DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO EN LA ACADEMIA DE MÉRIDA, EL 7 DE NOVIEMBRE DE 2018, EN LA SESIÓN SOLEMNE CELEBRADA CON MOTIVO DEL HOMENAJE A LA FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES POR EL SEXAGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU CREACIÓN

 Por: Dr. Rafael E. Solórzano

Individuo de Número de la Academia de Mérida, Sillón 11


La ocasión de una efemérides tan especial, como la celebración del sexagésimo aniversario de la creación de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, constituye una propicia oportunidad para un reencuentro tan importante como el que nos congrega en la tarde de hoy, cuando la Academia de Mérida rinde merecido homenaje a nuestra Alma Mater, al servir de escenario para que representantes de varias generaciones de egresados de una de sus Facultades, junto a autoridades, estudiantes y diversos miembros del personal docente y de investigación de esa ilustre casa de estudios, rememoren y celebren esta fecha jubilar.

Comencemos esta disertación haciendo un poco de historia. Nuestra Facultad nació al mismo tiempo que la democracia venezolana. Ambas son contemporáneas. Su creación obedeció a una de las primeras iniciativas académicas de ese prohombre del mundo universitario nacional que fue el doctor Pedro Rincón Gutiérrez, apenas comenzando la primera de sus varias gestiones rectorales, en febrero de 1958, la cual al ser sometida a consideración del máximo organismo de gobierno universitario de entonces, el Consejo Académico, fue aprobada, provocando así la designación de una comisión de expertos a la cual se le encomendó la tarea de elaborar un informe que permitiese la creación de esta nueva dependencia académica. Esa Comisión estuvo integrada por los doctores Domingo Felipe Maza Zavala, Francisco Mieres y Hernán Avendaño Monzón, economistas ampliamente respetados en los mundos académico y profesional del país, quienes, en cumplimiento de las instrucciones recibidas elaboraron el informe solicitado y lo presentaron a la Universidad, en el mes de agosto, para su discusión y aprobación. Esto último ocurrió en la sesión ordinaria del Consejo Académico celebrada el 16 de septiembre de 1958, durante la cual, se aprobó el informe presentado por la Comisión y con ello, la creación de la Facultad de Economía y también de un Instituto de Investigaciones Económicas, adscrito a dicha Facultad, tal como se recomendaba en algunas de las conclusiones del informe. Esta fecha, en mi opinión. constituye la verdadera data de creación de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, aún cuando su partida de nacimiento, el Decreto que oficializó la decisión adoptada por el Consejo Académico de crear dicha Facultad, fue promulgado y firmado por el Rector y por el Vicerrector-Secretario, el Dr. Ramón Vicente Casanova Roa, un día después de su aprobación en Consejo Académico, es decir, el 17 de septiembre de 1958.

La Venezuela a la cual, la Universidad de Los Andes, le hacía entrega de esta nueva escuela universitaria, casualmente en fecha celebratoria de la independencia de la Provincia de Mérida, como un instrumento para promover el análisis de los problemas económicos y sociales de la Región y del país, y de esa manera contribuir al abordaje de la nueva etapa de desarrollo socio-político que la sociedad venezolana tenía planteada en ese momento crucial de nuestra historia nacional, era un país lleno de expectativas con respecto a las transformaciones cuantitativas y cualitativas requeridas para tales propósitos y las cuales ya comenzaban a producirse. Un país recién salido de un gobierno militar dictatorial, ávido de desarrollarse en un ambiente de libertad, de democracia y de respeto a los principios de un moderno Estado de derecho, en el cual sus ciudadanos pudiesen disfrutar de un nivel creciente de bienestar económico y social. En semejante contexto, una escuela universitaria de Economía, debería tener como misión principal la formación de los recursos humanos altamente especializados requeridos por el país para contribuir al enfrentamiento y a la gerencia de los crecientes retos del desarrollo económico y social planteados por la etapa histórica de expansión que comenzaba a experimentar la sociedad venezolana. Y esa fue, precisamente, la filosofía imperante en la visión de largo plazo que la Universidad de Los Andes le imprimió a la creación de su Facultad de Economía, tal y como ha quedado demostrado por la historia vivida por esta institución en estas seis décadas de funcionamiento ininterrumpido.

