Rosendo Camargo Mora: Un Ingeniero Humanista, tras las huellas de Santiago Hernández Milanés

Discurso de Respuesta al Discurso de Incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora, como Individuo de Número de la Academia de Mérida, Sillón 14

Por: Dra. Ana Hilda Duque

Individuo de Número de la Academia de Mérida, Sillón 7


Ubicación de la tumba de Monseñor Santiago Hernández Milanés, es el título del discurso de incorporación como Individuo de Número, sillón 14, a esta Corporación merideña. ¿Serán vestigios de la muerte y el más allá?, que según Mircea Eliade están presentes en las culturas del interior de Sudamérica, pero en los que se hace difícil seguir sus rastros, porque según el gran antropólogo rumano, …entre los indios sudamericanos, las ceremonias fúnebres no son ni especialmente llamativas ni muy importantes, lo que se explica entre otras cosas por el carácter igualitario de sus sociedades. (Mircea Eliade. Historia de las creencias y de las ideas religiosas. (2ª. Edición). Barcelona (España): Editorial Herder. 1999, p. 354). No lo sabemos con exactitud, pero, quizás, en este subconsciente activo se mueve nuestro recipiendario pues tiene años indagando con tesón la ubicación de las sepulturas de varios prohombres merideños.

Como Caribay, en la mitología de las Cinco Águilas Blancas, evocadas por Don Tulio Febres Cordero, el Doctor Camargo va, no de risco en risco, sino con la minuciosidad de la profesión que lo ha hecho famoso, descubriendo lo que la falta de memoria ha cubierto con el velo del olvido, dejándonos sin los hitos que toda cultura y pueblo necesitan para hacer de su identidad fuerza motora de los valores de antaño y de ahora.

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Puede causar extrañeza que un individuo de número en el área de las ciencias físicas y matemáticas, sea recibido por quien les habla, perteneciente al área de las artes, letras, humanidades y las ciencias sociales. La única razón plausible es que el especialista en números y cálculos, quiere ingresar con un discurso de investigación histórica, en el que la búsqueda en infolios y libros, unidos al trabajo de campo, tiene más de veinticinco años, incursionando en estos menesteres.

Acepté con gusto la designación de mi persona para recibir a nombre de la Academia al nuevo recipiendario, Miembro Correspondiente Estadal desde hace algunos años, pues he tenido el honor de compartir sus inquietudes históricas y antropológicas, por su constante empeño en consultar y tener interesantes intuiciones que lo han llevado a seguir los rastros, no sólo del cuarto obispo de la mitra merideña, sino de algunos otros prelados y civiles, ligados al devenir de la Cordillera desde tiempo inmemorial.

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No me detengo en señalar los méritos profesionales en el ramo de la Ingeniería, pues son ampliamente conocidos no sólo por quienes estamos en esta sala, sino por la comunidad universitaria y científica venezolana y más allá de nuestras fronteras. Si…la Ingeniería es el conjunto de conocimientos científicos y tecnológicos para la innovación, invención, desarrollo y mejora de técnicas y herramientas para satisfacer las necesidades y resolver los problemas de las empresas y la sociedad, como indica el diccionario; en el Dr. Rosendo se dan con creces sus dotes de innovador, inventor y hombre inquieto por el desarrollo y mejora de las necesidades de la sociedad.

La bien ganada fama en su especialidad, lo ha llevado a ser considerado el mejor calculista del país, consultando su parecer en obras de envergadura que requieren el ojo clínico y experimentado de quien ha hecho de su profesión un servicio para bien de la sociedad venezolana. La Ingeniería es una actividad que transforma el conocimiento en algo práctico. Recordemos, por no citar sino una, el trabajo conjunto con otro querido académico de esta Corporación, ya fallecido, Don Manuel de la Fuente, en los cálculos del monumento a la Virgen de la Paz, en los aledaños de las colinas que rodean a la ciudad de Trujillo. Las imágenes de la evaluación del viaducto de la autopista Caracas-La Guaira, a la que fue convocado por las autoridades y por los especialistas en la materia, dieron la vuelta al mundo. Dejo a sus colegas que agreguen los muchos otros logros que lo muestran como ingeniero y docente de primera línea.

