Por: Dr. Eleazar Ontiveros Paolini

Las conversaciones cotidianas con amigos y allegados, nos han permitido determinar que si bien en una gran mayoría ha renacido con fuerza la esperanza de lograr la Venezuela deseada por lo que podríamos llamar el “efecto Guaidó”, otros se muestran escépticos, en especial los que estiman que los días pasan y no se produce nada determinante que traduzca algún cambio objetivo en la vida cotidiana. Se trata, si se quieres, de grupos a los cuales, sin ninguna intención peyorativa, podríamos tildar como desesperados.

A estos últimos es indispensable llevarlos a un estado de ánimo que los convenza en cuanto a que lo que se está deseando es posible, con base en el sustrato lógico determinando por las reacciones nacionales y la relevante solidaridad internacional para con las aspiraciones democráticas del país.

Y la manera que creemos más propicia para lograr esa transformación, es insistir, tal como sucede en la realidad, que la estrategia nacional e internacional de “disminuir día a día la capacidad operativa del régimen” es un sustrato lógico que está creciendo con celeridad, lo que permite fortalecer la esperanza y disminuir un estado de ánimo contrario. Eso requiere y es fácil ponerlo en la palestra pública para que conscientemente todos se den cuenta objetiva de  que efectivamente el régimen se está convirtiendo sin reparo posible en una entelequia, pues  en la práctica no hay gobierno: “no tiene posibilidades de negociaciones en el extranjero; de utilizar el dinero depositado en cuentas en bancos del exterior para seguir con la comodidad de resolver todo con base a las importaciones y no a la producción; sin posibilidades de hacer funcionar adecuadamente y no con pañitos calientes los servicios públicos básicos de electricidad y agua; imposibilitado de resolver los problemas nacionales de transporte; no tener seguridad con el suministro de gasolina; sin posibilidad alguna de detener la progresiva e inexorable inflación; incapaz de lograr una científica adecuación de la educación; obligado a negociar el petróleo con compradores inestables; carente de la capacidad logística para disminuir la inseguridad; sin la capacidad y serenidad necesaria para enfrentar razonablemente las protestas que a diario se dan en toda la geografía nacional; sin alternativa, solo posible imprimiendo dinero inorgánico, de darle al sector público sueldos razonables para que le permitan al menos medio comer, lo que solo es posible si no se produce la consecuente inflación, etc, etc.

Por tales razones todos, al unísono, unidos, debemos tener la esperanza de que la transformación deseada se producirá y, entonces, proceder en consecuencia personal y colectivamente,  entendiendo que se trata de un proceso y no de un acto mágico que adecue todo de un día para otro. Lo de la unidad  es determinante. Recordamos sobre el particular un sabio proverbio africano que dice: “Cuando la manada permanece unida el león se acuesta con hambre”.

Las esperanzas deben reforzarse cuando las situaciones son más complicadas, para evitar, como en efecto sucede, caer en estados de depresión. Esperanza de tal calidad actúa como un estímulo y aporta las fuerzas necesarias para despejar las dificultades, ayudando desbrozar los obstáculos que existen y existirán en el camino emprendido. Todo se trata de “convertir lo deseado  en una batalla” contra las trabas  que entorpecen su logro.

Dr. Eleazar Ontiveros Paolini

Miembro Estadal Correspondiente de la Academia de Mérida


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