Para el momento de la fundación de la entonces denominada Facultad de Economía y del casi inmediato comienzo de sus actividades académicas, octubre de 1958, nuestro país estaba apenas iniciando el experimento democrático que surgió como consecuencia del derrocamiento de la, hasta entonces, última dictadura militar sufrida por los venezolanos. Un proceso histórico que, como se sabe, condujo al país al más prolongado período de estabilidad política y de progreso material y social que registra la historia nacional. Una etapa histórica caracterizada, entre otros incuestionables logros, por cuarenta años ininterrumpidos de gobiernos civiles escogidos en elecciones libres y transparentes, distribuidos en ocho períodos gubernamentales; con vigencia plena de la alternabilidad democrática y del principio de autonomía e independencia de los poderes públicos, y por el respeto a los derechos humanos. Una república civil, como ha sido apropiadamente llamada por algunos historiadores, caracterizada igualmente por una expansión indetenible del sistema educativo nacional y por su progresiva conversión en un poderoso instrumento de promoción social, por la emergencia y el impresionante proceso de crecimiento de una vigorosa clase social media desarrollada bajo el influjo de una acelerada urbanización del país y de una masiva democratización de todos los niveles del sistema educativo y con ello, de las oportunidades de la creciente población para su inserción en los mercados laborales. Un proceso socio-histórico en el que, justo es reconocer, a las instituciones de educación superior, tanto las tradicionales ya para entonces existentes, como las nuevas que comenzaron a surgir en toda la geografía nacional, les correspondió jugar un papel estelar en la delicada tarea de formación y suministro de los contingentes de recursos humanos requeridos para garantizar la fluidez de las transformaciones que experimentaba el país. De manera que, la creación de una nueva dependencia universitaria encargada de ofrecer estudios especializados de Economía, debe entenderse como una iniciativa inscrita dentro de la dinámica del proceso de cambio económico y social que vivía la sociedad venezolana. Todo ello dentro de un ambiente de expansión, algunas veces moderada, otras vigorosa, de la economía nacional y de sus más importantes actividades productivas y de consumo y de una relativa estabilidad de sus principales variables macroeconómicas.

La nueva Facultad según lo establecido en su Decreto de creación y en la previa discusión que el Consejo Académico realizara del informe que le dio origen, debía iniciar de manera inmediata sus actividades académicas, con solo una Escuela universitaria, la Escuela de Economía, con un plan de estudios de regimen anual para ser desarrollado durante cinco años, al final de los cuales, sus egresados obtendrían el título universitario de Economista. También el simultáneamente creado Instituto de Investigaciones Económicas, debía comenzar inmediatamente su funcionamiento, sirviendo de instrumento de análisis de los principales problemas económicos y sociales que tanto el país como la región de Los Andes enfrentarían en esta nueva etapa de su desarrollo histórico, y, por supuesto, como cabría esperar en una institución universitaria en la cual interactúan apropiadamente las actividades docentes con las de investigación y de extensión, también sus investigaciones debían servir de apoyo a la docencia que sería impartida en la Escuela de Economía. Además, se recomendaba igualmente que el plan de estudios para la formación de los profesionales de la Economía, de alguna manera se ajustara a los lineamientos curriculares de la carrera universitaria de Economía de la Universidad Central de Venezuela, la cual había sido creada exactamente 20 años antes, el 28 de octubre de 1938, como Escuela Libre de Ciencias Económicas y Sociales, siendo elevada a la categoría de Facultad universitaria dos años más tarde. Esta última recomendación no fue cumplida en forma estricta por las primeras generaciones de autoridades y profesores que tuvieron a su cargo la puesta inicial en funcionamiento de la Facultad, ya que desde sus comienzos, el plan de estudios de Economía de la Universidad de Los Andes, se diferenció del currículum de Economía de la Universidad Central de Venezuela, siendo el más importante elemento diferenciador de ambas estructuras curriculares, el énfasis que en nuestra Facultad se asignó a los enfoques matemáticos y cuantitativos de muchas de las materias del plan de estudios y la incorporación, pionera en el país, de nuevas asignaturas con marcado sesgo cuantitativo en la formación de los Economistas, tal y como ocurrió con los casos de la Econometría y de la Investigación de Operaciones, disciplinas que hasta entonces no habían sido impartidas en alguna otra universidad venezolana como parte del plan de estudios de Economía, y también con el uso de modelos matemáticos y econométricos para cuantificar los fenómenos y problemas económicos, verificar la validez y vigencia de las teorías económicas y formular predicciones acerca del comportamiento futuro de las variables económicas.

