Discurso de Orden: 

Develación del retrato del Dr. Rigoberto Henríquez Vera, en la Galería de Merideños Ilustres

Por. Econ. José Manuel Quintero Strauss


No extenderé en demasía este honor de referirme al homenajeado de hoy, un extraordinario caballero, hombre íntegro, excepcional amigo, maestro de generaciones, político honesto, reconocido académico y demócrata cabal, para dar más facilidad al desarrollo de nuestra Agenda de hoy, que –como pudimos escuchar de voz de nuestro estimado Secretario- incluye –rompiendo un poco nuestro tradicional Protocolo- un muy sentido video que su familia presentará en este Acto. Además la intervención del Sr. Gobernador –quien nos honra con su presencia- nos dará más luces sobre este prohombre a quien hoy reconocemos su trayectoria, pues él y algunos de los presentes conocieron mucho más de cerca que el suscrito a don Rigoberto y pudieron compartir momentos estelares de una ejemplar vida útil.

Aun cuando la invitación formal señala que su retrato, obra del profesor José Gregorio Ramírez Vivas, reconocido pintor jefe de la cátedra de pintura de la Facultad de Arte de nuestra Universidad, sería colocado en un denominado salón de Académicos fallecidos, es de señalar que su ubicación será compartida con eminentes merideños que se nos adelantaron en el camino en el salón de Merideños Ilustres contiguo donde se desarrolla este Acto de justicia.

Nace un 18 de octubre de 1920 en Tovar. Mañana cumpliría 98 años. En un modesto hogar de don Teolindo Henríquez y Carmen Vera quienes fueron ejemplares, comprensivos y generosos con su vasta prole. Un hogar de nueve hermanos.

Su primaria la realiza en su ciudad natal donde fuera futbolista, monaguillo y, a los 12 años, fundador de un periódico infantil. Su bachillerato transcurre en el Liceo Libertador de esta ciudad donde organiza y preside el Centro de Estudiantes. Iniciaba así su actividad política  que se prolongaría por más de seis décadas.

Era el año de 1937 y ya había fundado la Federación de Estudiantes de Venezuela en Mérida y preside la Convención Regional de la misma para el occidente del país que se realizaba en San Cristóbal.

Fundador del PDN  (Partido Democrático Nacional) en 1938 y de Acción Democrática en 1942, del cual fue su primer Secretario General en Mérida.

Primer locutor titulado del estado Mérida con diploma firmado por el entonces Ministro de Comunicaciones Julio Diez con mención “distinguido”, trabajando en la primera emisora de la ciudad “La Voz de la Sierra” donde dirigiera el noticiero Actualidades Venezuela junto a Víctor Olegario Carnevali donde funda la Asociación Venezolana de Periodistas, seccional Mérida. Se gradúa de doctor en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad de Los Andes en 1946.

A raíz de la denominada Revolución de octubre en 1945, se encarga del poder Ejecutivo, siendo nombrado Secretario General de Gobierno, al asumir la Presidencia del Estado Alberto Carnevali. Justo es recordar aquellos hombres que conformaron su primer gabinete, o tren Ejecutivo –como se le suele denominar- Ramón Vicente Casanova, Adolfo Altuve Salas, Eloy Humberto Aguilar, Luis Felipe Barreto, Hernán Paoli, Rafael Bencci,  Jesús Ma. Herrera, Inocente Ramírez, Jesús Moreno Rangel, Armando Alarcón Fernández, Héctor Vargas Acosta, Mauricio Molero entre otros. Bajo la égida de don Rigo llega por primera vez Acción Democrática al poder en tanto que el partido quedaría constituido con Víctor Olegario Carnevali, Euro Mario Fuenmayor y el joven sindicalista Bernardo Aranguren. Como lo refería don Rigoberto,  “nuestra inexperiencia gubernamental era total. Todos éramos, en conjunto, un equipo de hombres jóvenes que por fuerza de las circunstancias habíamos llegado sorpresivamente al poder, sin antecedente alguno en cuestiones administrativas, pero eso sí, con una gran vocación de servicio público y deseos de acertar”. Y aquellos deseos de hacer las cosas bien, se reiteran actualmente, 73 años después y ahora bajo la conducción del gobierno regional de un miembro de aquella organización y discípulo de Rigoberto Henríquez Vera, el gobernador Ramón Guevara.

