Por: Dr. Carlos Guillermo Cárdenas D.

Discurso de Incorporación a la Academia de Mérida como Miembro Correspondiente Estadal.


Invocando la memoria del doctor José de Jesús Avendaño, recordado maestro de la Pediatría Venezolana, traigo ante ustedes, distinguidos académicos, esta reseña histórica de la cardiología regional: Modesto como las albricias y los frailejones de la montaña y oscuros como el musgo que crece en las laderas, tengo clara conciencia que el honor que ustedes me conceden esta tarde, sobrepasa con creces mi limitada trayectoria de médico y cardiólogo, profesor de pregrado y postgrado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Los Andes y aprendiz de escritor; pues jamás hubiera aspirado a él, pero tampoco vacilé en aceptarlo cuando varios de los presentes en este acto, me lo propusieron. Mi eterna gratitud a ustedes.

En los próximos 45 minutos relataré la Historia de la Cardiología en el antiguo Hospital Los Andes y en el actual Hospital Universitario de Los Andes, dos íconos de la medicina merideña y nacional. Historia, cuyos dos protagonistas fundamentales aún viven, los doctores Abdel Mario Fuenmayor y George Inglessis Varela. Una historia que cumplirá 70 años el próximo 15 de diciembre, cuando a un profesor venido de la Europa Central, destrozada por la segunda guerra mundial, en búsqueda de horizontes y futuro, fue contratado como docente. Una historia fascinante y apasionante, pero también de limitaciones y contratiempos. Esta historia, distinguidos académicos presentes, señor presidente de esta ilustrísima corporación académica, doctor Ricardo Gil Otaiza y demás miembros de número, estadales, nacionales y de honor, autoridades y ex autoridades universitarias, excelentísimo obispo de la arquidiócesis Luís Enrique Rojas Ruíz, personalidades del mundo universitario y empresarial,   representantes de la cardiología merideña, especialistas y residentes del Postgrado de Cardiología, profesores y compañeros de la Escuela de Medicina, alumnos estudiantes de medicina,  distinguidos asistentes, señoras y señores. Distinguido profesor Alfonso Osuna Ceballos, maestro de la medicina venezolana.  Familiares presentes. Mi hermana Alicia y Homero Ramírez Duque. Gladys, Carlos Luís y Jéssica, María Gabriela y Elís David,  mis nietecitas Fabiana Lucía, Danna Lucía, Gabriela Andrea y Elíanna Andrea, que llenan el corazón de quién les habla, les relataré esta historia.

El albor de la cardiología en Mérida data del año 1949, cuando el médico búlgaro doctor Vladimir Ivanoff Buikliski, que decía haber realizado estudios de cardiología con el ilustre cardiólogo holandés Karel Frederik Wenckebach, fue contratado por la Universidad de Los Andes (ULA) según decreto rectoral del doctor Eloy Dávila Celis, el 15 de diciembre de 1949, para dictar un curso de Cardiología Clínica.

Un año antes, en 1948, el doctor Ivanoff fue traído al viejo Hospital Los Andes para realizar los primeros electrocardiogramas en pacientes cardíacos. Estudió medicina en Múnich y Vienna, hizo la especialidad de cardiología en el Instituto Kerkhoff en Bad Nauheim, Alemania.  El doctor Ivanoff nació en septiembre de 1904 en Ichtiman, Bulgaria, y falleció el 10 de abril de 1954. Sus restos reposan en el Cementerio “El Espejo” de la ciudad de Mérida, junto a los restos de la primera secretaria que tuvo cardiología, la señora Ernes Raffler de Wicke.  Mientras hacía los trámites para revalidar el título de médico falleció en la ciudad de Caracas a la edad de 49 años.

El doctor Wenckebach (ven-ké-bák) describió en el año 1899 lo que años más tarde se conoció como Fenómeno de Wenckebach, el bloqueo AV de segundo grado, Môbitz 1. Reconocido como uno de los padres de la cardiología moderna. Tal vez no tuvo plena conciencia para su época, en vida, de los valiosos aportes que hizo al impulso y desarrollo de la cardiología actual.

