Por: Dr. Jesús Alfonso Osuna Ceballos

Interminable e inquietante espera la nuestra, frustrante rutina, de todos, muchos que callados, pero con innegable rabia e impotencia en silencio la gritamos. Así transcurre la vida en nuestro país, la Venezuela de tan oscuros días, la del perenne reclamo, de la denuncia y la protesta diaria sin que voz alguna responda con acciones oportunas para solucionar ingentes necesidades que todos padecemos; realidad que conocen quienes disfrutan las mieles del poder y sin inmutarse las ignoran y hasta burlas hacen mostrándolas en toda su crudeza por los medios que férreamente controlan para presentarse cual democracia permisiva respetuosa de la libertad y de los derechos humanos; son expertos en administrar el silencio de la verdad, cinismo con el cual profundizan en el engaño que a muchos por su ignorancia convence, u oídos sordos de otros para quienes cuanto ocurre no es de su incumbencia ni suya la culpa del desastre social de nuestro país, porque en su diario cohabitar con aquellos cobran beneficios por su silencio.

            Es reciente cuando en el mundo se han enterado de la existencia de Venezuela: imágenes que se mezclan y confunden mostrando nuestra realidad social, la de un país en progresiva destrucción; paisajes del trópico, música y gente bailando cual marionetas, es el trópico encendido con colores y ritmo pues aquí no ha pasado nada; bronce y mármol con cara de heroínas y héroes, banderas y lanzas confundidas con fusiles AK-103, la miseria de nuestra gente cruzándose en todo lo que abarca el ojo de la cámara, el video, los gestos; personas sin rumbo o en poses detenidas a pleno sol, de todas las edades con las manos extendidas en búsqueda que se pierde en el vacío del sofocante calor del mediodía, en  humillantes e interminables  filas, a la espera de todo, de nada; no hay cansancio en la protesta sólo languidez en la mirada y mil muecas que se pierden en agotador silencio; vehículos con etiqueta de abandono y otra vez la inagotable línea de gente que se pierde en el bochorno de la tarde. Dos hombres con aprestos de guerra, uno con traje gris camuflado, el otro traje verde oliva, en sus rostros dibujada la indolencia y el odio reprimido, portan armas de alta potencia; cuidadores de todo…de la nada…

            La queja convertida en murmullo, la basura, las moscas y otras plagas, el charco nauseabundo y la desidia retratada en una alcantarilla siempre rota; el agua que no termina de agotarse en la mansedumbre del asfalto roto, pero en la humilde vivienda, ni una gota, sólo la oferta pegada en insólito e insultante cartel de una migaja que nunca llegó. Libertad…toda…la del gobierno y sus mentiras…nosotros, escuchándolas impávidos y desorientados…Ese es nuestro país. Esas nuestras ciudades, sus arrabales y los pueblos olvidados, como siempre han sido… súbitamente, la imagen de un joven político de la oposición venezolana, entre zancadas elude uno y otro obstáculo pues los charcos se han multiplicado; con seguridad avanza en su carrera perdiéndose entre brazos de multitud que ansiosa lo espera.  Surgen otras imágenes, las que de nuevo muestran la miseria como realidad vestida de gala, y las noticias que abundan con verdades a medias; y ahora a los ojos que a cada instante nos vigilan se suma el amenazador y procaz dedo del “Gran Hermano” *, como para recordarnos en nuestro desamparo quién nos acompaña. En tan desconcertante escenario ausentes las ideas y el mensaje orientador, como corresponde hacerlo a todo buen gobernante. Desde afuera continúan observándonos, cautelosos algunos como si incierto peligro acechara; otros actores con la discreta solidaridad propia de insulsas e indolentes organizaciones internacionales que dudan para hacernos llegar necesaria, racional y oportuna ayuda humanitaria, no la dádiva que las circunstancias justificarían. No hay respuestas en las cuales creer, pues entre ellos se repiten como para estar a la vez cerca y distantes de nuestra realidad. Entonces… ¿a quién creer?… ¿en quién confiar?… ¿qué nos espera?…

