Discurso de Respuesta al Discurso de Incorporación del Dr. Humberto Ruiz Calderón como Individuo de Número de la Academia de Mérida, Sillón 10

Por: Dr. Rafael Eduardo Solórzano

Individuo de Número Sillón 11

Hoy, 25 de abril de 2018, nos congregamos en esta augusta sede de la Academia de Mérida, para celebrar el solemne acto de recepción del ilustre profesor universitario Dr. Humberto Ruiz Calderón, como Individuo de Número, quien toma posesión del Sillón N° 10 de esta corporación, en las áreas de las Artes, las Letras, las Humanidades y las Ciencias Sociales, sillón que fuera ocupado hasta su lamentable deceso por nuestro querido y recordado colega, el Dr. Antonio Luis Cárdenas Colménter.  Tal y cual lo establece la normativa vigente sobre la materia, con este acto, esta corporación procede a cubrir la vacancia creada por ese fallecimiento.  La generosidad de los colegas Académicos, integrantes de la Junta de Individuos de Número y Miembros Correspondientes de nuestra institución, encabezados por su Presidente Dr. Ricardo Gil Otaiza y los restantes Miembros de la Junta Directiva, ha permitido que me corresponda a mí el honor, en nombre de toda la institución, de dar respuesta al discurso de incorporación y con ello de darle la bienvenida, por segunda vez, a esta casa de las ciencias, del arte y de la cultura, como nuevo Numerario, al Dr. Humberto Ruiz Calderón, quien actualmente y desde el 11 de septiembre del año 2013, nos ha acompañado en carácter de Miembro Correspondiente Estadal. Es un grato compromiso que asumo con gran beneplácito, dada la alta calidad intelectual del Dr. Ruiz Calderón así como sus admirables virtudes ciudadanas, de las cuales nos hemos beneficiado generosamente a lo largo de sus casi cinco años de presencia activa, participativa y altamente productiva en las programaciones de carácter científico y cultural de nuestra institución. Y también, por qué no confesarlo públicamente, dados los sentimientos de amistad y de profundo afecto fraterno y personal que a él me unen y los cuales, al alimón de nuestros periódicos encuentros institucionales, los Miembros de esta corporación tenemos el privilegio de desarrollar como uno de los más importantes valores agregados que implica la membresía a esta tan respetable corporación.

El trabajo con el cual se incorpora el Dr. Humberto Ruiz Calderón, como Numerario del Sillón 10, en el área de las Ciencias Sociales y Humanísticas de esta Academia, consistió en una indagación histórica y una evaluación de las experiencias que nuestro país ha vivido en materia de formación en el exterior de recursos humanos de alto nivel de especialización, desde sus orígenes como Estado nacional republicano, hasta nuestros días y de los impactos que ello ha tenido sobre la modernización del país y sobre el desarrollo económico nacional. Se trata de una tarea, la temática escogida por nuestro distinguido recipiendario para su trabajo de incorporación y su discurso de recepción, para la cual él está particularmente dotado de un conocimiento integral, de una vivencia y de una experiencia casi únicas, dado su desempeño en diferentes posiciones académicas de muy alto nivel en la Universidad de Los Andes, y habida cuenta del estudio que él ha desarrollado de dicho tema, en un nivel muy profundo y acucioso, tanto durante sus años de cursante del Doctorado en Estudios del Desarrollo como en los de la elaboración y defensa de su tesis doctoral por ante la Universidad Central de Venezuela cuyo tema principal fue, precisamente, el análisis histórico de la formación en el exterior de recursos humanos y su relación con los procesos de modernización de la sociedad venezolana. Su disertación doctoral constituyó un valioso aporte en un área del conocimiento casi virgen en el escenario académico latinoamericano y un primer esfuerzo, en país alguno de la Región, por desentrañar la evolución histórica experimentada por los flujos de becarios hacia el exterior, durante un período tan prolongado, de casi dos siglos. De la elevada calidad científica e investigativa de esa Tesis dan testimonio el hecho de haber sido aprobada con mención de honor y que una versión ampliada de la misma fuese publicada bajo el sugerente título de Tras el Fuego de Prometeo (1997. Caracas: Editorial Nueva Sociedad) constituyendo desde su salida a la luz pública una referencia obligada para quien desee adentrarse en la historia de los programas de becarios venezolanos al exterior y de su vinculación con los procesos de modernización institucional del país y con el desarrollo de la economía nacional.