Con un pequeño grupo de estudiantes, la nueva carrera universitaria dio comienzo a sus actividades académicas en el mes de octubre de 1958, en una sede transitoria y durante muchos años trashumante, con unas autoridades y un plantel profesoral designados por el Consejo Académico inmediatamente después de la promulgación de su Decreto de creación. La misión de iniciar su funcionamiento le fue encomendada al Dr. Manuel Pocaterra Jiménez, designado como primer Decano de la naciente Facultad, mientras que para la dirección del Instituto de Investigaciones Económicas fue nombrado el Dr. Heberto Urdaneta, ambos, procedentes de la UCV y especialmente contratados para tales fines.  Ellos, conjuntamente con un grupo de otros cinco profesores –Juan Luis Mora Wanloxten, Andrei Zavrotsky, Luis Elbano Zerpa Díaz, Harry Corothie Chenel y Alban Lataste Hoffel- se dieron a la tarea de poner en funcionamiento a esta nueva carrera universitaria y al instituto que le serviría de apoyo. Esa fue, la que podríamos llamar en propiedad, la primera generación, de profesores de la Facultad de Economía es decir, la generación fundadora. Durante los siguientes diez años y en la medida en que la matrícula estudiantil crecía por la recepción de nuevas cohortes de estudiantes, incrementándose así las necesidades de docencia, una segunda generación de profesores se fue incorporando al personal docente y de investigación de la Facultad. A riesgo de incurrir en alguna omisión involuntaria, quiero destacar algunos de ellos, profesionales de la economía, unos, formados en la Universidad Central de Venezuela, tales como Carlos Chuecos Poggioli, Hernán López Añez y Lionel Castro Montilva, otros procedentes de diversas universidades europeas, como Jozé Hocevar Mramor, Juan Ignacio Soloaga Arrechavaleta, Leocadio Hontoria Guadamuro, Juan Manuel Vidal Rodas, Jaime Tinto Gotzens, Roberto Tornabell Carrió y Benito Pérez Canales; otros, economistas recién egresados de la Facultad de Economía de la Universidad Católica “Andrés Bello”, como Jesús Marrero Carpio, Jesus Alberto Fernández Jiménez y Gustavo Hernandez Terife, y finalmente, también algunos integrantes de las primeras cohortes de egresados de nuestra Facultad, como Néstor Pernía Pérez, José María Romero, Rafael José Moreno Araujo, Luis Rivero Medina, Aurora Rivera de Belmore, Angel Felipe Diaz Villalobos, Isidro Barrios Brazón, Darío Sánchez Acuña, Miguel Rodríguez Villenave, Francisco Belandria Carrero, Héctor Luis Mata Brito, Elizabeth Garnica Olmos y mi persona. Sirva este homenaje que hoy le profesamos a nuestra Facultad, para rendir tributo a esos primeros grupos de docentes que fundaron los estudios de Economía en nuestra Alma Mater, especialmente a aquellos que ya no nos acompañan por haber desaparecido del mundo de los vivos durante el transcurso de estos sesenta años, pero que dejaron una estela y un legado dignos de ser reconocido y emulado. Consciente como estuvo la Universidad, de la necesidad de fortalecer la preparación profesional y científica de su personal académico, a este último grupo de docentes se le ofreció la participación en un programa de formación del personal docente y de investigación, organizado e implantado durante la gestión del tercer Decano de la Facultad, el Dr. Heberto Urdaneta, financiado con recursos obtenidos por vía de Convenio de Asistencia suscrito entre la Universidad y la Fundación Ford, de los Estados Unidos, lo cual permitió el otorgamiento de becas para la realización de estudios de postgrado conducentes a grados de Maestría y Doctorado en diversas universidades norteamericanas y europeas de elevado prestigio, en las respectivas especialidades que ellos impartían.

