Historia de la Medicina en Mérida:
Los estudios médicos en la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.

Por: Dra. Nancy Freitez de Sardi

Profesora Titular de la Facultad de Medicina. ULA Individuo de Número de la Academia de Mérida

Mérida, San Juan de las Nieves, Santiago de los Caballeros o Santiago de los Caballeros de Mérida, la puebla fundada y refundada gracias a un enfrentamiento entre dos Juanes por el amor de una linda dama pamplonesa; la ciudad convento, una universidad con una ciudad por dentro y hoy la ciudad venezolana más cerca del cielo, se escondía entre sus montañas para el 10 de octubre de 1763, cuando Don Lorenzo Campins y Ballester (Mallorca 1726-Caracas 1785) comienza la enseñanza médica en la Cátedra de Prima de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de Caracas.

Desde el siglo XVI, Mérida contaba con los Conventos de Santo Domingo y San Agustín, el Convento de las monjas de Santa Clara y el Colegio de San Francisco Javier de la Compañía de Jesús, fundado en 1628 y que funcionó por 140 años hasta que fueron expulsados de España y todas sus provincias en 1767. Este Colegio era la antesala escolástica necesaria para ingresar al Seminario de Santa Rosa de Lima en Caracas y a su Real y Pontificia Universidad. [1]

El 16 de febrero de 1778, ya en tiempos de Carlos III, el Papa Pío VI expidió la Bula de Erección de la Diócesis de Mérida en las Indias, solicitud que había hecho el Rey Carlos II de España, a instancias de Don Josepf de Balzas Estrambas Aguas, Teniente de Gobernador y Capitán de las provincias de Mérida y La Grita quien lo había solicitado al Rey en 1696, para apoyar el crecimiento espiritual de sus pobladores. Durante muchos años, las Reales Órdenes manejaron muchos candidatos a ocupar la Mitra merideña, se consultó a los prelados de Santa Fé y de Caracas, al virrey bogotano y al gobernador caraqueño y finalmente se designó como su primer obispo, a un oscuro fraile franciscano, misionero en la Alta California: Fray Juan Ramos de Lora quien, luego de casi un año por Maracaibo donde su clima y la gente le fueron gratos, llegó a Mérida a comienzos de 1785. Acatando las órdenes del Concilio de Trento (1545-1563) sobre la obligatoriedad de que los obispos organizaran y mantuviesen institutos para la formación del clero y gracias al empeño del Presbítero Dr. Francisco Antonio Uzcátegui Dávila -merideño de Timotes y apoyado en la tradición conventual de la ciudadlogró instalar una Casa de Estudios Eclesiásticos que inició sus actividades sin la autorización real el 29 de marzo de 1785.p Al mismo tiempo, Ramos de Lora comenzó los trámites que la convertirían en Real Colegio Seminario Tridentino de San Buenaventura según Real Cédula de Carlos III fechada el 9 de junio de 1787, e inició la construcción de un edificio que, a expensas de sus propios recursos, concluyó en junio de 1790. [2] Fue intención de Fray Ramos de Lora y así lo propuso al Rey, establecer Estudios Generales que canalizarían a los estudiantes hacia las disciplinas de su interés, pero muere en noviembre de ese año 1790. Días antes de morir, otorgó poder al Presbítero Dr. Don Mateo Más y Rubí, Canónigo de la Catedral y su Secretario, para realizar la erección canónica de Seminario e instalar las clases, bendijo a los estudiantes y les colocó las insignias blancas y bordadas en campo azul con el escudo del Obispado.

Al año siguiente fue preconizado como obispo de Mérida el neogranadino Monseñor Manuel Cándido Torrijos Rigueiro, quien tardó en llegar hasta mediados de 1794. Vino con su voluminosa biblioteca de cerca de 30.000 volúmenes, instrumentos de física, alquimia y electricidad, globos terráqueos y celestes, mapas mundi, un reloj de pared para la Catedral, un órgano que funcionó hasta el terremoto de 1812 y grandes proyectos para la ciudad como la construcción de una hermosa basílica, puentes sobre dos de sus ríos, un jardín botánico propio de la dulzura del clima y un observatorio astronómico. Estaba llegando la ciencia, pero Monseñor Torrijos murió súbitamente a los 96 días, tiempo suficiente para cautivar a los merideños y dejar un sinnúmero de leyendas y conjeturas que siguen apasionando la chismografía local. [3]

Mientras, el Colegio Seminario de Fray Juan Ramos de Lora esperó hasta el 18 de junio de 1806, cuando por Real Cédula de Carlos IV, se le otorga la facultad de conferir grados mayores en Filosofía, Teología y Cánones y grados menores con el mismo valor que los otorgados por las universidades de Santa Fe de Bogotá y Caracas, dándole así el carácter de Universidad.