El médico residente del antiguo Hospital Los Andes, doctor Abdel Mario Fuenmayor Peley, que comenzó a laborar junto al doctor Ivanoff, fue becado por el doctor Leopoldo García Maldonado,  director de la División de Hospitales del Ministerio de Salud y Asistencia Social, para seguir el curso de postgrado en Cardiología en el Instituto Nacional de Cardiología de México, bajo la dirección del maestro Ignacio Chávez. Relata el doctor Fuenmayor que cuando le solicitó la beca, el doctor  García Maldonado le respondió “ya, te vas de una vez, te la concedemos. Estamos muy interesados en iniciar la cardiología en Mérida”. El doctor Fuenmayor agrega “que para esos años la única especialidad que existía en Mérida, aparte de cirugía, pediatría y obstetricia, era tisiología, porque estaba en auge la campaña antituberculosa que con tanto éxito dirigió el doctor José Ignacio Baldó. El doctor García Maldonado me informó que dentro de un mes saldría para Boston, pero después cambió de idea, porque para esa época había alcanzado renombre universal, muy bien ganado, el Instituto Nacional de Cardiología de México. Allí fui a convertirme en cardiólogo. En México estuve un poco más de dos años. A mi regreso me designaron como el primer jefe del servicio de cardiología que el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social creaba en el Hospital Los Andes. El doctor Ivanoff, por desgracia, murió de cáncer uno o dos meses después de haber llegado yo”, concluye el doctor Fuenmayor.

Durante 35 años doctor Fuenmayor dirigió el Servicio y la Cátedra de Cardiología, esta última transformada más tarde en Centro de Investigaciones Cardiovasculares, impulsó con perseverancia, tesón y talento la creación y desarrollo de la cardiología en el antiguo Hospital Los Andes y en el Hospital Universitario de Los Andes, además, formó una escuela de cardiología que ha tenido transcendencia nacional y latinoamericana. Durante su jefatura, estimuló y propició el entrenamiento, perfeccionamiento y actualización del personal docente en los mejores institutos de cardiología a nivel mundial. Esto permitió que la cardiología merideña fuera asiento de un personal de primera calidad, con formación académica y asistencial, de valor incuestionable.

Sobre el inicio de cardiología en el vetusto Hospital Los Andes, el doctor Fuenmayor nos agrega: “En una pequeña pieza, de pocos metros cuadrados, comenzó a funcionar el flamante Servicio de Cardiología, con un fluoroscopio vertical y el mismo electrocardiógrafo heredado del doctor Ivanoff. Había también una secretaria que trabajaba antes con ese colega. Yo me empeñé, y lo logré después de buenos esfuerzos, en que se creara la cátedra de Clínica Cardiológica por parte de la universidad. Entre variadas actividades docentes, fui adjunto de la cátedra de Semiología, cuyo jefe era el doctor Luis Noguer y Molins, un médico catalán, docente magnífico. Dirigí la cátedra de Clínica Cardiológica y además entré a formar parte del personal de la cátedra de Patología Médica, en la que enseñaba la parte de cardiología. Luego me encargué de la dirección de esta materia para suplir temporalmente la ausencia de su titular, el doctor José Humberto Ocaríz, iniciador de la gastroenterología en Mérida, quien salía al exterior para realizar estudios de esta especialidad. Asimismo, dicté clases de Fisiopatología. Años más tarde, por enfermedad avanzada, el titular de semiología doctor Noguer y Molins (1886-1972), se retiró definitivamente de su actividad y se trasladó a su país, España. El rector de la universidad, doctor Joaquín Mármol Luzardo, me designó entonces como jefe de esa cátedra. La dirigí por varios años con el concurso de un grupo de colegas de distintas especialidades. En el Servicio de Cardiología recibíamos estudiantes para entrenarlos en los aspectos cardiológicos que ellos debían aprender como médicos generales. Cuando regresé de México, egresado de una institución de renombre universal, nutrida por grandes figuras de la cardiología mundial que producían investigación científica de reconocida calidad, alimenté el sueño de crear en Mérida lo mismo que había visto y vivido en México: un gran instituto de cardiología dedicado a la asistencia, a la docencia y a la investigación científica. Fueron ilusiones de juventud. La tarea parecía titánica. La lucha fue larga, dura, llena de obstáculos, pero también de apoyos decisivos y entusiastas. Después de algún tiempo logramos ampliar considerablemente los ambientes del servicio de cardiología en el Hospital Universitario de Los Andes. En ese nuevo y más dilatado espacio, inaugurado por el director del hospital con el pomposo nombre de Instituto de Cardiología hubo mejores posibilidades: un equipo más completo de radiodiagnóstico, un fonocardiógrafo, otro electrocardiógrafo más moderno, mayor ambiente para las consultas, sala de espera y hasta un ambiente para estantes donde colocar revistas científicas. Muy pronto logré captar a un joven estudiante del último año de medicina, que fue mi primer alumno y el segundo cardiólogo de Mérida: el doctor Germán González, trabajador incansable, hombre modesto, leal y de relevantes méritos, infortunadamente ya fallecido. El segundo alumno que tuve también entró siendo estudiante del último año de la carrera: el doctor George Inglessis, quien muchos años más tarde, después de mi jubilación, ocuparía mi lugar en la dirección del Centro Cardiovascular. Luego ingresaron otros médicos, algunos de ellos con entrenamiento básico en cardiología ya realizado, como los doctores Roberto García Müller, Galeno Sardi, Hugo Carrasco, Rafael Chuecos, José Pacheco, José Donis, Diego Dávila y Carlos Cárdenas”.