El regreso y la reincorporación de ese importante grupo de becarios de postgrado a sus actividades docentes, marcó el comienzo de la consolidación definitiva de la Facultad. A partir de esa primera década de funcionamiento, durante la cual la Escuela de Economía ya había formado y egresado varias cohortes de Economistas, y contaba con una buena parte de su personal académico con formación de cuarto nivel en universidades extranjeras de reconocido prestigio, y en donde adicionalmente el Instituto de Investigaciones Económicas, por su parte, consolidaba su presencia en la Región y en el país como dependencia especializada básicamente en la investigación y tratamiento de los problemas regionales y urbanos, y como órgano de asesoramiento y consultoría de diversas instituciones de los sectores productivos privados, de agencias gubernamentales y de organismos públicos de planificación y desarrollo; la Facultad inició un proceso de expansión de sus actividades académicas, para dar respuesta a exigencias específicas de diversos sectores de la comunidad regional. Es así como a partir de entonces, la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, originalmente integrada por una única opción de carrera universitaria, inició un proceso de crecimiento y de diversificación de sus actividades académicas, que en lo cuantitativo se tradujo en el ofrecimiento de otras oportunidades de estudio a través del establecimiento de nuevas carreras universitarias de pregrado y de diversos programas de postgrado, así como también mediante la creación de nuevos institutos y centros de investigación y de una importante ampliación de todas sus actividades académicas. Todo ello aparejado a un impresionante crecimiento de la matrícula estudiantil y, en consecuencia, del personal docente y de investigación requerido para atender las crecientes exigencias de docencia en los nuevos programas académicos, tanto de pre como de post grado –una tercera generación de docentes, podríamos decir, muchos de ellos formados en la propia Facultad y con preparación de postgrado en diversas universidades y centros de estudios, tanto nacionales como del extranjero. Una verdadera generación de relevo.

En lo cualitativo el referido proceso se expresó en un sostenido esfuerzo de revisión, de actualización y de perfeccionamiento de las estructuras curriculares, de los planes de estudio de las carreras ofrecidas, de los contenidos programáticos de sus asignaturas y seminarios, y de los programas y técnicas de investigación de sus centros e institutos. Durante ese período, dentro de la Facultad de Economía, ahora rebautizada desde 1989 como Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, para dar cobijo institucional a las nuevas oportunidades de estudio que el proceso de expansión fue generando, surgieron nuevas carreras universitarias directamente vinculadas con la carrera primigenia de Economía, todas ellas ubicables en el área de conocimientos de las ciencias sociales. Como consecuencia de esta evolución, actualmente, además del titulo universitario profesional de Economista que puede obtenerse en la Escuela de Economía, la Facultad ofrece también la posibilidad de obtención de los títulos de Licenciado en Administración, Licenciado en Contaduría Pública y Licenciado en Estadística, a través de planes de estudio realizables en su Escuela de Administración y Contaduría y en su Escuela de Estadística, las cuales fueron creadas en 1967 y 1978, respectivamente, como parte del ya mencionado proceso de crecimiento experimentado por la institución. La muy reciente aprobación por parte del CNU del programa de TSU en Gestión de la Gastronomía, el cual apenas ha comenzado sus actividades académicas, y la masiva y entusiasta acogida que dicho programa ha recibido a niveles regional y nacional, indica que el proceso de diversificación de las oportunidades de estudio, iniciado por nuestra Facultad cuando alcanzó su primera década de funcionamiento, continúa avanzando y que el mismo está fuertemente vinculado a las demandas de la comunidad para la atención a necesidades reales de formación de recursos humanos especializados y, en consecuencia, a las exigencias de acciones específicas en respuesta a dichas necesidades.