Ahora, dando continuidad a esa línea de investigación en donde ha realizado tan importante actividad pionera de indagación, su trabajo de incorporación, en sus propias palabras,

“…resume una larga experiencia social sobre los programas y las instituciones de formación de especialistas venezolanos en el exterior durante casi dos siglos, desde abril de 1825, (en los albores de la nacionalidad), hasta la actualidad. Durante el siglo XIX las pensiones comenzaron antes de ser Venezuela un estado independiente y continuaron con cierta regularidad después de la separación de la Gran Colombia. La época más dinámica del envío de venezolanos al exterior en el siglo XIX fue el gobierno de Guzmán Blanco (1870-1888). Al final del siglo, la inauguración del Hospital Vargas de Caracas motivó a muchos graduados en Medicina a especializarse en Europa…. La presencia de los andinos en el control del poder político, en la primera mitad del siglo XX, mantuvo e incrementó los financiamientos del gobierno para estudiar en el exterior. Se presentan datos, cartas de solicitud y ejecutorias de personajes que regresaron luego de hacer sus estudios y quienes jugaron un papel determinante en la centralización del Estado y la modernización de la economía.La llamada década militar (1948-1958) muestra un cambio, al preparar la capacidad técnica, también con becarios en el exterior, para la industrialización del hierro en Guayana, como un esfuerzo público…. La época democrática, a partir de 1958, marca una diferencia al realizar un esfuerzo especial en formar una incipiente capacidad científica, que continua hasta el fin del siglo. Pero además, con el establecimiento de la Fundación “Gran Mariscal de Ayacucho (1974) crecen exponencialmente las becas primero y luego los créditos educativos, para alcanzar cotas que pasan de los 56 mil personas beneficiadas, con mas del 54% de ellos realizando sus estudios en el exterior…. Con el llamado viernes negro de Herrera Campins (1983) y luego con el control de cambios Chávez Frías  (2003) se inicia un proceso que nos convierte de sociedad de receptores de personas profesionalmente capacitadas, en expulsores de esa capacidad. En el interín, de estos 18 años del siglo XXI, se muestran tres programas que evidencian los cambios en términos de reducción de becarios y la diáspora del talento nacional de hoy: el programa Talven, los becarios de la Universidad de Los Andes y las ejecutorias de la Fundación “Gran Mariscal de Ayacucho”.

La lectura de este breve párrafo, del resumen de su trabajo de incorporación, nos pone en evidencia la exhaustiva labor de investigación realizada por el Dr. Humberto Ruiz Calderón para pasearnos por lo que ha sido la evolución histórica de la variable bajo estudio, durante los dos siglos de existencia de nuestro país como comunidad nacional. Fraccionando ese largo período histórico en diversas etapas claramente diferenciadas entre sí, Ruiz Calderón nos muestra en su enjundioso estudio, los elementos característicos más importantes que distinguieron a los programas de becarios en el exterior en cada uno de esos interregnos históricos, y nos ilustra sobre los más destacados impactos producidos por dichos programas en los procesos de  modernización de la vida nacional y en el desarrollo económico y social del país.  Nada importante al respecto se queda sin someterse a la escrutadora mirada del investigador: Las fuentes públicas o privadas del financiamiento de los programas de becarios en el exterior, las ocupaciones y profesiones favoritas y predominantes entre los becarios, los destinos preferidos por los becarios, son algunos de los aspectos que en cada una de aquellas etapas son examinados minuciosamente en su trabajo. Detengámonos un momento en una reflexión sobre algunos de los impactos favorables para una economía, del mantenimiento de programas de formación de recursos humanos especializados, en el exterior.

