Por: Dr. Fortunato José González Cruz

La beatificación del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros es ocasión propicia para recordar la visita que hizo a la ciudad de Mérida de paso a San Juan de Colón, donde pensó establecerse para alejarse de ciertas amenazas de origen político de que fue objeto en su Estado Trujillo. Aquí celebró la llegada del Año Nuevo 1889. Haré un corto relato de aquella breve pero histórica estancia en nuestra ciudad serrana.

El 25 de diciembre de 1888, luego de celebrar la Navidad en Isnotú con su familia, el Dr. José Gregorio Hernández emprende viaje a San Juan de Colón en compañía de su cuñado  Arístides  Carvallo,  para  ver  si  podía  instalar  su  consultorio  en  esa  ciudad tachirense y alejarse del ambiente hostil que se había generado en Trujillo por no ser partidario  de  los  caudillos  locales.  La  ruta  que  tenía  que  seguir  era  la  del  páramo merideño, que lo conduce por primera vez a transitar el abrupto camino de recuas que parte de Valera, sube por Carmania,   Mendoza Fría, La Puerta, pasa el límite entre los estados Trujillo y Mérida, y sigue ascendiendo hasta Timotes. A partir de allí les sorprende un páramo cubierto de una espesa neblina y con intenso frío propio de la temporada; pasa por Chachopo, La Venta, el pico de El Águila, baja por Apartaderos, San Rafael de Mucuchíes, Mucuchíes, Mucurubá, Cacute, Tabay hasta llegar a Mérida, tiritando de frío.

Su primera parada es en Valera donde sus amigos le improvisaron una fiesta que se ve obligado atender. Baila hasta altas horas de la noche con las hermosas valeranas y parte a las 4 de la mañana vía La Puerta hasta llegar a Timotes donde descansa del viaje y del trasnocho. En la mañana ascienden el páramo hasta el Pico del Águila, bajan hasta llegar a Mucuchíes y pernocta arriba del pueblo en una posada, en el sitio El Cenicero. Cabe recordar que entonces el camino era por la aldea La Toma para bajar a Mucuchíes por El Pantano. José Gregorio y su cuñado quedan muy impresionados del páramo, del frío, de la neblina, los picachos, los frailejones y le sobrecoge el silencio. El ambiente del páramo le produce un grande e imperecedero impacto en José Gregorio Hernández y le genera reflexiones de hondo misticismo a las que se refiere en varios de sus escritos. Quizás en su viaje de regreso y pasar de nuevo por el sobrecogedor paisaje del páramo merideño, es que se profundiza su estremecimiento espiritual.

El día 27 de diciembre montan sus mulas y salen de Mucuchíes hacia Mérida a la que llegan cerca del mediodía a la casa de su amigo escuqueño José Ignacio Lares, en la que se hospedan los días que permanecen en  la ciudad. Es la hermosa casona de la hacienda “La Isla”, entre los ríos Albarregas y Milla, entonces de aguas cristalinas, que aún se conserva formando parte del Parque La Isla. Permanece en la ciudad desde el 27 de diciembre de 1888 hasta el 2 de enero de 1889, cuando salen por la ruta de La Punta, Ejido, Estanques, Lagunillas, Santa Cruz de Mora, Tovar, Bailadores, páramo de La Negra, la Grita, el páramo de El Zumbador hasta llegar a San Juan de Colón.

La Mérida que conoció el Dr. José Gregorio Hernández tenía unos 6.000 habitantes. Se extendía desde la plazoleta de El Humilladero o Cruz Verde de Milla hasta la plaza de El Llano, con pocas casas hacia abajo hasta la hoy plaza Glorias Patrias. La Otra Banda estaba ocupada por potreros, fincas de café y cacao sombreados de cedros, bucares, cambures y naranjos; caña de azúcar y otros productos agrícolas. Mérida era entonces capital de la Sección Guzmán del Gran Estado de Los Andes. La ciudad se encontraba deteriorada y sus habitantes empobrecidos como consecuencia de la extrema negligencia y el abandono gubernamental y la desidia general, con excepciones. La Universidad de Los Andes tenía entonces las Facultades de Ciencias Políticas, Ciencias Eclesiásticas, Filosofía y Ciencias Médicas  y  sufría  de  grandes  penurias,  víctima  del acoso de  las  tiranías  de  entonces. Funcionaba gracias a que sus profesores impartían clases sin recibir remuneración alguna. Los habitantes de la ciudad era gente trabajadora, de buenos modales y vestía en forma sencilla  y  a  la  vez  con  elegancia.  Le sorprendió al visitante  el hablar pausado de  los merideños, con buen uso del castellano, su cultura, la formalidad en el trato y su cordialidad.