Al propio tiempo, durante este período, también la investigación se vio favorecida, al experimentar una importante ampliación de sus actividades como consecuencia por un lado, de los nuevos  programas de investigación del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, surgidos a partir de la suscripción de convenios de cooperación entre la Universidad de Los Andes con entidades privadas y diversos organismos públicos –entre ellos, Corpoandes. Banco Central de Venezuela, Instituto Nacional de Estadística,  SENIAT, Alcaldías- ; y por otro lado, gracias a la creación en 1968 del Instituto de Estadística Aplicada y Computación (IEAC), el cual sería la génesis de lo que diez años más tarde fue la creación del programa de Doctorado en Estadística y de la Escuela de Estadística y, finalmente, gracias también a la creación en 1984 del Centro de Investigaciones y Desarrollo Empresarial (CIDE) y en 1995 del Centro de Investigaciones Agroalimentarias (CIAAL), dependencias estas últimas que desde su fundación, han desarrollado una muy intensa y fructífera actividad de investigación aplicada a partir de la cual, la Facultad, también aprovechando el mecanismo de la suscripción de convenios de prestación de servicios de consultoría con organismos del sector privado, ha logrado una importante proyección de imagen institucional y una activa presencia y vinculación con sectores de la producción privada. En este punto hago especial mención a las valiosas aportaciones que a través de algunos de esos convenios, el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales le ha hcho a los estudios regionales y urbanos, identificando y cuantificando los principales problemas económicos y sociales de la Región Andina y de sus más importantes centros urbanos, y formulando proyectos de solución para los mismos, así como apoyando los esfuerzos de planificación regional y urbana de diversos organismos públicos y la elaboración de las bases de datos requeridas por tales esfuerzos. Por otro lado, en relación al área de Estadística, ya definitivamente incorporada como componente permanente de los programas académicos de la Facultad, es oportuno destacar que a diferencia de lo que tradicionalmente ha sido la historia de la creación de nuevas oportunidades de estudios en las universidades nacionales, en las cuales los programas de postgrado suelen crearse como resultantes de la consolidación de los respectivos programas de docencia e investigación en el pregrado; en el caso de nuestra Facultad, por el contrario, fueron el desarrollo alcanzado por los programas de investigación del Instituto de Estadística Aplicada y Computación (IEAC) y la experiencia acumulada en el Doctorado en Estadística, los factores determinantes a partir de los cuales se creó la Licenciatura en Estadística. En este caso, el cuarto nivel precedió al tercer nivel. No es un frecuente tipo de evolución académica, pero, sin duda, es un elemento importante para comprender la simbiosis sinérgica de los curricula del pregrado con los resultados de y las experiencias acumuladas en la respectiva actividad de investigación.

Finalmente y no menos importante, esta breve remembranza histórica sería muy incompleta si no hiciéramos mención de los progresos y desarrollos producidos en la Facultad, durante todos estos años, en materia de oportunidades de estudios de cuarto nivel. El dictado de cursos de postgrado conducentes a grados académicos (Maestría, Especialidad y Doctorado), en la Facultad de Economía, comenzó en 1995 en la Sección de Estudios de Postgrado del Instituto de Investigaciones Económicas, con el ofrecimiento de un programa de Maestría en Economía, en tres menciones: Economía Cuantitativa, Políticas Económicas y Política Fiscal y Tributaria, cuya misión fue la formación de personal profesional con una vigorosa base de conocimientos en teorías económicas y en métodos cuantitativos, capaz de utilizar sus conocimientos teóricos para orientar los procesos decisorios en la actividad pública y en los negocios privados, promoviendo así la eficiencia en el uso de los recursos productivos y la optimización de los procesos económicos. Desde entonces, durante 23 años, este programa de postgrado se ha mantenido, suministrando recursos humanos de un elevado perfil profesional y técnico. Sus egresados prestan servicios altamente especializados a lo largo de toda la geografía nacional en diversas universidades y en otras instituciones de educación superior, en agencias gubernamentales (BCV, Ministerios, SENIAT, etc) y en organizaciones del sector privado. La Maestría se mantiene activa, ahora con dos nuevas menciones adicionales, y su funcionamiento durante casi un cuarto de siglo, ha constituido una experiencia muy importante para enriquecer el programa de Doctorado en Economía cuyo proyecto, elaborado por una Comisión ad hoc designada por el Consejo de la Facultad, se encuentra actualmente en proceso de discusión en las instancias correspondientes, esperándose que sea aprobado y puesto en funcionamiento en el primer semestre del próximo año.

Además de ello, nuevos postgrados han surgido durante los años recientes, en la medida en que se han ido consolidado las nuevas oportunidades de estudios de pregrado, los institutos y los centros de investigación. En este sentido,  además de la Maestría en Economía y del Doctorado en Estadística, actualmente la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales ofrece un amplio abanico de posibilidades de estudios de cuarto nivel, lo cual comprende los siguientes programas de postgrado, todos ellos activos y en funcionamiento: Una Maestría en Administración, una Maestría en Estadística, un Postgrado en Ciencias Contables, un Doctorado en Ciencias Contables y un Doctorado en Ciencias Organizacionales.