Debo hacer un breve paréntesis para resaltar la presencia en este acto del Sr. Gobernador, cuestión que la Academia, la familia Henríquez Consalvi y yo particularmente agradecemos, pero también deseo recalcar que una vez me fuera encomendada la tarea de organizar este homenaje, Ramón Guevara no dudó un momento en participar en él no solamente con su presencia y la de su Gabinete sino aceptando con entusiasmo colaborar directamente en ofrendar el retrato de Rigoberto Henríquez que engalanará este recinto. De veras lo reconozco pues es una señal del compromiso solidario, del afecto y la lealtad hacia el hombre y sus Instituciones.

Don Rigo contrae matrimonio un 29 de diciembre de 1945 con la hermosa y distinguida tovareña María Cristina Consalvi Botaro su inseparable compañera y de cuya unión nacieron Carlos Eduardo, Leonardo, Katyna y Luisana “los dos primeros, víctimas inocentes de la implacable persecución padecida; y las dos últimas adorables frutos de la libertad” a decir de él mismo.

Diputado ante la Asamblea Nacional Constituyente de 1947. Durante la dictadura militar de 1948 a 1958, padeció persecución política, cárcel, confinamiento y destierro. Y todo por sus indoblegables principios democráticos: fue expulsado dos veces del país, transcurriendo su exilio en Cuba y México y dos veces entró clandestinamente a Venezuela para formar parte de la resistencia contra la tiranía, habiendo sido en 1953 Secretario General nacional del partido Acción Democrática.

Parlamentario en 1948, 58, 63, 68 y 73. Gobernador del estado Mérida entre 1974-79.

Embajador en España, México y Chile.

Desde que asumió la gobernación implantó un propio estilo de conducta y en este sentido antes de ir al Despacho de la Casa de gobierno, entre las 7 y 8 de la mañana, recorría a pié determinados sectores de la ciudad, a modo de poder enterarse de la marcha de los trabajos públicos y poder escuchar a los ciudadanos que de manera sencilla, hacían sus planteamientos y solicitudes sobre diversos temas.

Mantuvo las más cordiales relaciones con el sector universitario y con la Iglesia. Las residencias Domingo Salazar fueron edificadas en su administración; y en vialidad urbana le correspondió construir las avenidas Los Próceres, las Américas, Alberto Carnevali, Mariano Picón Salas, la Humberto Tejera en Sta. Juana, la Pedregosa norte, el viaducto Miranda así como la Urb. Carabobo, el Complejo Universitario La Hechicera, Ciclos básicos en las más importantes poblaciones de la geografía regional, el parque de las Heroínas, el gimnasio 9 de octubre, entre muchas otras. Destaca el haber puesto en funcionamiento más de 300 escuelas en todo el estado.

En su época se diseñó y construyó la Casa de los Gobernadores y se adquirió el edificio de los Tribunales. Crea la brigada policial femenina e incorpora al Cuerpo de Bomberos como ente del Estado. Hoy intervenido por capricho del gobierno Nacional cuando estaba retomando el impulso y categoría que siempre debió tener y dos de sus integrantes injustamente encarcelados.

En fin, durante los cinco años de gobierno en cada región del estado, por más distante que fuera, quedó la huella tangible de su preocupación como gobernante, plasmada en obras y realizaciones de interés colectivo.

Ejerció con pulcritud administrativa, con dinamismo y dedicación. Gobernó sin arrogancias, sin poses de autosuficiencia, sin sectarismos excluyentes, con mano amplia y tendida a todos.

Dentro de su vasta obra literaria destacan Tejera el desterrado,  Molde heroico, Símbolos de la Resistencia, Cultores y forjadores merideños y su autobiografía de la Tiranía a la democracia, entre muchos otros.

Director de los semanarios Atalaya, Combate, del diario La Tarde en Caracas y columnista de El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias y el Diario de Caracas. Aquí en Mérida mantuvo ininterrumpidamente en la prensa regional  su famosa columna bajo el seudónimo de Juan Cerrada.