Permítanme, una brevísima apología del doctor Luís Noguer-Molins (1886-1972), que publicó en el año de 1916 el libro Exploración Clínica Práctica,  libro que aún ocupa espacio en las Ferias de Libros Viejos de España. El doctor Marín Vallejo, catedrático de Patología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona vaticinó en aquel año: “Me equivocaría y lo sentiría mucho si este libro no tuviera éxito y no lo viéramos, con frecuencia, cerca de las camas de nuestros hospitales”. No se equivocó, pues el libro lleva más de cien años a pie de cama y en los bolsillos de los estudiantes de Medicina y médicos en formación.

Ahora la interrogante, cómo un profesor del prestigio académico del doctor Noguer y Molins, catedrático de Universidades Españolas y Europeas,  viene a Mérida, una ciudad pequeña para la década de los cuarenta y cincuenta y a una Universidad, que aunque ya centenaria, era también modesta académicamente. Un antiguo alumno venezolano de la Universidad de Barcelona, de paso por Barcelona España, le sugirió al doctor Noguer y Molins la posibilidad de experimentar con la droga Citormón en una zona palúdica venezolana, si era capaz de desencadenar una respuesta inmunológica protectora contra el Plasmodium Falcíparum. Después de dictar conferencias sobre el Sistema Nervioso Vegetativo en el Hospital Vargas de Caracas, logra una contratación para movilizarse a zonas endémicas de Paludismo. En Tinaquillo Estado Cojedes (1945), tiene oportunidad de aplicar Penicilina por primera vez en Venezuela, a un paciente con Neumonía, con excelente resultado. Después de los estudios sobre la efectividad del medicamento en pacientes con paludismo, llega a Mérida contratado como profesor por nuestra Universidad de Los andes, para dictar Clínica Propedéutica en la recién creada cátedra de Semiología Clínica, desde 1946 hasta 1958, cuando decide regresar a España. Puede considerarse al doctor Noguer y Molins como el primer clínico en enseñar los principios básicos del examen cardiovascular en el Hospital Los Andes.

Fueron aquellos tiempos que nuestra Universidad comenzaba a adquirir prestigio y relevancia en Europa. Más de una docena de profesores europeos de la postguerra, llegaron a Mérida a reforzar nuestra planta docente académica. Algunos de ellos nos son familiares, profesores Karl Salfelder, Manfrend Hartung, Eduardo Brise, Gerhard Kleiss, Vladimir Ivanoff, Jorge David Cato, Julio María Sosa, Jorge Ramonovich. Pero también en otras áreas y carreras llegaron de lejanas latitudes. Tiempos aquellos en que la Universidad crecía y se expandía.

Retornemos a la Historia de la Cardiología:

Para el año de 1959, los doctores Germán González González, con postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología de México, y George Inglessis Varela, con postgrado en la Universidad de Pennsylvania, Temple University y Hahnemann Medical College, Philadelphia, eran  integrantes del personal de planta del Servicio-Cátedra de Cardiología.

El doctor Inglessis comenzó a participar en las actividades asistenciales desde el año de 1958. Director del Centro de Investigaciones Cardiovasculares y jefe del Servicio de Cardiología desde el año 1985 hasta el año 2000. Le correspondió impulsar, lo que podría considerarse con el advenimiento de los procesos invasivos  e intervencionistas, como la segunda etapa del instituto. Con una política de manos abiertas al nuevo desarrollo de tecnologías en el diagnóstico y tratamiento de las diferentes afecciones cardiovasculares, permitió un crecimiento cuantitativo y cualitativo del Centro de Investigaciones Cardiovasculares.