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Me limitaré a seguir sus huellas en el campo de las Ciencias Humanas. Dueño de una gran curiosidad por la Historia colindante con la Antropología, ha expandido sus intereses intelectuales en escudriñar el origen y posición de viejas historias y tradiciones precolombinas y coloniales; no ha cegado en la constancia ni desmayar en llegar hasta las raíces de lo que anda buscando, hasta dar con vetas ocultas que lo conducen a buen puerto. Es portador de una gran humildad, paciencia, don de gentes, siempre como una noria, dándole vueltas a aspectos desconocidos de la Historia Local. En este campo, el de la Historia y la Antropología, hemos coincidido. Su discurso se remonta a los orígenes de la presencia hispana en esta meseta. Esto le permite ubicar en el tiempo y el espacio, en medio de la enmarañada biografía de quienes han habitado y se convirtieron en dueños de los solares y fincas de la ciudad de Mérida, el rescate de lo que la pátina del tiempo ha cubierto con el moho que lo hace invisible a las presentes generaciones.

Consta en el Boletín número 13 del Archivo Arquidiocesano de Mérida, la crónica escrita por nuestro nuevo Miembro de Número, en la que narra con precisión la búsqueda de los restos de Fray Juan Ramos de Lora. Corría el año 1992, recién investido como Arzobispo su actual titular. La inquietud del Dr. Camargo por desentrañar los orígenes de los templos merideños, lo hizo seguir las huellas de Juan de Milla, y en ese deambular, dice, …llegué al palacio arzobispal para comentarle a Monseñor Porras un artículo suyo sobre la fundación del convento de San Francisco, –obra en sus orígenes encargada a Juan de Milla-, que no coincidía con la fecha (1613) dada por Julio César Salas –en su libro Tierra Firme-. Fue entonces, –continúa diciendo-, … al tocar el tema de los restos perdidos del obispo Milanés, él comentó que igual suerte habían sufrido los restos de Fray Juan Manuel Antonio Ramos Lora, primer obispo de Mérida.

Prosigue el ingeniero Camargo, …Me sorprende que, por seguir la huella de un indio, Juan de Milla, quien posiblemente fue el que construyó las cepas del Convento de San Francisco, haya entroncado con el primer seminario de Mérida, fundado interinamente en dichas edificaciones por Fray Ramos de Lora, a más de dos siglos de distancia después. Seguramente, nuestro primer Obispo se hubiese sentido complacido al saber de mi lazarillo, pues si hay algún rasgo suave en su carácter fue su cariño hacia los desposeídos y en especial hacia los indios (Boletín del Archivo Arquidiocesano de Mérida– Mérida (Venezuela): Arquidiócesis de Mérida. Archivo Arquidiocesano. Tomo III, julio-diciembre 1993. Nº13, p. 57).

De aquel primer encuentro siguieron muchos más. Las subsiguientes investigaciones en el Archivo Arquidiocesano, lo condujeron a ver con detalle y con ojo de ingeniero, la relación que Don Juan Moreno, mayordomo y encargado de la construcción del Seminario, levantó en junio de 1790 para dar cuenta de la edificación. El detalle de las medidas sirvió para levantar un croquis y elaborar una maqueta que reposa en el Museo Arquidiocesano y que está aquí en medio de nosotros. Acota el Dr. Camargo: Las plantas del Seminario que se anexan, tratan de seguir lo más fielmente la descripción hecha por Juan Moreno (Ibídem., p. 61). Luego de detallar cada lugar de la edificación, concluye: … un sitio de interés especial es la capilla porque allí fue enterrado el obispo Fray Ramos de Lora como lo prueba su partida de defunción y entierro: …fue sepultado su sagrado cuerpo en medio del presbiterio de la iglesia del Colegio Seminario Conciliar que fundó (Ibídem., p. 62).

Comparando este documento con el acta del Cabildo Catedral del 2 de agosto de 1814, le permite afirmar: …se dispuso que estando ya terminada la capilla del Seminario se trasladen a ella los restos del Ilmo. Señor Milanés…, cuarto obispo de Mérida que murió en el terremoto y fue enterrado en la iglesia de San Francisco, como ya se mencionó. (Ibídem., p. 66). Más adelante, se dice con precisión: Si esta disposición se cumplió, estarían los restos de dos obispos en las proximidades del estacionamiento actual del automóvil del Rector de la Universidad. De no ser así, probablemente estén solo los restos de Fray Ramos de Lora (Ídem).