Desde un punto de vista teórico y también empírico, ya no existen dudas ni controversias mayores entre los diversos autores ni en la literatura, acerca de la correlación positiva existente entre las inversiones -públicas y privadas- en educación realizadas tanto por los individuos como por los gobiernos, y los niveles de desarrollo económico y de potencialidades productivas de una economía nacional.  En palabras de José Luis Moreno Becerra (1998):

La Educación es una inversión, no un consumo. La prueba está comparando una persona que después de lograr su educación obligatoria se incorpora al mercado de trabajo y otra que además de los estudios obligatorios toma la decisión de seguir estudiando hasta alcanzar una profesión de más alto nivel. El primero tendrá una expectativa de rendimiento económico durante toda su vida acorde con su cualificación, manteniendo un tope del cual seguramente no pasará. El segundo invierte en costos directos para pagar su educación y en indirectos por los costos de oportunidad ocasionados durante el tiempo que no trabajó por estar estudiando. Pero cuando ingrese al mercado laboral partirá con una remuneración superior y durante su vida laboral tendrá más oportunidad de aumentar sus ingresos” .

Los gastos en educación, entre muchos otros beneficios que se les pueden atribuir, producen el efecto de mejorar los niveles de eficiencia y de productividad imputables a los diversos agentes productivos, especialmente, los del factor laboral o de recursos humanos, lo cual lleva asociada la importante externalidad de empujar la función de posibilidades productivas de la economía nacional, por encima de los límites que imponen las potencialidades de los recursos productivos en situación de ocupación plena. Lo cual significa que una economía nacional en la cual se están produciendo mejoras en la eficiencia en el uso de los recursos productivos y en la productividad de su fuerza laboral -en este caso, por virtud de los efectos de un crecimiento de las inversiones tanto en la cantidad como en la calidad de la educación- podría obtener una mayor producción o ingreso nacional utilizando la misma cantidad de recursos, o alternativamente, podría continuar produciendo lo mismo requiriendo del uso y consumo de una cantidad inferior de recursos.  En opinión de Moreno Becerra (1998):

     Si esta correlación educación-ingresos la extendemos ahora macroeconómicamente, o sea, al conjunto de la Economía podríamos obtener las siguientes conclusiones: 1) los más escolarizados tienen más oportunidades de empleo y ganan más; 2) si sus ingresos reflejan la capacidad productiva es que la escolarización aumenta su productividad, y 3) si el desarrollo de una sociedad es en gran parte una función del crecimiento de la capacidad productiva de sus miembros, entonces una mayor escolarización contribuirá a un mayor desarrollo económico”.