La Fundación de Cardiología. FACICARDIO

A mediados de la década de los ochenta, producto de los tropiezos y dificultades para el financiamiento de la actividad cardiológica en el Hospital Universitario de Los Andes, se creó la Fundación de Amigos del Centro Cardiovascular- FACICARDIO-, institución sin fines de lucro, cuya justificación y fundamento fue de respaldo y solidaridad a la actividad que realizaban los cardiólogos. La fundación era receptora de fondos aportados, de manera absolutamente voluntaria, por pacientes e instituciones públicas y privadas. La actividad de la fundación permitió la adquisición de equipos médicos  de última generación y la contratación del servicio de mantenimiento continuo y preventivo al equipo de hemodinamia, a los equipos de ecocardiografía, pruebas de esfuerzo, Holter de ritmo de 24 horas, fonomecanocardiógrafo y vectocardiógrafo. El contrato de mantenimiento que se suscribió con la compañía Siemens para el equipo de hemodinamia se logró con el aporte, en partes iguales, de FACICARDIO, el Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT) de la ULA y el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Durante el tiempo que estuvo vigente la fundación, hasta principios de la primera década del presente siglo XXI, el funcionamiento de los equipos fue regular y oportuno. En el año 2004, por la visión miope de la dirección del hospital, siguiendo instrucciones del Ministro de Salud, la fundación fue proscrita y, como consecuencia, entramos en una etapa que se prohibió el funcionamiento de la fundación, pero tampoco  se aportaron los recursos para el funcionamiento del instituto.

Los estudios invasivos con opacificación cardiovascular del lado derecho del corazón en el Hospital Los Andes comenzaron en el año 1964 con la participación y colaboración de los doctores Juan José Puigbó y Pablo Blanco, ambos del Hospital Universitario de Caracas, lo que constituyó una innovación en el abordaje de las afecciones cardiovasculares. También se dieron los primeros pasos para la regularización de la cirugía cardiovascular con el método a corazón cerrado. La primera cirugía de coartación de la aorta en Venezuela la realizó, en el Sanatorio Venezuela de Mérida, el doctor Gustavo García Galindo con el doctor Francisco Moncada Reyes como primer ayudante, en junio de 1954, a la religiosa sor Belén Mora, quien vivía hasta principios de la década de 2010.

Centro de Investigaciones Cardiovasculares

Para el año 1966, el Consejo Universitario de la ULA, en reconocimiento a la labor asistencial, docente y de investigación, concedió veredicto aprobatorio al proyecto de creación del Centro de Investigaciones Cardiovasculares “Abdel M. Fuenmayor P.”, constituyéndose de esta manera en el primer centro académico en el área cardiovascular de las  universidades del país. El personal académico y asistencial del antiguo Sanatorio Antituberculoso Venezuela, bajo la dirección del doctor Augusto Gabaldón Parra, médico tisiólogo para la época y de grato recuerdo, permitió que se realizaran las primeras cirugías a corazón abierto en sus ambientes. El personal de médicos aumentó con la incorporación del cirujano cardiovascular  doctor José Vicente García Loyacono  con postgrado de cirugía en el Instituto de  Clínicas Quirúrgicas de Düsseldorf, Alemania, y el doctor Franklin Arríaga Saldivia, que ingresó como residente y después realizó entrenamiento de postgrado en cirugía cardiovascular en Alemania y más tarde en Brasil. Hacia principios de los ochenta ingresaron los anestesiólogos cardiovasculares Nicolas Fariñas, Ricardo Gerenstein y Ramón Tejada.

Apertura en el HULA

La apertura del Hospital Universitario de Los Andes en diciembre de 1973, constituyó un paso de gran trascendencia para el desarrollo de las actividades asistenciales, de enseñanza e investigación del Centro de Investigaciones Cardiovasculares. Al disponer de ambientes amplios y funcionales, nuevos equipos de exploración no invasiva e invasiva y el aumento de personal  a todos los niveles, hizo posible ampliar cuantitativa y cualitativamente las actividades. Se iniciaron los primeros cateterismos cardíacos izquierdos, coronariografías, ventriculogramas, electrocardiografía dinámica (Holter de 12 horas), pruebas de esfuerzo, primero en la bicicleta ergométrica y luego con la banda sin fin, estudios electrofisiológicos, cirugía cardíaca con el método a corazón abierto con circulación extracorpórea para puentes aorto-coronarios (By-pass) con vena safena, implante de válvulas artificiales y las primeras cirugías de cardiopatías congénitas complejas.