El Dr. José Gregorio Hernández narra este viaje en varias cartas a su amigo Dr. Santos Dominici y de allí que se sepa de sus encuentros con amigos y personas que le presentaron, y lo que hizo en la ciudad. Recorre sus calles verdes de musgos, sus plazas donde  pastaban  algunos  vacunos, va  a  sus  templos  y  en  algunos  participa  del Santo Sacrificio de la Misa. Seguramente visitó al señor Obispo Monseñor Lovera, al Rector de la Universidad de Los Andes Dr. Caracciolo Parra y Olmedo, su paisano de Trujillo, y a varias dependencias universitarias. Se interesa por los estudios de Filosofía, Derecho y Medicina. No se sabe si conoció a Don Tulio Febres Cordero quien entonces tenía 29 años de edad, puesto que ninguno de los dos hace referencia a este asunto. Lo más probable es que sí pues seguramente don Tulio fue invitado a la fiesta de fin de año que ofreció el gobernador.

La casona de la Isla

El 31 de diciembre el entonces presidente del Gran Estado de Los Andes Dr. Carlos Rengel Garviras ofrece un baile de gala por año nuevo a la que asiste nuestro ilustre visitante. Dice de ella José Gregorio Hernández en carta a su amigo Santos Dominici lo siguiente:

“Estuvo mui bueno el baile, y yo me divertía viendo la gente de por acá, tan sumamente distinta en modales, educación, modas etc., de la de por allá. Cuando sonó el primer segundo del año yo estaba solo en un  mecedor en uno de los salones, y, como de costumbre, mi pensamiento se convirtió en oración en ese momento… y pasaron rápidamente por mi imaginación todos los sucesos que me habían agitado durante esa época feliz; y si no hubiera sido que unos jóvenes vinieron a saludarme, habría con gusto pasado el resto de la noche en esa revista dulce y juntamente triste del tiempo que ya se fue.”

El 2 de enero de 1889 salen hacia Ejido y pernoctan en Estanques. Al otro día suben hacia Santa Cruz de Mora, Tovar y Bailadores, pasan el páramo de La Negra y llegan a La Grita. En esa ciudad se hospedan en el prestigioso Colegio Sagrado Corazón de Jesús fundado y dirigido por Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno. En La Grita pasó unos días atendiendo enfermos, tocando piano. Lo atendieron muy bien.  No le fue bien en San Juan de Colón puesto que decide regresar a Isnotú, que debió ser por la misma ruta.   Poco después, el 3 de abril del mismo año, viaja a Caracas. Antes le había escrito a su profesor el Doctor Calixto González sobre las amenazas de algunos jefes políticos locales y que iría a Caracas a ver cómo resolvía esa situación. En la capital recibe la notificación de ser beneficiario de una beca para estudiar en París, dentro de la decisión del gobierno para organizar un moderno hospital en la capital. Fue seleccionado por ser el primero de su promoción en la Universidad Central de Venezuela.

De la visita a Mérida, además de los comentarios epistolares con el Dr. Santos Dominici, se sabe de sus conversaciones en su estancia en Caracas antes de viajar a París a sus estudios de postgrado, y en ellas se refirió a sus buenas bibliotecas, a la calidad de los estudios humanísticos que se impartían en la Universidad de Los Andes, en particular Filosofía, Letras y Derecho pero no tan buena en los de Medicina. Tampoco era que en la Universidad de Caracas estaban mucho mejor pero seguramente era visible  la diferencia de la calidad de la enseñanza de la medicina entre ambas instituciones. Es probable que la visita del Dr. José Gregorio Hernández a Mérida, habida cuenta de los avances en los estudios de Medicina  en Caracas  gracias a las iniciativas de los excelentes médicos y profesores Luís Razetti,   José Gregorio Hernández, entre otros, y las investigaciones realizadas por el bachiller Rafael Rangel, influyera en la determinación del gobierno de enviar a Mérida al Dr. Diego Carbonell como Rector de la ULA en 1917, quien impulsó la modernización de los estudios de Medicina en nuestra universidad.

El paso por Mérida del Dr. José Gregorio Hernández adquiera una gran importan cia habida cuenta de la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández. Ocasión propicia para estudiar más sobre el efecto que produjo el páramo sobre él, y el rescate de la casona del Parque La Isla para hacer allí un homenaje en su honor.

Mérida, abril de 2021

Bibliografía consultada:

Dominici, Santos. Elegía Epistolaria. 1944.   Escuela Técnica Industrial. Talleres de Artes Gráficas. Caracas.

Chalbaud Zerpa, Carlos. 1985. Historia de Mérida. ULA.

González Cruz, Francisco. 2020. Camino de Santidad.  Cronología del Dr. José Gregorio Hernández. UVM. Valera. Tomado de la web: academiademerida.org.ve.


Fotos de fondo y del texto: Anónimas

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