Los modelos elaborados por los economistas para explicar los procesos de crecimiento económico de los países, que proliferaron durante las décadas de 1960 y 1970, luego de las investigaciones pioneras de Schultz (1960), Solow (1956, 1957), Denison (1962a, 1962b, 1962c) y Becker (1964) basados en la metodología del growth accounting (la contabilidad del crecimiento) y en la determinación del factor residual del crecimiento, colocaron un especial énfasis en la estimación empírica de dicho factor, a través de sofisticados métodos econométricos, que buscaban cuantificar en términos estadísticos lo que Denison llegó a calificar como “la medida de nuestra ignorancia”, es decir, la contribución residual que al crecimiento histórico de la producción real de los países, podía ser atribuida a factores y elementos distintos a los factores convencionales de la producción, trabajo y capital. El análisis partía de una función de producción neoclásica con solo dos factores o agentes productivos -el trabajo humano y el capital-. Se suponía que dicha función estaba “bien comportada”, es decir, que a ella se le podían aplicar métodos matemáticos formales para su modelización; y a partir de un examen estocástico de las series cronológicas de dichos factores productivos, se estimaba la contribución proporcional que cada factor de producción aportaba al crecimiento de la producción real. Los resultados así obtenidos en la mayoría de los estudios realizados en ese entonces establecían que un importante porcentaje del crecimiento experimentado por la producción real per capita de los países investigados,  no podía ser atribuido a ni explicado por crecimiento de la fuerza de trabajo, ni por crecimiento del factor capital. Quedaba un residuo pendiente de ser explicado de alguna forma. La opinión predominante de los economistas para suministrar una explicación al factor residual del crecimiento, tendió a favorecer la influencia de elementos no incluidos ni en las mediciones de la fuerza laboral ni en las del capital, pero que sin duda influyen determinantemente en la productividad y en la calidad de los servicios prestados por ambos factores al proceso productivo. Nos estamos refiriendo a los efectos benéficos que sobre la productividad física de dichos factores,  generan los  gastos  en educación y salud, es decir en el mejoramiento de lo que desde entonces se conoce como “capital humano”, una noción de la existencia de capital de una economía, diferente a la noción de capital físico, este último integrado por bienes y servicios producidos y no consumidos en un período determinado porque serán usados en ulteriores procesos productivos, mientras que el capital humano hace referencia a los mejoramientos en la eficiencia y en la productividad de la fuerza laboral generados en las inversiones en educación y en salud y en la aplicación y uso del progreso tecnológico que periódicamente se genera en la economía. Este último factor, necesario de ser incluido como un agente determinante del crecimiento de la producción real, es el que mayor aporte hace a dicho crecimiento, según los resultados de la mayoría de los estudios mencionados. Y es aquí donde entra en juego la importancia de la especialización de la fuerza laboral, lograda de múltiples maneras, una de las cuales y muy importante, es la ampliación de conocimientos a la cual se accede, entre otros medios, a través de estudios especializados en el exterior, precisamente el tema de análisis del trabajo de Humberto Ruiz Calderón para el caso de la economía venezolana.

He allí lo que teóricamente un mejoramiento de la productividad de un recurso podría lograr, ceteris paribus, en el funcionamiento de una economía. Y, por supuesto, dentro de estas inversiones, en el caso de la educación, juegan en tal respecto, un importante papel, los gastos y los esfuerzos destinados a financiar programas de formación de recursos humanos especializados en el exterior, especialmente cuando tales programas se cumplen en países de un elevado nivel de desarrollo, y hacen posible que los becarios en el exterior, una vez de regreso a sus países de origen, puedan involucrarse en procesos de transferencia de tecnologías, ampliando y mejorando las fronteras domésticas de la ciencia y la tecnología. Las experiencias históricas de Japón, de los países escandinavos, y de los países del sureste de Asia en la Cuenca del Pacífico (los llamados “Tigres Asiáticos, de primera y segunda generación”), así lo demuestran sin género de dudas. Todos estos países, que hoy en día lideran las estadísticas internacionales de crecimiento económico, de desarrollo humano y de bienestar social, hace apenas un siglo, eran comunidades nacionales muy pobres y con un escaso grado de modernización y de crecimiento económico.  Así, por ejemplo, en el caso de la economía de Japón, su proceso de modernización es de  relativa reciente data ya que apenas se inició en 1868 con la muerte del emperador Komei y la entronización del nuevo emperador, Mutsu-Hito, quien adoptó el nombre de Meiji (gobierno de la luz)  para designar lo que resultó ser su prolongado reinado, el cual se extendió durante 44 años hasta su muerte en 1912. Los principios inspiradores de su gestión de gobierno, quedaron establecidos en la  Carta de Juramento, una especie de Constitución promulgada en el mismo momento de su entronización, la cual contenía las metas, los propósitos y las políticas que serían aplicadas durante su reinado. Todo ello con el objetivo estratégico de promover y lograr la occidentalización de la atrasada economía japonesa y la modernización de la sociedad japonesa y de sus instituciones. Cinco cláusulas integraron aquella Carta de Juramento, la última de las cuales establecía el compromiso de “…buscar el conocimiento a través del mundo para fortalecer la fundación del regimen imperial” y para cuyos efectos se permitió el envío de becarios de diversas procedencias profesionales para estudiar en universidades de varios países europeos y de Estados Unidos permitiéndoles que ellos asimilasen para la sociedad japonesa lo mejor de cada sitio, entre otros, la estructura educativa, la reforma y organización del ejército (de Alemania), la estructura parlamentaria y la ingeniería naval (del Reino Unido) y la reforma del código penal (de Francia). Conjuntamente con muchas otras reformas de tipo político institucional y de carácter social aprobadas y puestas en ejecución durante su reinado, Japón logró modernizar vigorosamente sus instituciones y su economía, en un lapso relativamente breve de menos de 50 años. De tal suerte que para el momento del fallecimiento del emperador Meiji, la nación japonesa había logrado posicionarse como la más importante potencia de esa región del continente asiático, capaz incluso de enfrentarse militarmente, con resultados exitosos, a potencias previamente existentes como China y Rusia. En todo ello fue determinante el papel jugado por las cambios y transformaciones operados en su sistema educativo, y dentro de ello, no hay duda que los esfuerzos de preparar y especializar recursos humanos nacionales en el exterior, constituyeron un factor fundamental para el logro de tales resultados.