Algunas estadísticas obtenidas en los archivos y registros oficiales de la Facultad, permiten visualizar más en concreto el positivo balance que en materia de docencia y de investigación esta noble institución puede exhibir con justificado orgullo en este punto de su historia. Desde su fundación en 1958 y comenzando en 1963 cuando egresó su primera cohorte de Economistas,  hasta el año 2017, el número de egresados formados en las diversas escuelas de pregrado de la Facultad asciende a 15.500 profesionales, de los cuales un 23% son Economistas, un 2% corresponde a Licenciados en Estadística y el restante 75% se reparte entre Licenciados en Administración y Licenciados en Contaduría, confirmando la gran aceptación que en la comunidad regional han tenido estas últimas dos carreras desde que iniciaron sus actividades. En cuanto a investigación, algunos datos aportados por el Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico, Tecnológico y de las Artes (CDCHTA) de la Universidad de Los Andes, nos confirman igualmente un balance altamente positivo: 183 proyectos de investigación procedentes de FACES, fueron aprobados por el CDCHTA entre el año 2000 y el 2017; 69 investigadores de FACES fueron acreditados en el Programa de Estímulo al Investigador PEI-2017 y 10 unidades de investigación acreditadas ante el CDCHTA a través del Programa de Apoyo a Unidad de Investigación (ADG) en su última convocatoria.

En esta apretada reseña de lo que ha sido el desarrollo histórico de nuestra Facultad merecen mención especial los progresos y logros que durante estas seis décadas, la Facultad ha alcanzado en otras áreas y actividades auxiliares, sin cuyo desarrollo se dificultaría notablemente el cumplimiento de las actividades académicas fundamentales. Me refiero en especial a lo relacionado con la sede permanente de la Facultad y el equipamiento tecnológico de apoyo a la actividad académica. La actual infraestructura física de la Facultad y de todas sus dependencias adscritas, ubicada en el campus universitario del Núcleo La Liria, es un complejo de modernas y funcionales edificaciones dentro de las cuales, las actividades administrativas, las docentes, incluyendo aulas de pre y de postgrado, laboratorios de computación, bibliotecas, auditórium y sala de videoconferencia; las de investigación, incluyendo las sedes de los institutos y los centros, así como también de los grupos de investigación que a su alrededor han ido surgiendo, han encontrado asiento permanente, luego de varias décadas de trashumancia en diversos sitios de la ciudad. Por su parte, el equipamiento tecnológico con el que cuenta la Facultad, factor de la máxima importancia para el apoyo a los planes de docencia y de investigación, posee suficientes recursos como para garantizar la fluidez de los programas académicos.

Todos estos logros que progresivamente ha ido alcanzando la Facultad de Economía, han sido la resultante de los continuos y sistemáticos esfuerzos realizados desde su fundación, por todos los integrantes de esa comunidad de intereses académicos, científicos y profesionales, liderados por sus autoridades y acompañados entusiastamente por profesores, estudiantes, empleados y obreros, quienes desde los inicios definieron la misión y los grandes objetivos de largo plazo y, practicaron en cada una de las 12 gestiones decanales un ejemplar ejercicio de continuidad administrativa y de compromiso institucional en la búsqueda de esos objetivos.

A grandes rasgos, esta ha sido la historia vivida durante los pasados sesenta años por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de nuestra Universidad. Cumplir su rol principal de formación y suministro al país de recursos humanos de altos niveles de preparación técnica y científica, para enfrentar los retos del desarrollo.

Ahora nos encontramos ante una encrucijada histórica, en la cual cada día se hace más difícil el cumplimiento de ese meta objetivo.