El Dr. Carlos Chalbaud Zerpa, insigne médico, historiador y mi querido profesor, en su obra Historia de Mérida (1997), narra la llegada del Dr. Santiago Hernández Milanés -Doctor en Derecho Canónigo graduado en la Universidad de Salamanca y cuarto Obispo de Mérida, quien se distinguió desde la infancia por su preclara inteligencia, dedicación al estudio, espíritu caritativo y gran tesón. A su llegada a Mérida con su nutrida biblioteca que donó al Colegio Seminario, quiso construir una catedral monumental según los planos de la de Toledo en España y cuyos cimientos aún existen; refaccionó el Hospital de Caridad, inició la construcción del Lazareto y luchó con gran empeño por conseguir el rango de Universidad para el Colegio-Seminario de San Buenaventura. Corría el año 1802 cuando encomendó la administración y rectoría del Colegio Seminario al Pbro. Dr. Ramón Ignacio Méndez, natural de Barinas y exalumno del Colegio Seminario de Mérida, quien había continuado sus estudios en Caracas donde fue ordenado sacerdote en 1797 y graduado como Maestro en Filosofía, Doctor en Derecho Civil y Canónico y Bachiller en Sagrada Teología, títulos obtenidos en la Real y Pontificia Universidad de Caracas.

Durante la Rectoría del Dr. Méndez se establecieron en el Colegio Seminario de Mérida los primeros estudios de Medicina Especulativa y Práctica, que duraban cuatro años y los textos quedaban a la elección del profesor. El primer grupo de cursantes de Medicina fue de 34 alumnos provenientes de la propia Mérida, La Grita, Trujillo, Barinas, Coro, Carora, San Cristóbal, Valencia, Bailadores, Maracaibo y Cúcuta. La Clase se creó en 1805 bajo la regencia del Dr. José María Unda, natural de Guanare, exalumno del Colegio Seminario, recién graduado de Doctor en Medicina en la Real y Pontificia Universidad bogotana y continuaron luego desde 1809 con la tutela del Dr. Manuel Palacios Fajardo, natural de Mijagüal, también exalumno del Real Colegio de San Buenaventura de Mérida, Doctor en Derecho Civil y Canónico y Doctor en Medicina en la Real y Pontificia Universidad de Santa Fe de Bogotá. [4]

Mérida no escapó de los acontecimientos que convulsionaron a Europa a finales del siglo XVIII y que abonaron las bases del movimiento emancipador en todas las provincias de Hispanoamérica; fue así como se conoció el texto completo de la Declaración de los “Derechos del Hombre y del Ciudadano” traducidos al castellano por el neogranadino Antonio Nariño, publicación cuya divulgación fue sancionada por la Real Audiencia de Caracas con penas de garrotes, presidio y hasta muerte.

Para el 19 de Abril de 1810 se encontraba en Caracas el estudiante merideño Luís María Rivas Dávila, quien contagiado con las nuevas ideas fue encargado por la Junta Suprema de Caracas como emisario de lo que se gestaba en la capital de la Provincia de Venezuela. En la mañana del domingo 16 de septiembre de 1810, luego de sortear muchas dificultades, Rivas pudo lograr que el Cabildo merideño presidido por Antonio Ignacio Rodríguez Picón, escuchara las propuestas caraqueñas y convocó al pueblo que se aglomeró en la plaza y decidieron deponer las autoridades existentes y reconstituirse en Junta Patriótica adoptando el nombre de Provincia de Mérida de Venezuela conformada por la ciudad Emeritense, Timotes, Mucuchíes, Bailadores, La Grita, Lobatera, San Cristóbal y San Antonio. Al mismo tiempo se decidió la separación de Maracaibo y se emprendió junto a Barinas, Cumaná, Trujillo, Barcelona, isla de Margarita y Caracas, el movimiento revolucionario, le ganó a Mérida la sexta estrella de nuestra gloriosa bandera y el honor de que sus académicos José Vicente Unda por Guanare, Ramón Ignacio Méndez por Guasdualito y Manual Palacios Fajardo por Mijagual figuren como protagonistas de nuestra historia patria, con sus firmas estampadas en el Acta de la Independencia del 5 de julio de 1811. [5]