Una columna interdiaria en el diario Frontera, mantenida durante más de 5 años. Crónicas sobre el quehacer político del país, sobre acontecimientos cotidianos, temas históricos, sociales o culturales. Sin faltar –como él lo afirmaba- la crónica amable o picaresca para exaltar la figura de las gentes más representativas  de Mérida, o el comentario oportuno sobre hechos de repercusión nacional o internacional. Aquel Coronel Cerrada –como se identificaba el autor- gozó de numerosos y consecuentes lectores y dio lugar a que otro merideño (u otros merideños) utilizar el seudónimo de Juan Gaviria, para polemizar sobre algunos de los planteamientos de Rigoberto, particularmente en el campo político. Se repetía entonces, en el campo del periodismo merideño, la antigua controversia lugareña entre los Gaviria y los Cerrada, originada desde los propios momentos de la histórica fundación de la ciudad de Mérida.

Don Rigo –como le decíamos coloquialmente-  le rindió culto a la amistad y se hizo acreedor del aprecio de los más diversos sectores de la sociedad merideña. De fino trato social, orador elocuente, escritor combativo. Numerosas condecoraciones regionales, nacionales y extranjeras avalan su ejemplar conducta.

Mantuve con nuestro homenajeado una estrecha amistad cultivada con ahínco durante las dos últimas décadas. Sucede que había trabajado con mi padre en La Voz de la Sierra, fue testigo de su boda y me correspondió ejercer el cargo de Consejero en la Embajada de Venezuela en México, siendo éste Embajador. Siempre le visitaba allá en su quinta Atalaya en Las Tapias o en su solariega casa en Belensate. Allí coincidía con José Mendoza Angulo y Cecilia, con Nancy Sardi, con Alfonso Hernández Cáceres o un Luis Rangel entre muchos pero muchos merideños que son testigos de excepción de que Mérida estuvo siempre presente en el pensamiento de don Rigo en Madrid, en Santiago de Chile o en ciudad de México. Contribuyó al hermanamiento de las Méridas del Mundo. A establecer Consulados honorarios de Venezuela en ciudades afines a la nuestra. Pude haberlo acompañado en sus funciones en Chile –su último cargo de responsabilidad administrativa- pero ya mis hijos comenzaban bachillerato en esta ciudad y ya había permanecido casi 20 años fuera de mi terruño.

Anécdota desde Mèxico y Fray Ramos de Lora.

Antes de posesionarse como embajador ante el gobierno de México, vino a Mérida a visitar amigos y familiares. Aquí mantuvo larga conversación con el Arzobispo Baltazar Porras, quien le informó sobre el hallazgo en el Convento de San Fernando en ciudad de México de un óleo, tamaño natural, de fines del siglo XVIII del creador de nuestra Universidad de Los Andes –fray Ramos de Lora- y las diligencias que –hasta que hasta la fecha- habíamos realizado tanto en México como en la santa Sede para examinar la posibilidad de trasladarlo a Mérida, pues era el único retrato con su auténtico rostro. Los que había en la ciudad era producto del imaginario del artista creador. No había relaciones diplomáticas  entre la Santa Sede y México, lo que dificultaba nuestra tarea y todos los bienes dela Iglesia eran administrados por el Gobierno mexicano. Estábamos agotando todas las vías.

Al llegar a México me encomendó continuar con esta tarea.

Sucede que en México –al igual que en otros países- se espera congregar un determinado número de Embajadores para que en un solo Acto presenten sus cartas credenciales al Presidente, con quien es difícil –bastante difícil sostener una entrevista (aun pidiéndola oficialmente), para eso está el Canciller señala la Cancillería de Tlatelolco y se me ocurrió plantearle la posibilidad de que al momento de presentar al Presidente las Cartas que lo acreditaban como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Venezuela en México. Tenía cerca de tres meses esperando aquel momento. Pero el embajador me comentó que tenía que aprovechar el momento (el protocolo estipula un máximo de ocho minutos de conversación con el Presidente) para otros temas de particular interés para el gobierno, como lo era la Paz en Centroamérica, el grupo Contadora y vigorizar el Acuerdo de San José que suministraba petróleo al Caribe.