Para finales de la década de los sesenta (1968) ingresó, por traslado de la cátedra de cardiología del Hospital Universitario de Caracas,  el doctor Rafael Chuecos Poggioli, egresado del curso del postgrado del Instituto Nacional de Cardiología de México. El doctor Chuecos Poggioli ejerció por elección de la Asamblea de la Facultad de Medicina, el cargo de decano, más tarde el Claustro Universitario lo eligió el primer vicerrector académico y cuando su nombre constituía un consenso en el claustro universitario para su elección como rector de la ULA, una delicada y larga enfermedad acabó con su vida.  Para principios de la década de los setenta ingresaron los cardiólogos Miguel Roberto García Müller (1971) con curso de postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología de México,  Edgar Galeno Sardi Schoneewolf (1971) con curso de postgrado en el Hospital Universitario de Caracas (HUC) y entrenamiento posterior en la Universidad de Miami (EEUU). El doctor Sardi Schoneewolf adolece de una delicada afección cerebro vascular que lo mantiene alejado de la actividad médico cardiológica. El doctor Hugo Antonio Carrasco Guerra (1972) con curso de postgrado en el HUC y en la Universidad de Stanford, California (EEUU), y el doctor Juan Simón Barboza Morán (1974) con curso de postgrado en el Instituto de Cardiología de México. También el doctor Barboza Morán ha sido afectado por un proceso crónico que lo mantiene convaleciente y temporalmente alejado de la actividad clínica. Hacia mediados de la década setenta ingresaron los cardiólogos José Hipólito Donis Hernández (1976) y José Antonio Pacheco Álvarez (1976), egresados del curso de postgrado del HUC, posteriormente con entrenamiento, el primero en el Texas Heart Institute-St Luke´s Episcopal Hospital, Houston (EEUU) y el segundo en la Universidad de Stanford, California. Para finales de la década setenta y principios de la década ochenta Diego Fernando Dávila Spinetti (1980) con curso de postgrado PHD en fisiología cardiovascular en la Universidad de Georgetown en Washington y Carlos Guillermo Cárdenas Dávila (1980) integrante del primer curso de postgrado del Hospital Universitario de Los Andes (primeros dos años) y entrenamiento de postgrado en hemodinamia en el Texas Heart Institute- St Luke´s Episcopal Hospital, Houston. A mediados de la década de los ochenta (1985) ingresó Abdel José Fuenmayor Arocha, egresado del postgrado de cardiología del HULA, con entrenamiento en electrofisiología en la Universidad de Miami bajo la tutoría del profesor Agustín Castellano, Florida.

Desde el año de 2001, el profesor titular Dumar Durán Delgado de la cátedra de Farmacología de la Facultad de Medicina y cardiólogo egresado del HUC, con entrenamiento en la Universidad de California, se incorporó al personal académico en calidad de profesor emeritus activo; ya desde el año 1988 colaboraba como cardiólogo en actividades de extensión. El profesor titular de la cátedra de Fisiopatología Argenis Torres, egresado del postgrado de cardiología del HULA colabora de manera regular con las actividades asistenciales y académicas del Instituto. Mención especial merece el cardiólogo Jesús Bellera, egresado del postgrado de cardiología del HULA y magister del postgrado en Ingeniería Biomédica de la Facultad de Ingeniería de la ULA, colabora y participa en las actividades del Instituto desde hace seis lustros de manera Ad Honorem.

Luego ingresaron en este orden los cardiólogos Jorge Casado, Ignacio Inglessis Azuaje, Tulio Nuñez Medina, Roberto Odreman, Justo Santiago Peña, Barbara Das Neves y  Feliz Peraza, todos con magnífica formación académica y profesional, pero lamentablemente ninguno de ellos está en el Instituto. Todos marcharon a otras latitudes.

Generación de relevo

En la presente década del siglo XXI han ingresado como personal regular adscrito al HULA los colegas cardiólogos Maite González, actual coordinadora del Postgrado de Cardiología, Lissette Aranguibel, actual directora del Instituto y Jefe del Servicio de Cardiología, Francisco Sánchez Coordinador del Pregrado de Cardiología, Cristel Delgado, Petaín Peña y Josiana  Piña.

