PRESENTACIÓN DEL LIBRO DOCTRINA GENERAL SOBRE LOS PRODUCTORES Y LA EMPRESA AGROPECUARIA EN EL DERECHO VENEZOLANO

Por: Dr. Ely Saúl Barboza Parra


Cuando terminé de escribir mi modesta obra: DOCTRINA GENERAL SOBRE LOS PRODUCTORES Y LA EMPRESA EN EL DERECHO VENEZOLANO, pensé que fui receptivo de la voluntad de Dios que me guió para hacerla, en virtud de que la misma tiene de fondo y fundamento a la vida, y muy especialmente a la humana, pero jamás pensé que llegaría a ser objeto de esta ceremonia bautismal en esta Honorable Academia de Mérida, con la participación y presencia de nuestro ilustre jurista emeritense y ciudadano ejemplar Dr. Román José Duque Corredor, quien tuvo la nobleza académica por iniciativa propia de hacer el prólogo de dicha obra.

Gracias. Muchas Gracias a todos.

Ahora bien, una vez que he expresado estas sinceras palabras de reconocimiento por tan bondadosa actitud, me permito exponer de inmediato algunas ideas para explicar las razones de ser del Libro que en esta tarde ha recibido el beneplácito de esta honorable Institución Académica.

En este sentido, preciso que con el paso de los años, me he esmerado cada vez más tratar de entender mejor el derecho, procurando encontrar dentro de mis estudios, razonamientos y análisis, nuevos y definidos planteamientos que contribuyan a su enriquecimiento doctrinario, como fuerza para sustentar su razón de ser.

Así que, cuando decidí orientar una vez más mis estudios, en este caso, sobre el Derecho Agrario, y me dediqué a razonar y analizar a fondo con los conocimientos que poco a poco he ido adquiriendo, los fundamentos de dicha materia, eso hizo que reafirmara aún más mi convicción, de que efectivamente al Derecho Agrario, indudablemente, se le debe reconocer una categoría muy especial, en virtud de que sus instituciones, es decir, el productor y la tierra que no tienen ideología política, sustentan una de las actividades más sagradas que pueden ejercitarse en este mundo, que es la que está dirigida a la explotación y desarrollo del campo, de donde se alimenta toda la humanidad, y que representa por lo tanto, la esencia y vida del ser humano; y si esta es la naturaleza del Derecho Agrario, entonces este derecho, constituye por lo tanto, la rama jurídica, creadora de los conocimientos con los cuales se nos permite estudiar en profundidad, la ciencia que señala los principios con los que podemos interpretar y entender a plenitud, las bases, motivos y razones en que se desenvuelven las relaciones formadas por el trabajo en el campo y sus efectos para la vida humana.

Consecuente con este planteamiento y consiguiente concepto general, procedí entonces a analizarlo dentro del contexto de nuestro actual Derecho Agrario, y encuentro que sus leyes que hasta ahora se han promulgado, lo que han logrado es que hayan continuado regulando a la tierra como objeto sustentable, en su política de llevar a cabo sus reformas agrarias, como se evidenció en la Ley de Reforma Agraria del año 1.960, y ahora en la vigente Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, reformada ya en varias oportunidades, y también en otras. Observando eso sí, que en ninguno de sus títulos o capítulos o disposiciones tienen normas que se refirieran al productor agropecuario; sino solamente al que se denomina campesino en su condición de beneficiario de adjudicaciones gratuitas u onerosas de determinado lote de tierra. Y ese mismo lineamiento también lo encontré en su doctrina, en la que tampoco pude localizar autores patrios que se refirieran al productor agropecuario y la actividad que realiza para hacer productiva la tierra.

Entonces, una vez que agoté este proceso investigativo en nuestra doctrina y Legislación Agraria Venezolana, en la que nada encontré en estudios específicos y concretos sobre el productor, como sujeto agrario, pasé a estudiar las Legislaciones y doctrinas Agrarias Latinoamericanas, para ver si allí tenían planteamientos precisos sobre el productor, y ocurrió algo también parecido; que tampoco en esos países, desde México hasta la Argentina, pude localizar leyes o doctrina que acogieran en su contexto, la condición jurídica del productor agropecuario, como sujeto activo o pasivo de las relaciones agrarias. En esos países, lo que si existen son muchas leyes y códigos agrarios, pero ninguno tiene como punto central al productor. Solo se refieren a la tierra. Y sabemos que la tierra por si misma nada produce.