Cinco días después, el 21 de septiembre de 1810, se concede al Colegio Seminario, mediante “Real Decreto”, la gracia de Universidad con el título de Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros, donde se confería el privilegio de otorgar todos los grados menores y mayores en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Canónico y en Teología, se crearon las cátedras de Anatomía, Matemáticas, Historia Eclesiástica, la de Concilios, la de Lugares Teológicos y la de Sagrada Escritura y se ratificó al Dr. Hernández Milanés en su rectoría quien, dos días después la entregó al Dr. Buenaventura Arias y se declaró instalado el Claustro Pleno de la que se considera por tanto, la primera Universidad Republicana de Hispanoamérica. [6]

Para ese año, la Universidad tenía 114 alumnos y la vida: en Mérida transcurría con la placidez ajena al calor político que se vivía en la nueva República, hasta que en la tarde del 26 de Marzo de 1812, después de concluir los oficios religiosos del Jueves Santo, un terrible terremoto destruyó la ciudad y el obispo Hernández Milanés, los curas del Sagrario y El Llano, varios capellanes y colegiales mueren sepultados por las ruinas del Palacio Episcopal. Toda esta tragedia hizo que la Universidad quedará sin sede permanente durante nueve años. Es cuando, por iniciativa del Dean de la Catedral Francisco Xavier Irastorza, el Canónigo Más y Rubí y el Diputado a Cortes José Domingo Rus, fieles al gobierno realista que permanecía en Maracaibo, trasladan a esa ciudad la sede del Obispado, el convento de las monjas de Santa Clara y la casa de estudios con el nombre de Seminario Conciliar y Real de San Buenaventura y San Fernando de Mérida de Maracaibo, pero que, aunque no se llamó Real Universidad, mantuvo sus facultades, rentas y derechos. [7]

Narra el historiador Pedro María Molina, como en 1821 el Congreso General de Colombia, ordena mediante decreto, la restitución a Mérida del Colegio Seminario, el obispado y el cabildo eclesiástico. Así se construye una nueva sede en la misma manzana donde había estado hasta 1813, …donde halló de nuevo un hogar estable donde albergarse, erigido desde los fundamentos por la voluntad tenaz del Ilustrísimo Señor Rafael Lasso de la Vega… .[8]

El 18 de mayo de 1826, el Congreso de Colombia dicta una Ley que crea las Universidades Centrales y Departamentales de Caracas, Quito y Bogotá, pero ignora a Mérida por no ser capital departamental. [9] Esta situación se mantiene hasta 1830, cuando el Gobernador de la Provincia de Mérida, Don Juan de Dios Picón, se dirigió al Secretario de Estado en el Despacho del Interior abogando por la Universidad Republicana donde su padre, Antonio Ignacio Rodríguez Picón había jugado papel tan destacado.

Fue así como el gobierno nacional bajo la Presidencia del General José Antonio Páez, asumió la responsabilidad de su funcionamiento, lo separó totalmente del Seminario y del Obispado y en decreto del 14 de enero de 1832, nombró rector al Pbro. Dr. Ignacio Fernández Peña, para aprobar sus estatutos unos años más tarde y comenzar su funcionamiento. [10]

Durante todos los años trascurridos desde 1812 se suspendieron los estudios médicos, en 1835 se inician gestiones para reactivarlos y fue el 2 de mayo de 1837 cuando se reanudan bajo la tutela del Dr. Cleto Margallo, graduado en la Universidad de Bogotá, quien la regenta hasta el 5 de agosto del año siguiente, cuando renuncia y se muda a Caracas. [11]

Una nueva tentativa se acomete en 1841, pero la Dirección de Instrucción Pública opuso requerimientos inalcanzables para la universidad provinciana. En 1852 se reanuda la enseñanza médica a cargo de los Dres. Juan José Cosme Jiménez como profesor de Anatomía y el Dr. Manuel Hernández Sosa, como profesor de Higiene. Ambos, graduados en la Universidad de Caracas, pero es en el año 1854, durante el rectorado del Dr. Eloy Paredes, cuando se da un verdadero empuje a los estudios médicos, con la creación de la Cátedra de Obstetricia, las clases de Cirugía y Partos, Semiología General y Medicina Práctica. Así pues, al Dr. Paredes se le reconoce como el gran organizador de los estudios formales de Medicina.

En el año 1860, regresa Emeterio Fornés desde Caracas, donde se había licenciado en Medicina y culmina sus estudios y obtiene el título de Doctor en Medicina, siendo así el primer graduado en la universidad merideña. Nueve años después egresa Jaime Picón, en 1872 Ramón Parra Picón quien llegó a ser Rector de la Universidad y en 1878 se borló Adolfo Briceño Picón.

