Por: Nelson Rivera, Diario El Nacional*

Guerra Fría, política, petróleo y lucha armada. Venezuela en el
mundo bipolar (Universidad del Rosario, 2019), es un libro que
reúne los textos de 8 autores. Aquí se entrevista a uno de ellos:
al economista e historiador Luis Ricardo Dávila (1953)

En el contexto de su ensayo, ¿a qué llama Guerra Fría? ¿Es legítimo considerar que la Guerra Fría es un antecedente de la polarización política presente hoy en muchos países del mundo?

Permítame comenzar por lo segundo. En aquella realidad surgida de la
Segunda Guerra Mundial, la polarización política estuvo a la orden del
día, solo que esta se definía no entre diversos países sino entre grandes
bloques de poder. En 1945 creer que el comunismo autoritario soviético sería la tendencia del futuro era tan fácil como creer que lo sería el capitalismo democrático euro-norteamericano. De manera que había una
división del mundo en dos campos hostiles; una polarización de Europa
en general, y de Alemania en particular, en esferas de influencia antagónicas; una competencia ideológica, algunos decían entre capitalismo
y comunismo, otros decían entre democracia y autoritarismo o, en otros
países, entre dependencia y liberación nacional.
El peligro de una guerra entre estos bloques o entre las superpotencias
era vislumbrable. Surge entonces un conflicto sin final aparente, conocido
como Guerra Fría que opuso Occidente al bloque comunista, marcando
el destino de la política internacional durante el medio siglo siguiente. Este
nombre Guerra Fría es portador de múltiples significaciones más o menos contradictorias. Podría pensarse que es una cuestión de usos del lenguaje. Pero al mismo tiempo evoca una lectura de las imágenes asociadas al nombre, como una suerte de mensajes codificados. Un conflicto por otros medios, diferentes a la clásica conflagración armada que había marcado la política mundial las tres décadas anteriores desde 1914. Una primera significación es el primado de lo simbólico que reforzaría su sentido, es decir, fortalecería las fuerzas que definían y manipulaban el lenguaje en torno al término.
Si leemos la frase en la perspectiva simbólica que funda su sentido y
sus prácticas, como el emisor la construye y el receptor la entiende, o cree
entenderla, se hace claro que esta es una particular forma de guerra que
exige estar listo para el combate sin combatir o para combatir por otros
medios. El término, surgido en abril de 1947 por Bernard Baruch, asesor
de confianza y confidente de los presidentes Franklin D. Roosevelt y de Harry S. Truman, respectivamente, era de una expresión tan gráfica que
de inmediato captó la imaginación popular, convirtiéndose en parte de lenguaje cotidiano. Luego esta dimensión simbólica —su aspecto más relevante— del nuevo tipo de guerra fue popularizado por ese inmenso aparato propagandístico que es Hollywood: un tipo de guerra donde hay que estar listos para luchar sin combatir.

Lea la entrevista completa aquí


* Publicado el 28 de junio de 2020 por el Diario El Nacional, Papel Literario, Pág. 3.

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