En vista de ello, fue que consideré que efectivamente, en esas doctrinas y legislaciones agrarias latinoamericanas incluyendo la venezolana, no tienen un definido enfoque o análisis, sobre el productor como sujeto principal y primario en las relaciones jurídicas agrarias.

Entonces, considerando que el tema del productor y su actividad agraria, es un tema muy importante para el Derecho Agrario, y por consiguiente para todo nuestro ordenamiento jurídico e impulsado por mi interés en esta materia, fue lo que hizo que me surgiera la idea de escribir algo al respecto. Que luego de haberla sistematizado, recurriendo a mis conocimientos de abogado, profesor y productor agropecuario, dió origen al Libro, que gracias a Dios y a esta honorable Institución se ha bautizado en el día de hoy.

Ahora bien, concluida esta pequeña narrativa de los hechos que me llevaron a escribir esta pequeña obra, quiero dejar constancia ante esta honorable institución, que si mi afirmación de no haber encontrado bibliografía nacional o extranjera que me sirviera de fuente bibliográfica para su elaboración, resulta ser incierta, pido respetuosamente mis disculpas por mi ignorancia, pero creo no estar equivocado. Presumo que ciertamente no existe.

Hecha esta aclaratoria y también el breve recuento de las razones que dieron origen a mi obra, procedo entonces, entrar en materia, y al respecto preciso que esta inexplicable y concreta omisión sobre el productor y su actividad, cuyas causas y razones ignoro, a nivel esencialmente jurídico, constituye evidentemente un gran vacío legal en nuestro Derecho Agrario, y ello origina y nos puede explicar el porqué nuestra vigente doctrina y Leyes Agrarias no tengan la suficiente consistencia jurídica, para que se le pueda dar plena respuesta a los diferentes casos que día a día se le presenta al productor. He allí una de la importancia del tema.

Entonces, si analizamos a grosso modo el panorama jurídico de la materia agraria, a simple vista y mediante un elemental razonamiento, podemos precisar que evidentemente nuestro Derecho Agrario en su concepto científico, tiene un vacio que es determinante, para que pueda ser completo, moderno y actual, que es el que no disciplina la condición jurídica del productor o empresario agropecuario, que por su trascendencia y magnitud constituye un elemento necesario para la integración de cualquier ordenamiento jurídico agrario, y particularmente en el nuestro.

Quiero significar que la importancia de un país, se conoce en gran medida por su evolución jurídica, plasmada en la ciencia de sus Instituciones, las cuales deben estar a la altura del desarrollo que la sociedad lo exige. En nuestro caso, las agrarias, su sincera y auténtica metodología a seguir en el estudio e investigación del Derecho Agrario, debe estar orientado por un concepto pragmático, compenetrado con hechos y conclusiones reales, que ya hayan sido debidamente probados en la práctica, conectados con la naturaleza en su concepción biológica, social, cultural, religiosa y política del campo, la tierra y el país.

Hermosos y románticos pensamientos se han esbozado sobre el campo, el campesino, destacando el valor infinito del suelo y de la tierra en beneficio de la humanidad y el progreso social coadyuvante a su desarrollo.

Pero ninguno ha tenido en consideración al productor y al trabajador agrario, quienes son los que de verdad trabajan y hacen producir a la tierra y que gracias a ellos, es que podemos disfrutar de sus frutos con los que todos nos alimentamos. Porque es preciso tener muy presente, que nuestros alimentos no se producen en ninguna fábrica. En estas, lo que se logra es su transformación industrial y su circulación comercial. Pero el verdadero y auténtico alimento está en la tierra que se logra por la fuerza del hombre.

Y es que el productor agropecuario, pequeño, mediano o grande constituye sin discusión alguna, un factor fundamental en la alimentación de la humanidad, pues de su actividad y trabajo, es de donde se producen los bienes naturales que son esenciales para la vida, porque si nosotros pensamos, razonamos y analizamos quien es el productor agropecuario, tenemos que concluir que constituye y representa una institución básica para la vida y el desarrollo socio-económico del país.