Las investigaciones realizadas por el Dr. Humberto Ruiz Calderón en la materia bajo consideración en su trabajo de incorporación como Numerario de esta corporación, están tan actualizados que hasta incluyen una consideración de los novísimos problemas generados por la diáspora de técnicos y profesionales nacionales que en este momento angustian a los venezolanos. Ello constituye un valioso aporte para que esta línea de investigación, actualmente en estado muy incipiente, pueda experimentar un importante desarrollo futuro, dirigido a dar respuestas a algunos de los problemas más angustiantes que en tal respecto hoy por hoy enfrenta la sociedad venezolana.

Ahora, permítanme hacer una muy breve y apretada síntesis de los rasgos biográficos más importantes de nuestro ilustre recipiendario.

El Dr. Humberto Ruiz Calderón, es un profesor universitario de una amplia y fecunda trayectoria como docente, como investigador y como gerente académico. Desde sus años, ya remotos, de estudiante, su permanencia en la Universidad de Los Andes ha estado caracterizada por una sistemática entrega a las más nobles e importantes tareas que un universitario puede realizar dentro de la institución: La formación de recursos humanos a través de la docencia de pre y de postgrado, la búsqueda de la verdad científica a través de la actividad de investigación, así como también la extensión y la gerencia universitarias a través del ejercicio de diversas importantes posiciones dentro de la estructura de la administración académica de la institución. El Dr. Ruiz Calderón ingresó al personal docente y de investigación de la Universidad de los Andes, prácticamente desde su egreso como Licenciado en Educación en 1974. Hoy día es Profesor Titular jubilado. Desde su ingreso a la Universidad ha cumplido una respetable e ininterrumpida carrera de servicio académico traducida en las múltiples actividades de docencia de pre y de postgrado que ha desempeñado en nuestra Universidad y en otras importantes casas de estudios superiores del país y del extranjero, así como en los numerosos proyectos de investigación en las áreas de la educación universitaria y de la ciencia y la tecnología, áreas de las cuales se ha convertido en uno de los más respetados expertos en los medios académicos nacionales e internacionales. Proyectos de investigación en los cuales ha participado, bien como autor o como coautor, los cuales le han permitido la obtención de prestigiosos premios concedidos por diversos organismos rectores de la actividad científica, en reconocimiento a sus elevados méritos de investigador (Premio CONICIT, Premio FUNDACITE y Premio CONABA, entre otros). Sus más de 75 publicaciones, entre libros y artículos en acreditadas revistas científicas, la mayoría de las cuales dedicadas a analizar de manera detallada y con exigente rigurosidad científica los problemas más angustiantes de la ciencia y la tecnología y de la vida académica universitaria venezolana, dan testimonio de una vida dedicada a la producción intelectual y científica. Dentro de la larga lista de posiciones de administración universitaria ejercidas por Humberto Ruiz Calderón en la Universidad de Los Andes, quiero destacar en esta breve síntesis curricular, los cargos de Director de la Escuela de Educación (1980-1981), de Coordinador General del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT, 2000-2001) y de Vicerrector Académico (2004-2008), los cuales no solo fueron ejercidos a través de una gerencia académica impecable y transparente, sino además con un brillo intelectual muy singular y brindando siempre un importante apoyo a las actividades de investigación, a las de postgrado, a las de extensión e incluso a la actividad editorial, de todas las dependencias académicas de la Universidad de Los Andes sin distinciones de ningún tipo.