Pues bien, ello no fue obstáculo para que buscáramos alguna idea relacionada con aquel momento; bien sabíamos que otra oportunidad estaba muy lejana. Y un sábado, en su residencia en Lomas de Chapultepec, se nos ocurrió lo siguiente: prepararíamos una Nota dirigida al Sr Presidente (Carlos Salinas de Gortari) donde en forma breve y concisa le hacíamos conocer la situación del cuadro de Ramos de Lora, lo que significaba para Mérida, para la Iglesia y para la Universidad disponer, aunque fuera en calidad de préstamo del auténtico rostro de Fray Juan Ramos de Lora. Y entonces el día de la presentación de las Cartas Credenciales, al finalizar la conversación-el director del Protocolo hace su acostumbrada seña- Don Rigo sacó de su bolsillo aquella misiva indicándole que era un particular pedimento del Gobierno Nacional y que aquellos contribuiría a incrementar las siempre excelentes relaciones que existía entre el gobierno de México y Venezuela, además que el Presidente de la República, Mérida y sus Instituciones le estarían sumamente agradecidos.

Cuál no sería nuestra sorpresa que a la semana siguiente recibimos una comunicación indicándonos que deberíamos ponernos en contacto con un Delegado presidencial para iniciar el proceso correspondiente. México restauró el cuadro y después de un largo periplo  lo trajimos a Mérida justo al conmemorarse los 200 años del fallecimiento del  fraile sevillano.

Allí estuvo algunos años en el denominado Salón Rojo. Hoy una réplica exacta del mismo, obra de Francisco La Cruz está allí.

Una clara muestra del empeño y su querencia hacia nuestra Mérida Serrana y cumplir el compromiso asumido ante el hoy Cardenal Porras Cardozo

He aquí, Sr presidente, Sr gobernador, estimados amigos una brevísima semblanza de un hombre sencillo y cordial, por el que mi familia y yo sentimos afecto y agradecimiento.

Su gran amigo, el distinguido médico José Humberto Ocariz nos dice. “Siempre ha sido metódico, disciplinado y consecuente y buena prueba de ello, aparte de su vida familiar y pública es la obra literaria que nos ha venido ofreciendo. Con los justos provechos de una vida familiar, social, política y literaria más que satisfactoria, creo que oportunamente Rigoberto le hizo a Apolo el pedimento que nos cita Horacio “Oh Apolo, te ruego me concedas disfrutar lo que tengo, conservar mi salud y mi lucidez y pasar una vejez que no sea indigna ni extraña a la lira” y fue merecidamente complacido.

Para concluir permítanme hacer una reflexión final:

Ante los ventisqueros que atentan contra buena parte de las Instituciones e todos sus niveles, que van en claro perjuicio particularmente de la Cultura (claro ejemplo es esta Academia que ha tenido que recurrir a sus miembros para su sostenimiento, a pesar de los esfuerzos del ejecutivo regional), vientos contra la Autonomía universitaria, contra la auténtica Democracia, en fin contra la LIBERTAD, es aunar nuestros esfuerzos sinceros en reforzar puertas y ventanas que la protejan ante nuevos chubascos y los temporales que se nos avecinan.

Los invito a echar por encima de la balanza, aquella conquistada y consolidada libertad que disfrutábamos y por la que tanto luchó don Rigoberto.

Si hubiese alguien que todavía considere que no alcanza el peso suficiente, le contestaré con las palabras de los espartanos Spertias y Bulis al sátrapa persa Idarnes, que les aconsejaba entregarse:

“Idarnes, el consejo que nos diste no está bien sopesado de los dos lados, pues es que de las dos cosas, una tú la conoces, la otra no. Tú sabes lo que significa ser esclavo, pero aún jamás  saboreaste la libertad y no sabes cuanto ella es dulce. Si tu la hubieses probado, nos aconsejarías de pelearnos por ella no solo con las lanzas y las hachas, sino también con los dientes y las garras”

El silencio puede ser cómplice gratuito en los graves momentos en que vive la Patria.

Y esta lucha por la libertad, es el mayor homenaje que pudiéramos rendirle a Rigoberto Henríquez Vera. Un hacedor de nuestra Mérida, de aquellos que forjaron la ciudad y Mérida no debe silenciar a sus hombres esclarecidos.

Honor al amigo, al académico, al demócrata

Buenas tardes

Econ. José Manuel Quintero Strauss

Individuo de Número de la Academia de Mérida, Sillón No. 12


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: