo Hospital Los Andes de la avenida 3, las de la Maternidad Mérida de la avenida Urdaneta y las del Hospitalito de Niños de Belén.

Él presidió en aquella época la Comisión encargada del Reglamento de Departamentos y Cátedras de la Facultad de Medicina, adaptándolo al Proyecto titulado “El Hospital Universitario: Factor para la Docencia de Pre y Post Grado de la Facultad de Medicina˝. Ese Reglamento constituyo el primer paso importante para coordinar la enseñanza de las materias básicas de la Medicina con las actividades clínicas y de investigación.

El Dr. Dávila junto con el Dr. Isaac Abadí, Director de la Secretaría de los Servicios Médicos del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y el Dr. Rafael Chuecos Poggioli, Coordinador Docente del Hospital Universitario de Los Andes, elaboraron la programación docente asistencial de la nueva institución y en su condición de Jefe del Departamento de Medicina forma parte de la Comisión Programadora del nuevo Hospital.

Mérida y el Hospital Universitario de Los Andes le deben al Dr. Hugo Dávila y al Dr. Alfonso Guzmán Brito todas las gestiones realizadas para la adquisición y puesta en funcionamiento del Primer Tomógrafo en Mérida. Ellos lograron la remodelación de la planta física del área donde hoy funciona y los equipos indispensables para que nuestros pacientes pudieran contar con el servicio de Tomografía Axial Computarizada.  Lograron también la modernización de otros servicios de radiología. Los múltiples viajes a Caracas para presentar proyectos al Gobierno Nacional y el apoyo de su hijo, el Gobernador del Estado Mérida, para el momento, Dr. William Dávila Barrios, hicieron posible convertir en realidad esa exigencia de modernización de nuestra estructura de salud.

Su actividad como docente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes la desarrolló en las asignaturas Medicina Interna, Nefrología, Clínica Semiológica, Nosografía Medico Quirúrgica, Patología Médica y Clínica Médica. Quienes fuimos sus alumnos lo recordamos, no solo por la profundidad de sus conocimientos sino también por la capacidad didáctica, que convertían sus clases en el lugar donde no solo se adquirían conocimientos médicos sino también como llevar a la practica los conocimientos adquiridos.

Su interés por la docencia lo llevó en 1.975 a organizar el postgrado de Nefrología convirtiéndolo en uno de los primeros estudios de cuarto nivel reconocidos, que le permitió formar Nefrólogos que hoy cumplen función docente asistencial no solo en el país, sino también en el exterior.

En la Facultad de Medicina ocupó cargos de Jefe de Cátedra, Jefe de Departamento, Representante de los Profesores al Consejo de Facultad y Decano Encargado de la Facultad. En 1.973, mas por presiones de su partido que por su interés en un cargo, que le obligaba a dejar a un lado su actividad asistencial y el contacto con sus pacientes, participó en la elección para Decano de la Facultad de Medicina y apenas por dos votos no logró ganar la elección y quien les habla, declarado ganador, contó siempre con su asesoramiento, su experiencia  y su respaldo en el ejercicio del cargo, pues como universitarios, contendores en un proceso electoral, nuestro objetivo era el cabal funcionamiento de nuestra Facultad para formar médicos que nos hicieran sentir orgullosos de su calidad profesional, académica y humana.

Fue Padrino de numerosas Promociones de Médicos Cirujanos. El se  preocupó siempre por el destino de sus ahijados, colaborando con ellos para lograrles buenos sitios de trabajo, becas y cursos de postgrados. Esta generosa labor mereció el reconocimiento de quienes fueron sus alumnos. El 13 de julio de 2013, un numeroso grupo de integrantes de la Promoción de Médicos 1963, acompañados de sus familiares, con motivo de sus 50 años de graduados, le rindieron un emotivo y justiciero homenaje, ante su tumba en el Cementerio de la Inmaculada.

En el ejercicio de la profesión de Médico recibió el reconocimiento de sus colegas y de sus pacientes por su capacidad de realizar diagnósticos precisos, sin el apoyo de exámenes de laboratorio y otras tecnologías no existentes para la época, basado solo en una profunda observación y evaluación de signos y síntomas, un examen físico riguroso y sus conocimientos médicos, que le conferían no solo “ojo clínico” sino también criterio clínico, garantía del diagnóstico correcto.