Esta Academia de Mérida, corporación multidisplinaria creada por Ley especial y que congrega a creadores en las artes, las ciencias y las humanidades, en atención a sus indiscutibles méritos científicos y académicos, lo incorporó hace algo más de cuatro años como Miembro Correspondiente Estadal. En aquella ocasión su discurso de incorporación versó sobre la historia del libro impreso en la ciudad de Mérida, una de las líneas de investigación más recientes en la cual ha estado trabajando, y constituyó un importante aporte para los estudiosos de una materia como ésta en la cual existe una evidente insuficiencia de recursos documentales limitando los esfuerzos de investigación. Además de su título universitario primigenio de Licenciado en Educación, Humberto Ruiz Calderón posee grados de Maestría en Planificación del Desarrollo en el Area de Ciencia y Tecnología y de Doctor en Estudios del Desarrollo ambos conferidos por el Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, y ambos distinguidos con el conferimiento de Mención de Honor. Además de su excelente formación de cuarto nivel, el Dr. Ruiz Calderón realizó igualmente una Pasantía Postdoctoral en la Universidad de Maryland, Estados Unidos durante un año durante la cual profundizó el alcance de sus investigación sobre el aporte de los becarios en el extranjero, a la modernización del país. Y durante sus recientes años de profesor jubilado, no ha cesado de regalarnos cada cierto tiempo el producto de sus ininterrumpidas inquietudes intelectuales y científicas. Su incorporación a nuestra Academia, a partir de hoy, en condición de Individuo de Número, representa un acontecimiento merecedor del regocijo de todos quienes formamos parte de esta institución, pues, con toda seguridad, su presencia en la misma continuará contribuyendo al crecimiento intelectual y científico de esta corporación.

Dr. Humberto Ruiz Calderón, en nombre de todos los integrantes de esta respetable institución, me permito expresarle: Sea usted nuevamente bienvenido a esta su casa y desde su nueva condición de Numerario, continúe regalándonos el siempre grato presente de su amistad y de sus importantes contribuciones intelectuales.

Buenas tardes y muchas gracias por su atención.

Dr. Rafael Eduardo Solórzano

Individuo de Número, Sillón 11, Academia de Mérida.


Referencias

Gary Becker (1964). Human Capital: Theoretical and Empirical Analysis with Special Reference to Education. Chicago: The University of Chicago Press.

Edward F. Denison (1962a). The Sources of Economic Growth and the Alternatives Before Us. New York.

Edward F. Denison (1962b). El factor Residual y el Crecimiento Económico. Paris.

Edward F. Denison (1962c). Why Growth Rates Differ? . Washington.

Theodore W. Schultz (1960), “Capital Formation by Education”, Journal of Political Economy, 68 (6), The University Chicago Press, Chicago, pp. 571-583.

Robert M. Solow (1956). “A Contribution to the Theory of Economic Growth”, Quarterly Journal of Economics, vol. 70, pp. 65-94.

M. Solow (1957), “Technical Change and the Aggregate Production Function”. Review of Economics and Statistics, vol. 39, pp. 312-320.

J.L. Moreno Becerra (1998), Economía de la Educación. Madrid: Pirámide.

 


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