El artículo de opinión

Por: Ricardo Gil Otaiza


No existe consenso en torno a la naturaleza del artículo de opinión, en cuanto a ser catalogado como un género literario o como un género periodístico. En lo particular no dudo en afirmar, que es tal su versatilidad y su prodigio, que en muchas circunstancias un buen texto de opinión se acerca al arte, o cae en el complejo territorio del periodismo de opinión, en donde cumple importantes tareas de orden social e histórico, o se erige en memoria. Pero la cuestión no se queda tan sólo en estas consideraciones de orden metódica, ya que somos testigos cómo muchas veces un artículo de opinión es sin más un incisivo ensayo libre, en el que el aparato crítico se hace autárquico y revelador de la esencia de un género en el que Michel de Montaigne, su creador, puso mucho de sí para mostrar sus grandes potencialidades estéticas y su trascendencia en nuestras vidas. Por otra parte, hay quienes se resisten a la posibilidad de considerar al artículo de opinión como un género, confinándolo a una suerte de limbo en el que nada tiene un perfil determinado, dejándosele en una deriva completamente insustancial. Hay también quienes afirman que el artículo de opinión es un subgénero, queriéndose con esto significar el formar parte de otro género (el ensayo) y que por tal razón queda supeditado a sus propios vaivenes y matices. Por último, el artículo de opinión se metamorfosea en la denominada crónica, que busca relatar sucesos circunscritos en el tiempo y en el espacio, y que le permite a su artífice mostrarse en su interioridad.

Cabrían otras posibilidades, transijo, pero lo fundamental acá es que, independientemente de tales premisas y del denominado canon (que a veces se transforma en una camisa de fuerza que nos dice muy poco en torno de la realidad a la que alude), el artículo de opinión busca comunicar temas, ideas, angustias, conceptos, sucesos, análisis y un sinfín de aspectos (tantos, como diversa y múltiple es la naturaleza humana) que pretenden posicionarse en la mente del lector para impelerlo a la reflexión y a la acción. Dicho de otra manera: quienes escribimos para los periódicos y otras plataformas y soportes (blogs, revistas, redes sociales, etcétera) estamos conscientes de que nuestra tarea central es forjar opinión; es decir,  adentrarnos en los intersticios de los receptores en un afán si se quiere utópico de cambios paradigmáticos, mentales y personales de aspiración civilizatoria. Quienes escribimos tenemos muy claro que puede que nuestros textos no reciban respuesta inmediata, o pasen inadvertidos a los lectores contemporáneos, convirtiéndose tal vez en la materia prima del análisis que las generaciones posteriores tendrán muy en cuenta para la comprensión del devenir histórico de las sociedades y de los pueblos.

El artículo de opinión por su diversidad y su actualidad es testigo fiel del transcurrir del tiempo, y en sus páginas el hombre  y la mujer se ven retratados en sus medianías y en sus angustias existenciales, que son a su vez las mismas del escritor, lo que constituye una complementariedad necesaria para que sea tomado como expresión y signo de la época. Independientemente de que el tiempo empleado por el autor sea cuantioso en comparación con los pocos minutos que lleva el lector en internalizar esas pocas cuartillas (dos o tres minutos), el inmenso esfuerzo intelectual y personal se justifica y su impronta será siempre el de estar contestes con el día a día en medio de una sociedad convulsa, sufriente e incierta, que busca en nuestras páginas referentes para seguir su camino, o sencillamente para no transitarlo jamás.

Dr. Ricardo Gil Otaiza

Profesor Titular (J) de la Universidad de Los Andes. Presidente de la Academia de Mérida.      

@GilOtaiza

rigilo99@hotmail.com

 

 

         


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