Las vicisitudes de la guerra de independencia y las decisiones del Obispo Lasso de la Vega de reconstruir la capilla, deteriorada por el abandono de aquellos años, …en el mismo solar en que lo había edificado el Ilmo. Señor Lora; con la diferencia de que el antiguo había sido construido, como hemos dicho, en la parte noroeste, y el Señor Lasso lo levantó en el punto que actualmente ocupa. Esta cita nos ilustra sobre la construcción de la antigua sede de la Facultad de Derecho, actualmente ocupada por el Vicerrectorado Académico y el Museo Antropológico (Ibídem, pp. 62-63).

Es una joya el documento del 12 de octubre de 1824, en el que, por orden del Obispo Rafael Lasso de la Vega, con motivo de la refacción de la capilla del Seminario, se exhumó el cadáver del Obispo Ramos de Lora, pues se reconoció el pectoral con la reliquia del lignum crucis perteneciente al primer obispo, con lo que se ratifica que estaba en lo cierto el Dr. Camargo al identificar la osamenta del primer obispo en el lugar que minuciosamente había señalado.

Durante el rectorado del Dr. Michel Rodríguez Villenave, en el mes de marzo de 1993, …a ocho metros de la pared del fondo del Teatro -César Rengifo- y a dos metros con cincuenta de la pared lateral derecha que da hacia el estacionamiento del Edificio Central …se encontraron restos de huesos humanos y la silueta de un cadáver, con la cabeza dirigida hacia el este. La excavación en esta terraza se detuvo para posterior labor de especialistas (Ibídem, p. 69).

El trabajo realizado hace un cuarto de siglo no se ha detenido. La constancia en la pesquisa ha llevado al Dr. Rosendo a seguir indagando para confirmar o corregir las apreciaciones que arrojan los documentos y el trabajo de campo. No nos detenemos más en esto, e invitamos a nuestros amables escuchas a leer en el Boletín del Archivo Arquidiocesano, los relatos correspondientes. Los planos elaborados por el autor son los documentos que dan fe de lo investigado y sacado a la luz pública por nuestro recipiendario.

En el discurso del Dr. Camargo que acabamos de oír que nos puede parecer farragoso y demasiado detallado, tiene el valor de comprobar la trama de eventos y acontecimientos que infieren la participación de muchas personas e instituciones a lo largo de los siglos. La devoción inicial a la Virgen del Pilar de Zaragoza y el reconocimiento a la labor de una orden como la de los hijos de San Francisco de Asís, se asemejan al cruce de muchas hebras en el telar que dan como fruto un hermoso tapete o tejido, en el que resalta por encima de todo la paciencia benedictina de quien teje con precisión y con la mezcla de lo imaginario y simbólico, lo que da como resultado una obra colectiva.

Quiero subrayar un aspecto que puede pasar desapercibido. Buena parte de las edificaciones religiosas de la colonia fueron la consecuencia de promesas hechas por sus donantes, quienes, a pesar de su condición de creyentes, fueron en no pocas ocasiones, hombres y mujeres con comportamientos alejados de las prescripciones morales y legales, que buscaban limpiar su alma del infierno con el ofrecimiento o donación de solares, casas o mandas de misas para después de la muerte del donante. El incumplimiento, bien sea por parte de los herederos o de los beneficiarios, traía consigo el achacar a los malos espíritus el cobrarse la falta de honestidad de quienes tenían la responsabilidad de cumplir con lo estipulado.

En la cadena de donantes de solares para lo que fue convento e iglesia de los franciscanos, está el sr. Lucas de Laguado. Honesto y piadoso ante la opinión pública y ante su mujer e hijos. Sin embargo, se vio envuelto en uno de los episodios de violencia en la élite merideña de la segunda mitad del siglo XVII. El uxoricidio de una importante dama merideña, fue perpetrado por Don Juan Dávila y Rojas en su esposa Doña Petronila de Rivas. El gobernador merideño de entonces intentó tapar el asunto y disuadir a los familiares de la víctima para que no procedieran judicialmente. Uno de los allegados fue el Maestre de Campo Lucas de Laguado, fundador del convento de San Francisco, pues la occisa era hermana de su esposa Doña Isabel de Rivas. El asunto tuvo que ser llevado hasta la autoridad suprema de Santafé de Bogotá, dando como resultado la acusación contra el uxoricida, quien huyó para evitar ser ejecutado, pero fue muerto al ser perseguido (Véase, Luis Ramírez Méndez. “Los homicidios en la élite merideña siglo XVII”. Ágora Trujillo. Revista del Centro Regional de Investigación Humanística, Económica y Social. Año 6 – Nº 11, enero-junio 2003).