El Instituto de Investigaciones Cardiovasculares ha desarrollado  áreas  en la investigación cardiovascular que han tenido impacto que trasciende nuestra frontera nacional, como la enfermedad de Chagas y la miocardiopatía chagásica, el estudio del sistema neurovegetativo en la insuficiencia cardíaca en distintos tipos de miocardiopatía, el diagnóstico y tratamiento electrofisiológico de arritmias complejas, implantación de desfibrilador y uso del resincronizador en pacientes con daño miocárdico ventricular severo, el diseño e implementación del programa regional para el tratamiento de la cardiopatía isquémica aguda, el tratamiento intervencionista percutáneo coronario y el tratamiento endo vascular de defectos congénitos cardíacos en niños y adolescentes, así como adultos. Estas líneas de investigación, iniciadas y desarrolladas fundamentalmente con el apoyo de la Universidad de Los Andes, han sido en buena medida producto de la iniciativa,  esfuerzo y perseverancia de nuestros miembros del cuerpo académico, que la mayor de las veces, con escasos recursos, han podido llegar a resultados que hacen viable una mejor y más comprensible aproximación en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.  Para desgracia de nuestro sistema regional de salud, la mayoría de estos programas están suspendidos o diferidos en el tiempo, a la espera de mejores vientos.

El postgrado

En las últimas cohortes de egresados  el 100% de nuestros estudiantes  concluyeron el trabajo especial de grado  y algunos recibieron el reconocimiento y premiación en eventos científicos nacionales y latinoamericanos. Nuestro postgrado se ha consolidado como el de más impacto y   pertinencia social nacionalmente, hecho indiscutible reconocido por el doctor Luís López Grillo, monitor del posgrado del Hospital Universitario de Caracas, fallecido recientemente. Además, el nivel de rendimiento de nuestros estudiantes de postgrado, llamados desde el punto de vista hospitalario residentes, podría catalogarse como sobresaliente. Con limitaciones tanto en lo académico como en lo hospitalario por la crisis nacional, hasta en lo personal para trasladarse al sitio de trabajo, no han sido óbice para alcanzar el alto nivel de rendimiento y excelencia.

El instituto ha sido un puntal en el desarrollo e impulso de muchos programas cardiovasculares a nivel hospitalario, regional y nacional. Esto es obra de muchos durante muchos años. Pero ese esfuerzo realizado durante cuatro décadas, puede ver comprometida su eficiencia al menoscabar las condiciones mínimas de trabajo en cuanto a recursos para llevar adelante una investigación de calidad con impacto social regional y nacional. La investigación no se decreta, la investigación nace, crece, se desarrolla y alcanza resultados tangibles como producto de múltiples condiciones y factores que crean un ambiente propicio a ella. Esta actividad, como único camino para garantizar su permanencia y pertinencia, requiere del  apoyo decidido de las instituciones públicas que tienen responsabilidad regional y nacional en la promoción y apoyo de la  investigación, la enseñanza de pre y postgrado y la atención de las decenas de miles de pacientes que acuden anualmente en la búsqueda de salud y bienestar. Negarle recursos es comprometer la permanencia en el tiempo de una actividad tan trascendente como la indagación de lo desconocido, la actividad de innovación y creación del conocimiento, camino para superar los flagelos que han diezmado la humanidad desde tiempos pretéritos. La realidad actual para el año en curso (2019) es que buena parte de los logros que se han descrito anteriormente en la presente reseña histórica, se han esfumado. Desde hace varios años no se dispone de cirugía cardíaca a corazón abierto, los procedimientos intervencionistas están paralizados por falta de mantenimiento preventivo al equipo de hemodinamia, la operatividad de los equipos de ecocardiografía está ausente pues sólo funciona uno de los seis existentes, la investigación disminuida sustancialmente se realiza con inmenso esfuerzo del personal académico y los residentes de cardiología. Más del 50% del personal de especialistas, que vendría a constituir la cuarta generación de cardiólogos, se han marchado a otras latitudes y el ingreso de  residentes (estudiantes de postgrado) se ha visto mermado sustancialmente.