En el año 1878, bajo la rectoría del Dr. José de Jesús Dávila, se reorganizan los estudios formales de Medicina con Cátedras de Anatomía, Higiene, Semiología, Terapéutica y Medicina Legal, Patología Interna, Cirugía y Obstetricia. Unos años más tarde, el 23 de septiembre de 1883, el Presidente Guzmán Blanco decreta dar oficialmente el nombre de Universidad de Los Andes, pero lo despoja de sus bienes y facultades legales.

Los estudios de Anatomía requirieron de un Anfiteatro para las clases prácticas, por lo que se habilita el antiguo convento de Santo Domingo ubicado en la Calle del Sol, próximo al cementerio de El Espejo, lo que generó gran rechazo de los vecinos y su reclamo ante el Prefecto, por el uso de cadáveres en estado de descomposición. Los estudios continuaron con grandes dificultades hasta que, en 1889, el Presidente del Estado de Los Andes, Carlos Rangel Garbiras donó el modelo anatómico de Auzoux, maniquí desarmable representativo del cuerpo humano y sus órganos. Se recibió en la ciudad como ilustre huésped y en desfile de todo el Claustro y seguido por los estudiantes, empleados, parte de la ciudadanía y a los acordes de la Banda del Estado, lo recibió cubierto por el tricolor nacional de manos del Gobernador y traído en hombros de los estudiantes hasta el aula donde permanecería, donde lo recibieron solemnemente los profesores de Anatomía. Toda la ciudad quiso verlo y tocarlo, por lo que, Carracciolo Parra como Rector dispuso su exhibición, se cobró por hacerlo y con lo recabado, se compraron materiales para dotar algunos laboratorios. [12]

La Escuela de Medicina fue cerrada en 1906 por el gobierno del General Cipriano Castro y reabierta en 1928 y así permanece hasta hoy en que luce orgullosa toda su historia y el fruto de muchos hijos que marcan rumbos en todos los campos del saber. Desde esa Casa, envuelta en la neblina que baja de sus montañas y con el aroma del frailejón, hoy les he traído un pedazo de su historia. Señores y Señoras, gracias por permitírmelo.

Dra. Nancy Freites de Sardi.

Palabras presentadas en la Academia Nacional de la Medicina en la conmemoración de los 250 años del inicio de los Estudios de Medicina en Venezuela. Caracas Octubre 2013.

[1] Chalbaud Zerpa, Carlos. (2000) Compendio Histórico de la Universidad de Los Andes de Mérida de Venezuela. Universidad de Los Andes. Vicerrectorado Académico. Mérida. Venezuela.
[2] (Chalbaud Zerpa, Carlos2000 Ob.cit. )
[3] Chalbaud Zerpa, Carlos. (1997) Historia de Mérida. Universidad de Los Andes. Consejo de Publicaciones. Mérida-Venezuela.
[4] Chalbaud Zerpa, Carlos. (1997) Historia de Mérida. Universidad de Los Andes. Consejo de Publicaciones. Mérida-Venezuela, p. 164
[5] Mudarra, Miguel Angel. (1974) Manual de Historia Venezolana. Publicaciones Mudbell. Caracas, p 144
[6] Molina M, Pedro María. (2008) Las Huellas en el Muro. Historia del Edificio Central de la Universidad de Los Andes. Colección La ULA y su Historia No 4. Secretaría de la Universidad de Los Andes. Archivo Histórico. Mérida-Venezuela, p 21.
Gmail – Re: Historia de la Medicina en Mérida de la Dra. Nancy Freites … https://mail.google.com/mail/u/0/h/1vswtzwjm8s52/?&msg=169f289cf11… [7] Ob.cit. p. 43
[8] Quintero, José Humberto ( 1976) La Universidad y sus moradas. Discurso pronunciado el 15 de diciembre de 1956, en la inauguración del Edificio Central de la Universidad de Los Andes. Mérida. Talleres Gráficos de la ULA, p 12.
[9] Chalbaud Zerpa, Carlos. (2000) Compendio Histórico de la Universidad de Los Andes de Mérida de Venezuela. Universidad de Los Andes. Vicerrectorado Académico. Mérida. Venezuela, p. 92
[10] Ob.cit. p. 104
[11] Zuñiga Cisneros. Citado en: Spinetti Berti, Mario. XI Médicos Rectores de la ULA. Academia Nacional de Medicina. XIV Congreso Venezolano de Ciencias Médicas. Marzo 2000. p 17

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