Así como fue crucial el momento en que la Facultad de Economía fue fundada, porque el país transitaba de un sistema socio-político a otro, igualmente crucial y lleno de expectativas e incertidumbres respecto al futuro, es el momento actual que vive la sociedad venezolana, en el cual el país y todas las instituciones en las cuales se fundamenta su funcionamiento como comunidad nacional organizada, se encuentran inmersas en y enfrentando la mas profunda y grave crisis jamás experimentada. Una crisis de naturaleza global y multidimensional, generada en los cambios políticos e institucionales iniciados con el comienzo del nuevo siglo y en los empeños por imponerle al país un proyecto político e ideológico de sociedad autoritaria y totalitaria.  Una crisis que se ha desbordado para abarcar todos los aspectos de la vida nacional: Lo social, lo económico, lo ético, lo político, lo institucional. Algunos de los aspectos más dramáticos de este cuadro crítico tocan directamente a las universidades y están dados por la manera como la hiperinflación ha invadido todos los espacios de las actividades de producción y de consumo, y el correspondiente desarraigo de densos sectores de la población universitaria, la diáspora, quienes al ver progresivamente deteriorado su nivel de vida y observar su paulatino empobrecimiento, así como la terquedad gubernamental para oponerse a la aplicación de los correctivos de la situación, pierden las esperanzas de una futura recuperación de la economía nacional y deciden emigrar en forma masiva y por cualquier vía a países vecinos, en búsqueda de mejores condiciones de vida y de trabajo. Estos dos aspectos, representan apenas dos componentes de las muchas situaciones críticas que aquejan al país. Sin ser los únicos, afectan de manera muy grave a las universidades, instituciones que no escapan de la situación general de crisis en que se encuentra el país, ya que por un lado la hiperinflación ha destruido la capacidad adquisitiva de los cada vez más menguados presupuestos universitarios dejando a las universidades en condiciones de enorme precariedad en su funcionamiento; mientras que la diáspora, ahora ya no solo de personal docente y de investigación calificado sino también de empleados, de obreros y hasta de estudiantes, está desolando y despoblando dramáticamente los recintos universitarios.

En semejantes condiciones, los esfuerzos por mantener abiertas y en funcionamiento a las universidades, constituyen verdaderos ejercicios de heroísmo y tenacidad, por parte de hombres y mujeres que confían en la capacidad de nuestros universitarios para superar adversidades y apuestan por el país y por un futuro de recuperación y de reconstrucción. Dentro de este contexto, la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, dirigida por su Decano, Raúl Huizzi, y el resto del personal directivo, acompañados de la firme disposición de su personal docente y de investigación y de sus empleados y obreros y con el esfuerzo empeñoso de sus estudiantes. ha logrado mantener un ritmo relativamente normal de sus principales actividades académicas, a pesar de la crítica situación por la cual atraviesa la institución universitaria y se prepara para enfrentar los nuevos desafíos que la actual crítica situación plantea y suministrar respuestas y proyectos de solución para los principales problemas económicos y sociales que aquejan a la sociedad venezolana: La inflación, el desempleo, la recesión y la pobreza crítica.

Esta es la institución a la cual hoy la Academia de Mérida le rinde homenaje, en un solemne acto que debe ser interpretado como un reconocimiento de nuestra corporación a los esfuerzos que la Universidad de Los Andes está realizando para mantener abiertas sus puertas dentro de las condiciones más adversas que sea posible imaginar y, así, continuar ofreciendo a las comunidades regional y nacional, el flujo de los valiosos servicios académicos que durante más de doscientos años le ha entregado al país. Es un merecido reconocimiento al esfuerzo creador y al trabajo tesonero, de parte de una corporación cuyo nacimiento hace un cuarto de siglo, estuvo directamente asociado a la Universidad de Los Andes, como una de las dos instituciones que decretaron su creación. La Universidad de Los Andes y la Gobernación del Estado Mérida fueron los padres de la creatura. Desde entonces, la Academia de Mérida siempre ha mantenido una muy estrecha vinculación con nuestra casa de estudios superiores. La mayoría de sus integrantes  -Individuos de Número, Miembros Correspondientes Estadales y Nacionales, Miembros de Honor-  proceden de las aulas universitarias y han hecho de la Academia un foro en el cual exponer y debatir sus investigaciones, en un ambiente de máximo respeto a las ideas y de absoluta libertad de pensamiento. Dado su carácter de corporación científica multidisciplinaria, no debe extrañar que algunos de sus Miembros sean egresados de la Facultad. En efecto, 2 de los 24 Individuos de Número y 4 de los 48 Miembros Correspondientes que según la Ley y los Reglamentos debe poseer la Academia, son Economistas egresados de nuestra Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

A través del tributo que hoy le rendimos a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, la Academia de Mérida testimonia un homenaje a la Universidad de Los Andes. Es un homenaje a la resistencia. A la supervivencia. Y a la reconstrucción y recuperación futura de un país desarticulado por las diversas crisis que aquejan su funcionamiento como sociedad organizada. Es, por tanto, también un homenaje a todos quienes dentro de ambas instituciones apuestan al futuro con la seguridad de que esta casa de estudios, al igual que en otras oportunidades de su bicentenaria historia, sabrá sortear las inmensas dificultades que en el momento actual está enfrentando.

Muchas gracias por su atención.

Dr. Rafael Eduardo Solórzano

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