CORRUPCIÓN: OBSTÁCULO PARA LA DEMOCRACIA Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LA DRA. CHRISTI RANGEL GUERRERO

Por: Dr. Ricardo Gil Otaiza

Presidente de la Academia de Mérida


Cuando leo con detenimiento una de las acepciones que da el Diccionario de la Lengua Española (DRAE) con respecto al vocablo “corrupción”, entra en mi mente una inquietud. Leamos: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.” La inquietud que aflora en mi persona deviene de uno de los principios del pensamiento complejo, el del bucle retroactivo o retroalimentación, introducido por Norbert Wiener. Al respecto nos dice Morin que es romper con la causalidad lineal: “la causa actúa sobre el efecto y el efecto sobre la causa…”. Si la cuestión es como plantea el autor, no sabemos entonces a ciencia cierta si la corrupción actúa sobre la democracia y los Derechos Humanos haciendo que se vengan abajo; o por el contrario: la misma democracia ha sido el caldo de cultivo que ha propiciado este fenómeno que nos hunde en el caos. En otras palabras: no sabemos si ambas nociones filosóficas se han realimentado generando un monstruo de mil cabezas, que ha fagocitado su propio sustrato y a todo lo que le rodea. Complejidad pura dignísimos académicos.

Entretanto, estamos nosotros, la sociedad, que en sus múltiples aristas raciales, políticas, intelectuales, educativas, religiosas y existenciales, ve mermar a pasos agigantados sus horizontes y sus sueños. Están nuestros hijos, que como generación emergente no encuentra otra salida que la diáspora, la huida, como quien sale despavorido frente al horror que se le encima. Sin duda, y me perdonan los aún esperanzados frente a todo este panorama, pero como colectivo hemos fracasado. Como sociedad no supimos (o no quisimos, qué más da) leer y mucho menos interpretar los signos de los tiempos. No supimos echar mano de la hermenéutica como nos la propone Gadamer, para entender, explicar y aplicar lo conocido y que de ese círculo hermenéutico salgamos fortalecidos y dispuestos al cambio.

En contraposición, la corrupción corroe las entrañas de la nación. Pero, amigos, no hablamos de esa corrupción que nos muestra el DRAE desde lo meramente lingüístico, sino que se trata de una noción que va más de la palabra para internarse en el territorio de la psique, de nuestra mente, de nuestra manera de otear y de ver el mundo, para posicionarse de nuestro pensamiento y, por ende, de nuestras acciones. Una corrupción que se hace superlativa cuando horada sin pudor lo más sagrado que tenemos como colectivo y como pueblo: nuestros derechos humanos.

Pero deseo que se me comprenda: como sociedad hemos sido víctimas y también victimarios. El mea culpa no debe ser solo para los agentes políticos (de los bandos encontrados), que han catalizado todos estos procesos que nos han llevado a la ruina. Nuestra cuota de responsabilidad ha sido inmensa y determinante. Por aquello que se nos dice desde la tierna infancia con respecto a la democracia, pero desde una noción opuesta y negadora de toda diferencia y respeto, a las mayorías se nos ha impuesto una camisa de fuerza por parte de las minorías, quienes mediante subterfugios y trampas electorales (y de toda índole) se disfrazan de mayoría para presentarse ante el mundo como respetuosos de la ley y de todo lo que la civilidad establece. Y esto no es otra cosa que la imposición dictatorial y totalitaria. Pero cuidado, de nuevo, esto no cayó del cielo, ya que algunas de las mismas huestes que supuestamente han abanderado al gran pueblo opositor, en algún momento de estas dos décadas se prestaron también al pillaje y al engaño, mermando de esta forma la ilusión y las esperanzas por un giro político y por un cambio. Es decir, estamos entrampados.

Esta tarde la voz autorizada de la Dra. Christi Rangel Guerrero, profesora de la Universidad de Los Andes y Miembro Correspondiente Estadal de la Academia de Mérida, disertará en torno de estas variables. Estoy seguro que su sapiencia y su largo recorrido intelectual nos dará luces en esta hora trágica de la nación. Gracias querida doctora por la oportunidad que nos brinda, y a ustedes por su asistencia y participación.

Buenas tardes.        

Dr. Ricardo Gil Otaiza

Presidente de la Academia de Mérida

 


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