            En medio de aquél alucinante escenario llegó esperado visitante: el virus Covid-19… y frente a ésta amenaza Nicolás Maduro no dudó en presentar a Venezuela con un eficiente sistema de salud y recursos médico-asistenciales que impedirían como infranqueable barrera la entrada y propagación del agresivo virus, y sin demora solicitó auxilio económico a organismos internacionales y la suspensión de restricciones financieras impuestas por el Departamento del Tesoro de los  de Estados Unidos de Norteamérica, para poder cumplir aquellos compromisos. Si los potenciales “rescatistas”   toman en cuenta la multitud de carencias que  impiden garantizar la salud y la vida de los venezolanos, situación que ha sido calificada como  Emergencia Humanitaria Compleja** es posible que aquellas solicitudes sean atendidas y Venezuela reciba justificada ayuda; ante tal eventualidad considero necesario  advertir, que de llegar recursos para protegernos de la pandemia Covid-19 no deben ser para otros propósitos que no sean los que exige el estado de calamidad en que está sumido el pueblo venezolano. La emergencia creada por Covid-19 nos hace recordar lo que ocurrió en Venezuela cuando la pandemia de la “gripe española” se hizo presente; los primeros casos en La Guaira y en octubre de 1918 en Caracas.  Al aumentar el número de enfermos y muertes, los ilustres Médicos José Gregorio Hernández y Luis Razetti hicieron contundente denuncia declarando: “que lo que estaba matando a la gente no era la gripe sino la pobreza y la miseria en que vivía la mayoría de los venezolanos,  mal alimentados y con mínima higiene, muchos de ellos con padecimientos crónicos de paludismo y tuberculosis”.   Transcurrido casi un centenario después de aquella tragedia es triste reconocer que las actuales condiciones sociales y sanitarias de nuestro país no son mejores que las de comienzo del siglo XX. La denuncia de los Doctores José Gregorio Hernández y Luis Razetti cobran hoy plena vigencia.

            Se prolonga obligado confinamiento ahora justificado por la pandemia Covid-19 que contribuye a que el cerco que nos oprime se estreche aún más. En estos días de continuo meditar nos abruman reclamos por imperdonables faltas: ¿cuán cerca hemos estado de nuestros semejantes y cuánto hemos hecho para acompañarlos en su diario sufrimiento?… ¿cuánto hemos contribuido para que volvamos a tener país?…el país que perdimos hace dieciocho años mediante vergonzoso y vil convenio que destruyó cimientos institucionales y nuestra bien ganada condición de nación soberana,  lesionando  nuestra  identidad ciudadana  …ahora somos… “territorio libre” de aproximadamente 912.050 Km2  habitado por 30 millones de “seres humanos que vivimos en “condiciones impuestas  de aparente libertad, sin leyes…en el más cruel desamparo…

¡Entonces!… ¿a quién creer?… ¿en quién confiar?… ¿qué nos espera?… se pueden ensayar muchas respuestas; cada quien la suya con base en sus convicciones, creencias y principios humanitarios…y creo, que cerrando los ojos a voluntad propia  y de brazos cruzados no es como debemos acompañar la esperanza! …

Profesor Jesús Alfonso Osuna Ceballos. ExVicerrector Académico de la Universidad de Los Andes (1980-1984).

e-mail: jesusosuna.oc@gmail.com.

Mérida, 13 de abril del año 2020.

*1984. Orwell, George.  A Signet Classic. New American Library.

**Emergencia Humanitaria Compleja en Venezuela-Derecho a la Salud. Reporte Nacional, Septiembre 2018. En la introducción de este valioso documento sus autores expresan lo siguiente: “El presente reporte sobre la Emergencia Humanitaria Compleja en el Derecho a la Salud, responde a una metodología interdisciplinaria que reunió a múltiples actores informados para compartir, contrastar y fundamentar datos sobre la situación del derecho a la salud en Venezuela, haciendo hincapié en la escala, intensidad y severidad de los daños a la salud y la vida de la población y su relación con los impactos sobre las capacidades sanitarias del país”; y nos recuerdan: “La responsabilidad de cumplir las obligaciones del derecho a la salud es del Estado”.  Los autores analizan y describen las precarias condiciones  del sistema de salud de nuestro país, en cuanto a infraestructura y  funcionamiento, las necesarias para garantizar un buen estado de salud de los venezolanos.

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