Eso nos trae a la memoria la anécdota que recoge Don Tulio en su Archivo de Historias y Variedades: la historia de Don Pedro de Ávila, hombre principal de Carora, adinerado y picaflor, casado con una hermosa mujer barquisimetana. Doña Inés de Hinojosa, quien, cansada de los requiebros de su marido, se enamoró del músico Jorge Voto, y urdieron darle muerte a Don Pedro, mediante una estratagema muy bien pensada. El tal Jorge simuló viajar a Tunja pero regresó para dar muerte a Don Pedro, y continuar camino a dicha ciudad donde un año más tarde contrajeron matrimonio como si nada hubiera pasado. La singular belleza de Doña Inés cautivó en la villa neogranadina a Don Pedro Bravo de Rivera, quien perpetró el crimen del maestro de música y danza, Jorge Voto. Siendo ambos sospechosos, la justicia no se hizo esperar.

Por orden de Don Andrés Díaz Venero de Leiva, primer presidente del Nuevo Reino de Granada, mandó degollar a Don Pedro y la casquivana Doña Inés fue colgada y ahorcada en un árbol en una de las calles para escarmiento de la población (Tulio Febres Cordero. Obras Completas. Archivo de Historias y Variedades. Segunda edición. San Cristóbal (Estado Táchira-Venezuela). Tomo III, pp. 42-45). Las promesas se cumplen y la buena conducta libra, según los relatos de la época, no sólo del infierno en la otra vida, sino que hay que pagar en el tránsito vital con la propia existencia los pecados cometidos. No son pocas las tradiciones, aún vivas entre nosotros, que piden que aparezcan los restos de los muertos para que no deambulen, pues el descanso eterno postula también el descanso tranquilo en el lugar escogido para su sepultura.

Todavía está por determinar con certeza el lugar donde hoy deben estar los restos mortales de los primeros obispos merideños. Recordemos las leyendas tejidas en torno a la repentina muerte del segundo obispo, Fray Manuel Cándido de Torrijos y Rigueiros, acaecida a pocos meses de su toma de posesión. Corrió por mucho tiempo la noticia de que su cadáver fue ocultado, y en su lugar figuró como obispo por algunos meses, su hermano también sacerdote.

Pero volviendo a Santiago Hernández Milanés, no ceja el empeño del Dr. Rosendo Camargo de dar con su paradero. El cuarto obispo merideño no ha tenido buen cartel ante la historia republicana por su fidelidad al monarca español. Su figura queda reivindicada en buena parte por los datos biográficos y su trayectoria en el extenso obispado emeritense, gracias a las pesquisas del Arzobispo merideño, el Cardenal Porras Cardozo. Su incorporación a la Academia Nacional de la Historia versó sobre el obispo olvidado, Hernández Milanés. Y, en el libro de mi autoría, De la monarquía a la República. Vida cotidiana en la Diócesis de Mérida de Maracaibo, desde la documentación del Archivo Arquidiocesano de Mérida, 1801-1829, quien les habla, tenía sus reticencias sobre el cuarto obispo, pero las indagaciones recogidas en la publicación citada, dan fe de haber sido el primer organizador de la extensísima Diócesis de Mérida de Maracaibo.

Sirva como colofón para animar al Dr. Camargo a continuar sus pesquisas, el juicio crítico de Gonzalo Picón Febres, en su obra póstuma Nacimiento de Venezuela Intelectual: A pesar de su exaltado fanatismo, -nos dice-, de su fuerte aferramiento sin contemporizaciones a la tradición católica, y de su berroqueña intransigencia en punto a disciplina religiosa, fue en Venezuela un civilizador. Hay que decirlo sin vacilación mezquina. Honradez y franqueza sin ambages, equivalen a rendir un tributo de respeto a la justicia de la historia (Gonzalo Picón Febres. Nacimiento de Venezuela Intelectual. Caracas: Editorial Cooperativa de Artes Gráficas. 1939. Tomo II, pp. 14-15).

Señor Presidente, Señores Miembros de Número y Correspondientes, estimo que la Academia se honra y enaltece con la incorporación del Dr. Rosendo Camargo Mora, quien, con su polifacética trayectoria de científico y humanista, dará prestigio a esta Corporación y enaltecerá el gentilicio andino que corre por sus venas. Espero haber cumplido a cabalidad con el encargo recibido y dar la bienvenida, a nombre de todos, a nuestro colega, el Dr. Rosendo Camargo Mora. Señores.

Dra. Ana Hilda Duque

Individuo de Número de la Academia de Mérida, Sillón 7.


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