En el ejercicio privado de la profesión constituyó junto con un grupo de colegas, el equipo  fundador de la Clínica Mérida, primera institución cuya infraestructura fue construida especialmente para la prestación de salud privada en la ciudad de Mérida. Fue un médico muy generoso y en su consulta privada, en la clínica y en la ciudad de Ejido prestó sus servicios médicos, en forma gratuita, a numerosos pacientes que no podían costear el pago de la consulta.

En el campo gremial fue durante muchos años el Delegado del Colegio de Médicos del Estado Mérida ante la Federación Médica Venezolana y participó en numerosas Asambleas convocadas por el Organismo, realizando siempre la  defensa de los médicos que prestaban sus servicios al Ministerio de Sanidad y otros Organismos del Estado, para que ellos recibieran remuneraciones adecuadas y buenas condiciones de trabajo.

En el campo de la política, por elección popular, ocupó el cargo de Concejal en el Municipio Libertador de la Ciudad de Mérida y de Senador en el Congreso Nacional, destacándose especialmente por su participación en las Comisiones de Salud y de Educación del Senado.

Fue dirigente político e integró el Comité Ejecutivo Seccional (CES) de Acción Democrática en el Estado Mérida. Por su capacidad organizativa y honradez, durante muchos años se desempeñó como Director de Finanzas de Acción Democrática, llegando a regularizar y convertir dicha unidad en una actividad transparente reconocida por los militantes.

Fue Productor Agropecuario y en su pequeña finca en La Azulita, Municipio Andrés Bello de Mérida, implementó modernas unidades y sistemas de producción en el agro y la ganadería.

En 1.989, recibió la máxima condecoración que otorga la Universidad de Los Andes a sus Profesores mas destacados, la Orden Fray Juan Ramos de Lora. Además fue objeto de numerosos Homenajes y reconocimientos de la propia Universidad, del Colegio de Médicos, de la Asamblea Legislativa del Estado, del Gobierno del Estado, de los Concejos Municipales de Libertador (Mérida), Campo Elías (Ejido) y Andrés Bello (La Azulita) así como del Gobierno Nacional.

Su carácter sencillo, bonachón y amigable le convirtió en un médico, un profesor, un gremialista y un político apreciado por toda la comunidad, sin distingo de ninguna naturaleza, ricos y pobres;  adecos,  adversarios o independientes, en fin gozó del reconocimiento de Mérida, de sus ahijados de promoción y de sus alumnos en todo el país.

Esta síntesis de la vida de un médico que realizó una obra muy importante en beneficio de Mérida, de su Universidad, del Partido Político donde militó y fundamentalmente de sus pacientes, nos permite afirmar que esta plenamente justificada la decisión tomada por los integrantes de la Cátedra Servicio de Nefrología, Diálisis y Trasplante Renal del IAHULA, al designar con su epónimo este importante ente de nuestra máxima institución de salud y plenamente justificada también la decisión de la Academia de Mérida de rendirle hoy este homenaje.

Por las razones antes señaladas, los integrantes de la Promoción de Médicos Cirujanos Dr. Hugo Dávila 1.963, que lleva orgullosamente el nombre de su padrino, los profesores miembros de la Cátedra – Servicio de Nefrología, los profesores  activos y jubilados de la Universidad de Los Andes, quienes le conocimos y compartimos  con él la actividad docente asistencial, nos adherimos a este homenaje póstumo al Dr. Hugo Dávila y felicitamos a la Academia de Mérida por aprobar tan merecido reconocimiento.

Mérida, en deuda con muchos de quienes han sido su benefactores, hoy siente que ha cumplido con su deber al ofrecer testimonio y reconocimiento a la labor encomiable de un merideño insigne consagrado a su pueblo.

Muchas gracias.

Dr. Néstor López Rodríguez

nestorllr@gmail.com

Mérida 25 septiembre de 2.019

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