El maestro Ignacio Chávez, figura señera de la cardiología mundial a mediados del siglo pasado, afirmaba que había dos tipos de cardiólogos, los de corto y bajo vuelo, y los de largo y alto vuelo. Nuestro grupo tomó hace muchos años esta última alternativa. 

La cosecha académica

El Curso Introductorio del postgrado de cardiología en el HULA comenzó en el mes de septiembre de 1975, en enero siguiente la primera cohorte del postgrado comenzó formalmente, integrada por los médicos residentes Henry Rodney, Andrés Villafañe, Beatriz Parra, Albanio Molina (+), César Molina Alemán y Carlos Guillermo Cárdenas Dávila. Hasta la presente fecha (diciembre 2019) han egresado cuarenta y dos cohortes del postgrado. Cerca de doscientos especialistas en Cardiología.

La última cohorte (2019) la forman los cuatro residentes presentes en este acto: Halddry González, Génesis Molina, Zuleynny Telles y Luís Andrés Tabares.

El nuevo Edificio

    En el año de 1992, el Centro de Investigaciones Cardiovascular, con la colaboración de la Facultad de Arquitectura bajo la responsabilidad del arquitecto Augusto Canelón González y el vicerrectorado académico de la ULA, concibió el proyecto arquitectónico para la construcción de un edificio nuevo y funcional que albergara, como una extensión del actual espacio físico, todas las actividades asistenciales, académicas (enseñanza de pre y postgrado, investigación) y de extensión del Instituto. El edificio se comenzó a construir en el año de 1994, actualmente la estructura física está terminada en 85% aproximadamente.        Hace nueve años dos ascensores fueron instalados. El edificio además dispone de ambientes para tres pabellones para cirugía cardiovascular, una unidad de cuidados posoperatorios con tres camas para niños y cinco para adultos, una unidad de cuidados coronarios con siete camas, ambientes administrativos para cirugía cardiovascular, dos salas de hemodinamia que con las existentes sumarían, al entrar en funcionamiento el edificio, cuatro salas, ambientes para hospitalización de adultos 32 camas, ambientes para hospitalización de niños 10 camas, sala para cuidados post-intervencionismo  12 camas, sala de reuniones y biblioteca, sala de estar para los residentes de postgrado, cubículos para los especialistas, un laboratorio para fisiología del corazón, un laboratorio para estudio de arritmias y electrofisiología, consultorios para cardiología pediátrica y cardiopatías congénitas, cardiología preventiva. Esto permitiría de igual manera, aumentar la capacidad de atención de pacientes provenientes de los 3 estados andinos Táchira, Mérida y Trujillo, los estados pie de monte Barinas, Apure y Portuguesa, la zona Sur del Lago de Maracaibo,  el occidente del país, pues cardiología del HULA es el único centro público en la región andina, actualmente, que disponía de capacidad para realizar procedimientos como intervención coronaria percutánea, ablación en arritmias complejas, implantación de desfibrilador en arritmias ventriculares, implantación de resincronizador en pacientes con disfunción ventricular severa, colocación de dispositivos intracardiacos en cardiopatías congénitas, cirugía cardiovascular coronaria, valvular, de aorta y vasos periféricos.

Retos y desafíos

No descansaremos ni flaquearemos en la lucha por hacer realidad el sueño que inició, hace setenta años, la generación fundadora de la cardiología merideña: doctores Abdel Mario Fuenmayor Peley, Germán González González y George Inglessis Varela, con el doctor Vladimir Ivanoff como precursor, de ofrecerle a Mérida, a la región andina, al occidente y a todo el país, una cardiología moderna y eficiente, oportuna y accesible, dentro de un ámbito universitario y académico, que ha sido fuente inagotable de renovación y actualización permanente de nuestro personal docente y asistencial, de nuestros residentes de postgrado; un ambiente de oportunidades y respeto que permita brindar el apoyo necesario para la actualización e  innovación de las nuevas técnicas diagnósticas y terapéuticas. En ese norte estamos comprometidos todos, desde el más antiguo de nuestros especialistas hasta el de más reciente incorporación.

Cardiología del Hospital Universitario de Los Andes vive una de las crisis profundas, consecuencia de la indefinición del Ministerio de Salud a nivel central, en el apoyo para adelantar los distintos programas de atención al paciente adulto, niño e imberbe que padecen de una afección cardíaca, pero tenemos un equipo humano, el fundamental, que no se doblega ante la adversidad y la tormenta. Hemos sabido sortear los obstáculos en otras ocasiones. En la presente coyuntura también lograremos, con empeño y tesón, sin menguar el ánimo ni permitir el desaliento, cristalizar el sueño de muchos años, de alcanzar una cardiología preventiva y curativa, eficiente, oportuna, accesible y de calidad.