En tal sentido, preciso por consiguiente, que al efecto, esta conformación jurídica, debe tener necesariamente su propia y metódica sistematización extraída y extractada de sus verdaderas raíces, dirigida a ordenar los factores constituyentes que le son propios para el desarrollo y producción de la tierra, como serían por ejemplo, la normativa jurídica de su empresa, su registro agrario, sus contratos de compra-venta, medianería, tercería, en sus nuevas dimensiones socioeconómicas, el arrendamiento, el transporte, como hecho y como contrato, la estructuración de lo que debe ser el auténtico contrato constitutivo de una sociedad agropecuaria, distinto a los ya existentes, el contrato de trabajo rural, y así sucesivamente, quedando en todo momento implícito en esta normativa el espíritu de la ley agraria, el respeto a la voluntad del productor en el sabio ejercicio de su actividad y de su propiedad, para así poder diferenciar de manera precisa y determinante, al productor primario de los que ejercen la actividad de intermediación agraria y hacen de su comercio, su profesión habitual, y también de aquellas otras personas propietarias de fincas que no son explotadas con el concepto de hacerlas producir su tierra, me refiero a las denominadas fincas rusticas.

No es la causa esencialmente lucrativa, ni tampoco son sus únicos objetivos los que lleva a una persona a convertirse en productor agropecuario. Son muchos los factores que privan en él, entre ellos está el subjetivo y particular. Y esto es lo que explica, el porqué de personas que por no tener vocación agrícola, no hayan logrado sus propósitos de hacer productiva y eficiente su actividad, mientras que otros sí lo hayan alcanzado. Es que la actividad agropecuaria en sí, es una profesión que requiere de elementos volitivos y también vocacionales, algunos intrínsecos, que sin ellos no se puede ejercer con éxito. Y no toda persona es acreedora de esas cualidades. Y dentro de esta valoración del concepto general de la personalidad del productor, se debe también tener en cosideracion su actitud altruista, es decir, su amor al prójimo, en la prestación de servicios de buena voluntad, en respuesta a todo lo que significa la función social de la tierra. Por lo que creo, que este carácter de altruismo que debe tener el productor, en su concepción jurídica, debe formar parte de la doctrina y filosofía del Derecho Agrario, y del espíritu normativo del Código Agrario que estamos proponiendo su promulgación.

Cuando nuestra Constitución, sin ninguna definida inclinación política, y de manera institucional en su artículo 305, expresamente establece que el Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral, a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población; entendida como la disponibilidad suficiente y estable de alimentos en el ámbito nacional, y el acceso oportuno y permanente a estos por parte del público consumidor. Y que la seguridad alimentaria se alcanzará desarrollando y privilegiando la producción agropecuaria interna, entendiéndose como tal, la proveniente de las actividades agrícolas, pecuaria, pesquera y acuícola. Que la producción de alimentos es de interés nacional, y fundamental para el desarrollo económico y social de la nación, para lo cual dictara las medidas de orden financiero, comercial, transferencia tecnológica, tenencia de la tierra, infraestructura, capacitación de la mano de obra, y otras que fueren necesarias para alcanzar niveles estratégicos de autoabastecimiento, y que además promoverá las acciones en el marco de la economía nacional e internacional para compensar las desventajas propias de la actividad agrícola; significa entonces, que nuestra Constitución le da especial consideración, de manera determinante a nuestra actividad agropecuaria, calificándola de privilegiada, más no preferencial, reconociendo así, que ciertamente la actividad agropecuaria y con ella la del productor, configuran un área importantísima y relevante dentro de la estructura socioeconómica del Estado.

Entonces, fundamentándome en estos conceptos, es por lo que pienso que estas deberían ser, en mi modesta opinión, una de las orientaciones constitucionales a tomar en consideración, de lo que debe ser nuestro auténtico y moderno Derecho Agrario, el cual formaría parte de los nuevos estudios y análisis que se adelantarían en las Cátedras de Derecho Agrario en las universidades nacionales, con el objeto de desarrollar a plenitud, estos nuevos principios que sirvan para su aprendizaje científico, tanto de su parte general, como de la especial, conformándose de esa manera los cimientos propios de una nueva filosofía agraria, que sirva de base para el delineamiento definitivo del nuevo y verdadero Derecho Agrario en nuestro ordenamiento jurídico venezolano.