Permítanme ustedes un comentario sobre el estado actual de la cardiología de los países desarrollados.

La cardiología a nivel mundial en los últimos 15 años ha avanzado a pasos agigantados. Nuestro instituto no puede estar ausente de esos logros. La  mayoría de las arritmias cardíacas auriculares se tratan con electro fulguración. Las válvulas aórticas y  mitrales por procedimientos percutáneos, sin necesidad de abrir el esternón o el tórax del paciente. En la válvula tricuspídea se han alcanzado avances esperanzadores y es probable que en los próximos años sea un procedimiento de rutina. Las anomalías congénitas en los niños también se tratan por procedimientos endo vasculares. La angioplastía coronaria aplicada en las primeras dos horas de iniciado el infarto es una realidad incuestionable, disminuye de manera sorprendente la muerte del músculo cardíaco. La aplicación del concepto del genoma humano en la curación de algunas enfermedades incluyendo la cardíaca será una hecho en los días por venir, ya se ha detectado la ubicación del gen dentro del cromosoma humano de muchas enfermedades cardíacas.  Una realidad incuestionable es la aplicación de resincronización en el paciente con corazón dilatado e insuficiente. La cirugía robótica en casos de procedimiento de bypass aorto-coronario y/o patología de pericardio. En fin, son avances que nuestro grupo no podría estar de espaldas.

Pero la realidad del país de los tiempos presentes es que estamos más pobres, con una hiperinflación asfixiante, con más violencia y más desabastecimiento, incontenible flujo migratorio de cientos de miles de jóvenes en la búsqueda de un futuro y sumergidos en una sociedad que ha retrocedido decenas de años, y probablemente, nosotros como padres no podremos a nuestros hijos dejarles  un país mejor que el que  nuestros padres nos dejaron.

¿Cuál fue la causa de ese fracaso que no permitió el desarrollo de un país moderno que resolviera los inmensos problemas de la población venezolana?. No se construyó verdaderas políticas que impulsaran el  desarrollo y bienestar colectivo. Se gobernó con decretos y retórica. Se gobernó con lo que aquellas masas querían escuchar y no con lo que debían escuchar.

Creció una generación con más incertidumbres que esperanzas. La generación que con calificaciones académicas y profesionales nos siguió, migró a otras latitudes. Ahora queda la brecha generacional.   No se inculcó valores  ni principios. Se sustituyó lo fundamental por lo banal. Se reemplazó la grandeza por la pequeñez. Se olvidó que la patria grande se construye con el esfuerzo de todos y cada uno de nosotros. Ahora estamos al borde del abismo. Pero los tiempos cambiaran como cambia la dirección del velero cuando el viento sopla a su favor.  

Concluyo estas palabras, sin antes agradecer a todos ustedes los presentes la paciencia que han tenido en escuchar este relato. Estas palabras también tienen un especial agradecimiento al ausente, el doctor Diego Dávila Spinetti (+), que con su ejemplo y rectitud nos enseñó el camino de lucha y batalla por la investigación científica y al doctor George Inglessis Varela, que con su constancia y perseverancia por una cardiología  de calidad y al alcance de la gente humilde, nos ha dado el buen ejemplo, repartiendo la miel de sus bondades.  

Empinada honra para mí, profesor universitario y médico de hospital, que aprendí con mis maestros de la Clínica Médica a realizar la anamnesis de la historia clínica y el examen físico, sin obviar los pasos ni saltar aspectos esenciales para un acertado diagnóstico clínico; que aprendí a insertar marcapasos a pacientes con bloqueos en condiciones críticas. Mi formación ha sido básicamente hospitalaria y universitaria, pues desde muy temprano ingresé a la Cátedra de Clínica Propedéutica como monitor. De manera, que a la hora del juicio de ustedes ilustres académicos, la calificación final debe ser con una dosis de exigencia, pero también con una dosis de comprensión y benevolencia.

Muchas gracias a todos…

Discurso pronunciado por Carlos Guillermo Cárdenas D. con motivo de su incorporación como miembro estadal a la Academia de Mérida. Mérida, 13 de noviembre de 2019.

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