El Derecho Agrario es tan antiguo como la ciencia jurídica, pero ha sido mal enfocado. Es una institución viva, sinónimo de tierra, campo, alimento, progreso, prosperidad, cultura, educación, sanidad, hechos que están  todos compenetrados de manera permanente e inseparable con cualquiera de las actividades agropecuarias en que se concrete su explotación.

Y esta serie de principios, son los que exigen y requieren de la esmerada participación de los estudiosos que tengan conocimientos científicos y prácticos sobre la materia agraria, y de esa manera los puedan materializar dentro de una ordenada sistematización de la doctrina del Derecho Agrario para que sirva de fuente de normas que, estudiadas científicamente, le permitan a la humanidad tener la suficiente seguridad jurídica y económica de que su alimentación va estar garantizada por la sociedad agraria, a lo cual debe estar atento constitucionalmente el Estado, como principal obligado y responsable de la garantía alimentaria de la nación.

Ahora bien, habiendo expuesto en estos términos, mi criterio sobre nuestro actual Derecho Agrario, y la necesidad de un Código Agrario en el que se incorpore como sujeto principal primario al productor y su actividad, deseo expresar en consecuencia, que de todas estas elementales ideas que con la benevolencia de ustedes, me he permitido explicar en esta tarde, claramente manifiesto que es tan dilatada, extensa, profunda y vasta la materia agraria, que representa quizás la disciplina económica y social más importante del país, después de la educativa y cultural, en virtud de que del campo se alimenta la humanidad, y si la humanidad está compuesta por vidas, y siendo la actividad agropecuaria, la que fomenta y produce su alimentación, entonces, ello explica el porqué, tenemos que crear conciencia clara y precisa no solo ante los doctrinarios del Derecho Agrario, sino también en las Instituciones Públicas, Privadas y de la sociedad en general, del verdadero y propio significado de lo que ciertamente tiene la actividad agropecuaria y con ella, la del productor primario propiamente dicho, a fin de lograr formar así un claro dimensionamiento de la materia. Y poder así construir, levantar un buen estado de derecho en que estén reglamentadas mediante un preciso ordenamiento jurídico, las principales instituciones agrarias del país.

Ya, para terminar aprovecho también esta brillante oportunidad para invitar vehementemente, a las Instituciones públicas, privada, gremios agrarios también y a los claros e ingeniosos juristas y demás científicos agraristas a que continúen con su labor de aportar sus sabidurías, inclinaciones y poderes, para que se logren definir los principios doctrinarios y elementos fundamentales del Derecho Agrario Venezolano, y poder así precisar su nuevo concepto, diferente al actual, lo cual se evidenciaría con la promulgación de su correspondiente y merecido Código Agrario, teniendo en cuenta para ello, que a pesar de todos los esfuerzos que históricamente se han hecho, nunca ha existido ni existirá un buen código en ningún país y que las leyes se hacen de acuerdo a los tiempos, lugares y necesidades, con lo que se convertiría dicho código, en la ley fundamental para encausar su enseñanza metodológica investigativa del Derecho Agrario en las universidades de Venezuela. Porque debemos siempre tener presente que las instituciones son los que sus miembros piensen. De allí sus éxitos o fracasos, sus aciertos o desaciertos, si viven, obran o vegetan. Así avanzaríamos todos en el conocimiento de la verdad agraria.

Muchas Gracias

Dr. Ely Saúl Barboza Parra

Palabras pronunciadas con ocasión del bautizo del Libro DOCTRINA GENERAL SOBRE LOS PRODUCTORES Y LA EMPRESA EN EL DERECHO VENEZOLANO, realizado por el Dr. Román José Duque Corredor, cuyo autor es el Dr. Ely Saúl Barboza Parra, el día 09 de mayo de 2018, en la Academia del Mérida.


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